El primer Atlas de la Pobreza Energética de España, elaborado por investigadores del Basque Centre for Climate Change (BC3), permite explorar barrio a barrio las facturas energéticas domésticas. El objetivo que se han marcado los autores de esta herramienta es ayudar a la identificación de los barrios más vulnerables, aquellos cuyas familias tienen más dificultades para hacer frente a las necesidades que dependen del consumo energético, como calentar o refrigerar el hogar. Buscan con ello asistir a las administradores en las políticas de ayudas contra este tipo de pobreza.
Si se atiende solo a las facturas de electricidad, gas y otro combustibles, el atlas muestra una clara distribución geográfica donde las condiciones meteorológicas son el mayor condicionante. En términos absolutos, el gasto más elevado se concentra en la zona centro-norte peninsular, con unas necesidades de calefacción mayores. Pero los investigadores han cruzado esos datos con los de las rentas familiares para calcular lo que denominan la carga energética, es decir, la proporción del ingreso neto de un hogar destinado al pago de la energía. Y la historia entonces cambia mucho.
El gasto medio anual de la factura energética doméstica asciende a 763 euros por hogar en España. Aunque 12,9 millones de habitantes (más del 25% de la población española) pagan más de 800 euros. En los extremos, el mínimo se sitúa 345 euros, mientras que el máximo alcanzó los 1.783 euros en una de Madrid.
Pero el mayor valor de esta herramienta surge cuando se cruzan los datos con lo de los ingresos en los hogares, partiendo de la Encuesta de Condiciones de Vida, del INE. Así calculan los investigadores la carga energética barrio a barrio, que dibuja un mapa de España distinto en el que diferencias territoriales motivadas por el clima se diluyen. Este indicador "capta menor dónde las facturas suponen un esfuerzo relativo más elevado y, por tanto, por tanto, dónde más probabilidad de sufrir pobreza energética", explican los investigadores en el informe, donde se detallan las principales conclusiones que se pueden extraer de un atlas impulsado por el Observatorio de la Transición Energética y la Acción Climático del BC3 con el apoyo de la European Climate Foundation.
"Nos muestra la capacidad de pago de los hogares", resume Manual Tomás. el investigador al frente de los trabajos para elaborar esta herramienta.La media española de carga energética de los domicilios es del 3,6%. Con los datos que aporta el atlas, se puede concluir que 10,5 millones de personas en el país (ceca del 22% de la población española) están por encima del 4%. Además, 1,3millones de ciudadanos (el 2,7% de los habitantes) están en lo que podría considerar la zona roja, con una superior al 5,5%, y se llega a superar 9% de las zonas más vulnerables.
"Sabíamos que la pobreza energética existía, pero no siempre dónde se concentraba". añade Tomás. "La idea es usarlo para ayudar a la gente que trabaja sobre el terreno, porque permitir a las autoridades locales focalizar mejor las ayudas a la población", añade ese investigador. Se trataría de pasar a usar un bisturí en lugar de un mazo en la lucha contra la pobreza energética.
Combatir este problema. como resalta Mikel Gonzàlez-Equino, director del Observatorio de la Transición Energética, no solo tiene efectos positivos en cuanto a la justicia social sino también en lucha contra el cambio climático. Por ejemplo, mejorar en la eficiencia energética de los edificios para que las facturas sean menores redunda en menos menos emisiones de efecto invernadero. "Las políticas de rehabilitación ayudan tanto a la pobreza energética como al clima", resume González- Eguino,
El indicador de carga energética suaviza buena parte de los contrastes territoriales observados solo con el gasto, ya que "las diferencias de ingresos compensan parcialmente las diferencias climáticas", explican los autores. Entonces, emergen las verdaderas desigualdades, que se dan dentro de cada ciudad. "La carga energética muestra una heterogeneidad intraurbana notable, con contrastes entre secciones y patrones de concentración especial de la vulnerabilidad", señala el informe.
"Los mapas muestran un patrón en el las secciones con cargas energéticas más elevadas tienden a concentrarse en áreas más periféricas y, a menudo, en barrios de menor renta", añaden. "En estas zonas, el parque residencial puede presentar peores características en términos de antigüedad, eficiencia térmica o tipología de vivienda, lo que incrementa el gasto y el consumo energético necesarios para alcanzar un nivel de confort térmico adecuado en los hogares", añaden.
Si se observan los datos por ciudades y no barrio a barrio, en las dos mayores urbes del país, Madrid y Barcelona, se dan facturas energéticas medias elevadas -- 546 y 538 euros respectivamente por unidad de consumo equivalente --, pero también tienen niveles de ingresos medios más altos, lo que hace que la carga energética media de sus secciones (3,16% y 2,96%, respectivamente) no se sitúe entre las más altas de las grandes ciudades,
En el lado opuesto se sitúan ciudades con menores ingresos, como Albacete, donde la carga energética media de las secciones es más elevada. Tomás explica que que el caso de esta refleja bien lo que ocurre tanto en Castilla-La Mancha como en Castilla y León, zonas con "rentas medias más bajas" y que tienen "una vulnerabilidad energética más alta" al ser regiones de interior con más necesidades de calefacción que en "las zonas costeras del país se ven suavizadas".
En cualquier caso, los datos comparados entre las grandes ciudades no muestran diferencias extremas. Porque, como insisten los investigadores, lo que hay es una "gran heterogeneidad intramunicipal", con grandes diferencia entre secciones censales. (Fuente: El PAÍS. 23 de mayo de 2026)
No me parece adecuado que los investigadores terminen su trabajo afirmando que han encontrado una "gran heterogeneidad intramunicipal". Desde mi punto de vista, deberían estudiar como se podría terminar con esa diferencia entre los distintos municipios. Al fin y al cabo todos los españoles somos iguales. Debemos evitar esa desigualad energética. Es nuestra obligación: " garantizar el acceso a una energía asequible, segura, sostenible y moderna para todos".
linverucha