La epidemia de ébola en África no es una más de las que el continente ha sufrido desde hace medio siglo. La especie actual de este agente mortífero, llamada Bundibugyo, tiene una mayor capacidad de propagación que las anteriores y no solo se ha expandido por la República Democrática del Congo (RDC), foco del brote, sino que ha exportado el virus a Uganda, Kenia y Nigeria. Los casi 10.000 casos confirmados desde mayo, con más 5.000 muertes, revelan las deficiencias en la detección temprana del virus y en el acceso a la atención sanitaria.
Los países occidentales solo se acuerdan del ébola cuando alguna persona contagiada a sus aeropuertos desde la región africana afectada, pero la probabilidad de que esos generen una epidemia en Europa es ínfima.La verdadera crisis está en África, es más seria de lo habitual y demanda a gritos que los países ricos presten mucho mucho apoyo a los precarios sistemas sanitarios africanos. La verdadera crisis está en África, es más sería de la habitual y demanda a gritos que los países ricos presten mucho más apoyo a los precario sistemas sanitarios africanos. Por desgracia, corren malos tiempos para la colaboración humanitaria internacional, sobre todo desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca y el desmantelamiento de la Agencia de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y su aversión manifiesta a la ONU y a todo atisbo de multilateralismo. Con todo, Kenia, Nigeria y Uganda han manejado sus casos importados desde Congo. Los han detectado deprisa, han hecho un seguimiento meticuloso de sus contactos durante el viaje y han evitado que se convirtieran en brotes. La situación es mucho peor en la República Democrática del Congo desde la especie Bundibugyo ha escapado de control por completo. El país estaba relativamente bien preparado para detectar un brote de ébola de la especie Zaire, la más habitual desde que el virus se descubrió eh los años setenta. Pero la Bundibugyo causa un cuadro sintomático que se confundir con otras enfermedades, y además se propaga de forma más rápida y eficaz.
Cerrar las fronteras a la República Democrática del Congo sería contraproducente porque impediría el comercio y empobrecería aún más a la región. La OMS no lo recomienda. El control epidémico debe coordinarse mejor entre países, y los sistemas de vigilancia y preparación tienen que reforzarse. la detección rápida es fundamental. De momento no hay vacuna, ni tampoco tratamientos específicos contra esta variante. La estructura política del país es compleja, y las comunidades no siempre confían en la autoridad sanitaria. Se desconoce el reservorio natural de este virus, que puede ser distinto de murciélagos sospechosos de preservar la especie Zaire brote y brote. Todo esto requiere investigación y recursos humanos. Mientras Washington persista con sus irresponsables recortes a la ayuda internacional. Europa debería suplir las penosas carencias emanadas de la Casa Blanca.Menos quejas y más euros. (Fuente: EL PAÍS. 3 de noviembre de 2026)
Tanto la Casa Blanca como Europa han olvidado, si se consideran verdaderos seres humanos -- que lamento decir que ahora no lo son-- deben "garantizar una vida sana y promover el bienestar en todas las edades". (ODS 3)