Shigemitsu Tanaka, copresidente de de Nihon Hidankyo, organización que recibió el Premio Nobel de la Paz en 2024, saca de un bolso una toalla pequeña de color crema, la
despliega con cuidado y muestra una especie de piedra aplanada
negruzca. “No es una piedra, es un pedazo de teja de un tejado de Nagasaki.
En tres segundos, quedó así. Imagínate el efecto que la explosión
nuclear tuvo en los seres humanos”, explica este japonés de 84 años,
superviviente de la bomba atómica, en una entrevista con el periódico
El País en Madrid.
En su bolso también lleva imágenes de niños carbonizados que tuvieron
peor suerte que él solo por vivir más cerca del epicentro del desastre,
fotografías de edificios afectados y múltiples documentos. Tanaka llevó
una vida ordinaria hasta el año 2000, cuando sufrió un infarto y comenzó
su militancia en Nihon Hidankyo, organización formada en 1956 por hibakusha, los supervivientes de la bomba atómica de Hiroshima y Nagasaki. La institución fue galardonada con el Premio Nobel de la Paz del 2024
“por sus esfuerzos para lograr un mundo libre de armas nucleares y por
demostrar con testimonio de testigos que las armas nucleares no deben
volver a utilizarse nunca”. Las lágrimas de de este anciano
al enterarse de la noticia dieron la vuelta al mundo. “Todo cambió ese
día, el mundo entero supo que existíamos”, explica el hombre, que
recogió el galardón el pasado diciembre en nombre de la organización.
Desde hace 25 años, este hombre ayuda a inspeccionar lugares y a extraer
muestras del terreno para seguir analizando los efectos de la mortífera
explosión. También da charlas y hace visitas guiadas para las personas
que se acercan a Nagasaki. “Es la forma más clara de entender por qué
hay que prohibir las armas nucleares”, asegura.
Pregunta. Se van a cumplir 80 años de los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki. ¿Qué recuerda usted de aquel 9 de agosto de1945?
Respuesta. Tenía
cuatro años y todo está un poco borroso en mi recuerdo, pero estaba en
el jardín, al pie de un árbol, con mi abuelo y uno de mis hermanos
cuando vi esa luz blanca, cegadora. Vivíamos a seis kilómetros del
epicentro de la radiación. Huimos al monte cercano a mi casa. Ninguno de
mis familiares mostró heridas aparentes en ese momento.
P. ¿Después sí?
R. Después
pasaron cosas. Mi madre ayudó a heridos en una escuela y tuvo problemas
de tiroides y de hígado de por vida, mi padre murió de cáncer 12 años
después y un hermano también. Yo me casé con otra chica de Nagasaki, más
joven que yo. Uno de nuestros nietos nació con importantes problemas de
salud, concretamente en el diafragma. Murió a los tres días de nacer.
Nadie es capaz de decirme desde un punto de vista médico si fue por lo
que yo he podido transmitirle genéticamente al haber vivido ese ataque
nuclear, pero yo creo que sí. Me siento culpable y siento miedo.
P. ¿Cuándo comenzó su militancia?
R. Sobreviví
al ataque en 1945, pero después tuve una vida muy normal y he sido
conductor de tren durante décadas. Pero en 2000 tuve un infarto,
sobreviví de milagro y decidí entrar en Nihon Hidankyo. Desde entonces,
he dado testimonios a estudiantes de bachillerato que vienen de viaje de
fin de curso a Nagasaki, y sigo explorando los terrenos y los
edificios, con los equipos de la organización, en busca de restos y de
información de cómo la explosión ha afectado y puede seguir afectando al
suelo.
P. El mundo ha cambiado mucho desde que empezó su militancia hace 25 años y los expertos afirman que es el momento de mayor riesgo nuclear de la historia.
R. El mundo es sin duda un lugar más peligroso y
quienes tienen el poder nuclear no tienen miedo a amenazar con usarlo.
Por ejemplo, Rusia e Israel tienen armas nucleares y hay conflictos en Ucrania
y en Oriente Próximo. El tabú nuclear, esa creencia de que las armas
nucleares no deben utilizarse, ya no es tan tabú. Además, los avances
tecnológicos han logrado que el armamento nuclear sea cada vez más
pequeño, más portable y más perfeccionado. Hay bombas que son
físicamente la mitad que la que se arrojó contra mi ciudad. La bomba de
1945 es un artefacto artesanal comparado con el armamento nuclear
actual.
