El Consejo de Ministros aprobará previsiblemente mañana un real decreto para una alimentación saludable en hospitales, centros residenciales y escuelas infantiles de 0 a 33 años, tanto de titularidad pública como privada, así como en bibliotecas, universidades y museos públicos. El texto, impulsado por Consumo. limita la presencia de frituras y alimento precocinados en las comidas que se sirven en estos centros, y establece una mayor presencia de frutas y verduras de temporada y ecológicas. En el caso de niños y adolescentes va más allá: prohíbe que hospitales y escuelas infantiles sirvan alimentos muy muy grasientos, azucarados o salados. Además, las máquinas expendedoras de todos estos espacios deberán incluir un 70% productos sanos.
La norma, impulsada por Pablo Bustinduy, ministro de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, limita a un máximo de tres raciones al mes los platos precocinados en hospitales y residencias de mayores o de personas dependientes. En el caso de los menús que se sirven en hospitales dirigidos a menores de edad, la limitación es mayor, y solo podrá ser una ración al mes, que es la misma frecuencia prevista para las escuelas infantiles de 0 a 3 años.
La nueva regulación, que entrará en vigor un año después de su próxima publicación en el BOE, restringe las frituras en centros residenciales y hospitales a dos raciones semanales, lo que se extiende a las escuelas de o a 3 años. Centros hospitalarios y escuelas infantiles deberán, además, excluir por completo los alimentos contenido en grasas, azúcares o sales añadidas. Se marcan unos umbrales máximos en calorías, grasas saturada, azucares y sales que, en la práctica, impiden servir ultraprocesados.
La normativa establece también una mayor cantidad de frutas y de hortalizas, cuya presencia deberá ser diaria en pos primeros platos, guarniciones, ensaladas y postres: si hay tres comidas, deberá haber al menos tres raciones al día de hortalizas y de dos o a tres raciones diarias de fruta. Además, el 90% de las frutas y el 30% de las hortalizas deberán ser frescas y de temporada, y al menos el 10% de ellas debe proceder de productores locales. El 25% del gasto debe destinarse a la producción ecológica, que no usa químicos --durante los cuatro primeros años ese porcentaje se reduce al 10% para facilitar la transición --.
Mientras, los menús de estos centro incluirán más legumbres, pescados y alimentos integrales deberá ofertarse al menos dos raciones a la semana de pescado como plata principal en los menús de día, alternando entre pescado y pescado azul. y al menos uno cada semana elaborado proteínas vegetales (como las legumbres). En aquellos elaborado a base cereales --como pan, arroz o pasta--, al menos el 50% de la oferta semanal en menús diarios deberá ser obligatoriamente de variedades integrales. Se pide además priorizar los cereales enteros e integrales y minimizar el consumo de harina refinadas.
La norma señala que las comidas que sirvan en estos centros deben estar supervisadas por profesionales con formación acreditada en nutrición humana y dietética, una petición histórica de los nutricionista. Además, propone apostar por las cocinas propias en los centros --en un contexto en el que cada vez más prefieren encargar comida precocinada--.
Otro de los cambios más llamativos tiene que ver con la transformación que sufrirán las máquinas de vending (o expendedoras de los centros hospitalarios, residencias y todos los centros públicos, donde al menos un 70% de los alimentos y bebidas que ofrezcan deberán ser saludables y exponerse en las filas centrales y de mayor visibilidad. Entre ese 70% se incluyen fruta fresca, hortalizas frescas, frutos secos, leche. panes bocadillos elaborados con vegetales, productos lácteos, huevos, pescado o carnes blancas de ave y conejo, zumos de frutas y hortalizas, yogures, sopas y cremas vegetales frías y bebidas vegetales sin azucares añadidos. (Fuente: El PAÍS, 2 de noviembre de 2026)
En la Agenda 2030, el Objetivo de Desarrollo Sostenible 2, entre otras menciona la necesidad de "mejorar la nutrición".