Se trata de un artículo publicado 17 de agosto de este año en EL PAÍS y escrito por Sergio C. Fanjul.
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Pueden acusarle a usted de buenista o de naif, Pensar en el bien común no está de moda.La especie humana atraviesa tiempos de guerra, odio y división, y un nutrido menú de amenazas existenciales hace el futuro temible.En esta desesperanza, algunos de sus gobernantes y empresarios más poderosos del planeta se asemejan a villanos de ficción que a los héroes que nos hicieron soñar privilegian el poder desmedido y la fuerza bruta frente a la negociación. la cooperación y las reglas compartidas. El bien cotizado a la baja.
"La manera de salir de todas las amenazas y retos que se retos que y retos que se nos presentan será haciendo más cosas juntos y comprometiéndonos con una vida en común y más cohesionada. No queda otra alternativa", dice el politólogo Jorge Tamames. Si vuelve Dios y los pantalones de campana ¿ por qué no va a volver la ética? Ya hay quien se preocupa por ello. Es posible, dicen, hacer el bien, dentro de las empresas, en trabajo de cada uno o. como veremos, estableciendo un servicio de cooperación social obligatorio. Varios ensayos recientes reivindican que la ética no es una reliquia. sino una necesidad política y social. Se trata de recuperas el discurso en tiempos de cinismo, ironía,competición ... y hasta malismo.
El filósofo alemán Markus Gabrel no es revolucionario: no quiere derrumbar el sistema como tantas veces se intentó para empeorar las cosas. sino conseguir un capitalismo ético (no cree que eso sea un oximoron) en el que "el negocio de los negocios sea hacer el bien", Es decir, no se trata de que humanidad entre en una especie de modo angelical donde todo el mundo obre de manera virtuosa, sino de lograr una organización del mundo que haga que el bien sea rentable. Gabriel propone, nada menos, que una Nueva Ilustración basada en estos principios.
Eso se lee en su libro Hacer el bien. Cómo el capitalismo ético puede crear un nuevo contrato social (Pasado & Presente), que sigue la senda de obras anteriores como Ética para tiempos oscuros. "Necesitamos una nueva ética (...) cuya función sea regular al alza nuestra economía para que satisfaga las necesidades humanas reales y las de sociedades futuras moralmente más progresistas". , escribe Gabriel. Es lo llama la reconciliación del valor moral y económico, en la que mucho que decir la regulación estatal coercitiva (y no la bondad por arte de magia, pero también la autoregulación de las empresas. En algunos momentos recuerda al Green New Deal, que propone hacer de la lucha contra el cambio climático un motor económico.
Luego, en el sistema capitalista, hay "trabajos de mierda", como acuñó con mucho éxito el antropólogo anarquista David Graeber, en referencia a esos muy bien pagado, con nombres rimbombantes, prestigiosos y deseados ... pero que no aportan nada a la sociedad. Se basaba en una encuesta elaborada por YouGov en Estados Unidos en 2015 en la que el 37% de los encuestados afirmaban que su trabajo no hacía ninguna contribución significativa al mundo.
El ensayista neerlandes Rutger Bregman, en Ambicion moral (Península) se enfoca en la cantidad de personas inteligentes y preparadas, que están desperdiciado su talento en busca de la riqueza o el prestigio -- a veces haciendo el mal --- cuando podrían contribuir a hacer un mundo mejor. Si Markus Gabrie expone cómo las empresas pueden obtener beneficios haciendo el bien --el capitalismo ético -- , Bregman lo traslada a nuestra actividad laboral y cotidiana: también, podemos algo así como éxito laboral ético. No basta con ser bueno en la vida privada; podemos trabajar en el bien, algo que, según el escritor, no abunda en sectores como la banca, el marketing, la consultoría o la tecnología.
El politólogo Jorge Tamames. en Algo que hicimos juntos (Círculo de Bellas Artes/ Lengua deTrapo), parte de una pregunta sencilla: "¿Cuándo fue la última vezz que hiciste algo útil y valioso por los demás?". Inspirado en cosas tan dispares como la ciencia ficción de Ursula K. Leguin o el ensayo El amanecer de todo, de David Graedo y David Wendrow, y partiendo de su pregunta inicial, aboga por un "servicio civil universal obligatorio --mediante el que la ciudadanía de a pie puede afrontar los cuidados colectivos o la crisis ambiental.
EL planteamiento de Tamames no difiere mucho de los trabajos vecinales que se hacían en los pueblos. En su texto no obvia las posibles objeciones que se le harían, desde el rechazado a la obligatoriedad hasta el calificativo de "mili woke·", pasando por las crítica desde la izquierda, que podría ver una sustitución del Estado de bienestar. A todas responde. "Creo que el tono general de la época es bastante optimista, quise escribir en un registro algo más utópico, aunque también pragmático y realista", dice. nío en vano el libro ganó el premio Utopías que caben en el BOE, que busca eso mismo; utopías que se puedan aterrizar en nuestro día a día.
Tal vez el ánimo social sea el contrario: el malismo que el artista Mauro Entrialgo describió en el Malismo (Caiitán Swing, 2024). "Se trata de una estrategía de comunicación que consiste en confesar deseos o actos que tradicionalmente habrían sido reprobables con el fin de conseguir algún tipo de beneficio", define el autor.
Hay malismo de distintos grados desde el nombre de los bares "canallistas" y los jurados severos en los talent shows hasta las bandas de trolls en las redes sociales (perfecto caldo de cultivo del malismo). pasando. sobre todo. por la actitud de ciertos gobernantes que se vanagloria de comportamientos poco éticos, como no hacer "nada" para facilitar al acco a la vivienda o desmantelas a la fuerza campamentos de personas sin hogar. No en vano muchos de los grandes personajes de los productos audiovisuales del sigloa XXI no son los héroes sino los villanos: tal vez de ahí salga el fervor malista.
Puede pensarse que estas iniciativas por el bien común, a pesar de su voluntad pragmática, son absurdas en un mundo superindividualista. desnortado y malista, pero quizá la verdadera ingenuidad consista en creer que los grandes problemas de nuestros tiempo se resolverán sin una renovada idea de común. (Fuente: El PAÍS, 17 de agosto de 2026)
Varios autores proponen un giro ético e ideas para, sin caer en la ingenuidad y sea tachados de buenistas, transformar la sociedad y construir una vida mejor.