P.
Su visita a España tiene por fin impulsar la firma del TPAN. ¿Qué le
diría al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, si lo tuviera delante?
R. Le diría que el armamento nuclear es algo
diabólico, que no es compatible con el ser humano. Y que en caso de
ataque nuclear, no hay vencedores y derrotados. Todos pierden. Llevaría a
Pedro Sánchez a Nagasaki, a visitar el museo y escuchar testimonios. Es
la manera más clara de entender por qué hay que prohibir las armas
nucleares.
P. ¿Qué ha cambiado con la concesión del Premio Nobel a Nihon Hidankyo?
R.
La gente nos para por la calle, en el autobús y en el tren para
felicitarnos por el trabajo que hacemos. Más gente se ha unido a
nosotros. Por ejemplo, una señora de 88 años de Nagasaki ha comenzado a
contar su testimonio en estos meses. Y por encima de todo, las
autoridades locales han cambiado de política y han aceptado entregar un
documento para instar al Gobierno del país a firmar el TPAN, algo que no
había pasado hasta ahora.
P. ¿Siente que los gobiernos japoneses les han dado la espalda?
R. Sí. Somos el único país que ha sufrido la bomba
atómica, pero nuestras autoridades parecieron asustarse, esconderse y no
han atendido como debían a las víctimas ni les han ofrecido una
reparación material. Si lo hubieran hecho, miles de personas podrían
haber tenido vidas mejores y más estabilidad financiera, sobre todo las
mujeres.
El mundo entero supo que
existíamos, supo que los ‘hibakusha’, los supervivientes, estábamos ahí,
éramos el testimonio vivo de la historia que no debe repetirse.
P. ¿Por qué las mujeres?
R.
Ellas han sufrido especialmente. Si tenían heridas visibles, eran
marginadas con más fuerza que los hombres. Si se sabía que venían de
lugares como Nagasaki, inspiraban recelo y, por ejemplo, les resultaba
difícil casarse, porque los chicos tenían miedo a engendrar bebés
deformes o con problemas de salud.
P. Estamos
haciendo esta entrevista en un colegio. ¿Qué les diría a los jóvenes,
que estudian Hiroshima y Nagasaki, pero sienten que queda muy lejos?
R.
Los jóvenes deben escuchar los testimonios, animarse a formar parte de
colectivos antinucleares y sentir curiosidad por saber más, por leer o
ver películas sobre la cuestión. Porque ellos van a ser los transmisores
y de ellos depende que las armas nucleares se prohíban para siempre.
P. De estos 25 años de militancia, ¿con qué momento se queda?
R. Cuando
nos dijeron que habíamos ganado el Nobel de la Paz. Todo cambió ese
día, el mundo entero supo que existíamos, supo que los hibakusha, los supervivientes, estábamos ahí, éramos el testimonio vivo de la historia que no debe repetirse. (Fuente: El País. Planeta Futuro, 17 de enero de 2025)
En el apartado comentarios, Miguel Angel Padilla escribe: "El
mundo es sin duda un lugar más peligroso y quienes tienen el poder
nuclear no tienen miedo a amenazar con usarlo. Por ejemplo, Rusia e
Israel tienen armas nucleares y hay conflictos en Ucrania y en Oriente
Próximo". Con perdón y mucho respeto, pero ese es un concepto equivocado
o deficientemente formulado. Parece que el problema no es la existencia
misma de las armas nucleares, sino en manos de quién están. ¿Rusia
amenaza con armas atómicas? Cierto. Pero Estados Unidos, Francia, Reino
Unido, entre otros. ¿No amenazan con armas atómicas? ¿Hay alguno
dispuesto a firmar al menos un convenio de no utilización primera de
esas armas? La sola posesión de esas armas es una amenaza. Las
armas atómicas (o nucleares, si gustan) no son megaarmas convencionales.
Son de una calidad distinta. Quien no entiende eso está perdido. Lo
mejor es que hay un Tratado vigente y válido de prohibición de
esas armas, pero no sólo Rusia, ninguno, absolutamente ninguno de los
países con armas atómicas o en vías de poseerlas lo suscribe. Tampoco
Japón, ¿lo ha suscrito España?.
¿Cómo es posible que en la actualidad quede tan pocos homo sapiens?