"El mundo se enfrenta a la que podría "la crisis energética más grave de la historia" debido al bloqueo de Ormuz ha advertido esta semana el comisario europeo de Energía. Las economías domésticas ya saben que este riesgo se traduce en sobrecostes en la factura energética
De momento, España es uno de los países europeos donde menos ha aumentado el precio de la electricidad desde el inicio del conflicto en Oriente Próximo gracias a las medidas fiscales de Gobierno y el peso de las energías limpias, "Las renovables están protegiendo a nuestros ciudadanos ante la inflación y la perdida de poder adquisitivo por esta crisis, Avanzar de forma decidida en la electrificación nos permitirá aprovechar todo el potencial de la energía barata y autóctona que nos proporcionan las renovables", dice José Donoso, director general de la Unión Española Fotovoltaica (UNEF)
Esto solo va a ser posible si se logra impulsar el autoconsumo colectivo, especialmente en edificios de viviendas, el gran reto pendiente y el principal cuello de botella de la transición energética. El potenciales inmenso, puesto que más del 70% de la población vive en edificios plurifamiliares con un enorme potencial para albergar instalaciones fotovoltaicas.
El autoconsumo a secas ha crecido mucho en España: se ha multiplicada por más de tres en potencia desde 2021, aunque el ritmo se ha ralentizado, "Hay varios aspectos que han impactado, como el fin de las ayudas a las placas solares individuales y el hecho de que de que no todos los tejados tienen suficiente superficie y están bien orientados", comenta Carlos Pesque, director del área de Energía y Personas de ECODES, En 2025 se instalaron 1.139 megavatio, un 3,7% menos que en 2024, de acuerdo con UNEF.
Si se pone la lupa en las viviendas, 36,330 nuevos hogares colocaron autoconsumo. Sin embargo la mayoría fue individual. Es decir, el autoabastecimiento colectivo sigue siendo menos del 1% del total, según CNMC, ese escollo es el Gobierno español busca salvar con el nuevo Real Decreto ley 7/2026, en vigor desde el 21 de marzo, que introduce cambios esenciales para fomentar el autoconsumo y las comunidades energéticas.
Uno es ampliar la distancia máxima entre la instalación de generación y los puntos de consumo, pasando de dos a cinco kilómetros. lo que permitirá que comunidades de vecinos sin cubierta propia o edificios antiguos o protegidos puedan compartir energía producida en otro edificio cercano. Además, se crea la figura del gestor de autoconsumo, una persona o entidad que puede representar a los participantes ante distribuidoras y comercializaras para reducir la complejidad administrativa. También se introducen deducciones en el IRPF de 2026 a las instalaciones de autoconsumo de hasta el 20%, recuerdan en el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), que ha lanzado varias líneas de ayudas, entre ellas una dotada con 2.085 millones, por la que han movilizado más de 230.000 actuaciones y se han sumado más de 2 GW de potencia de autoconsumo residencial. "Esperamos que cambios normativos facilites su tramitación", dice Donoso, que también espera que el Gobierno apruebe este verano el real decreto que desarrollará el autoconsumo colectivo y el almacenamiento distributivo. Y añade: "Es necesario encontrar fórmulas que maximicen el beneficio para todos los vecinos, como son los coeficiente dinámicos, aún no incluido en la normativa".
El autoconsumo en pisos permite importantes ahorros en la factura. Lo saben los residentes de una mancomunidad en la ciudad de Madrid que tienen una instalación fotovoltaica que abastece sus zonas comunes por su simplicidad, pero actualmente la mayoría de instalaciones están diseñas para abastecer también a los pisos. Esto maximiza el beneficio económico y energético del sistema, al repartir la energía entre todos los participantes, cuenta Jan Cabutí, responsable técnico de instalaciones fotovoltaicas de Besana Energy, que ha desarrollado más de 30 proyectos.
Esta comunidad tenía contadores de luz comunitarios que sumaban un consumo de 100.000 kilovatio hora anuales. La inversión fue de 45.000 repartió cubrir el 38% del consumo eléctrico. "La comunidad está ahorrando 10.5000 euros, que se repartió entre 248 vecinos, es decir, 181 euros por cada uno. La instalación permitió cubrir el 38% del consumo de la electricidad al año", dice Cabutí. El experto ha observado un aumento del interés por parte de propietarios, administradores de fincas y también promotores inmobiliarios. El ahorro es el principal reclamo: las placas pueden cubrir alrededor del 40% del gasto eléctrico de las zonas comunes y, para los vecinos que participan, entre un 20% y un 40% de su consumo anual si se les asigna al menos 1 kWp de potencia solar.
El IDAE ha elaborado una guía para explicar a los vecinos qué pasos han de dar: "Lo primero es ver si hay espacio adecuado y apoyo suficiente, de mayoría simple para autoconsumo en los elementos comunes del edificio y el apoyo de un tercio de los propietarios si es para suministrar electricidad a las viviendas", indican en el instituto.
Un paso más ambicioso
El cambio con el real decreto ley no acaba ahí. Con el impulso decisivo al autoconsumo colectivo se está fomentando la expansión de comunidades energéticas en España. La mayor parte de ellas comienzan con un autoabastecimiento compartido y, posteriormente, pasan a realizar otras actividades relacionadas con el proceso transición energética, como eficiencia energética, movilidad sostenible o sistemas de almacenamiento. "Pero no hay que confundir un autoconsumo colectivo con una comunidad energética", afirma Donoso. Esta última es una entidad jurídica basada en la participación abierta, voluntaria y democrática de ciudadano, pymes y ayuntamientos.