El Objetivo de Desarrollo Sostenible 16 (ODS 16) es "promover sociedades pacíficas e inclusivas para el desarrollo sostenible, facilitar el acceso a la justicia para todos y crear crear instituciones eficaces, responsables e inclusivas a todos los niveles".
Sin embargo, en la actualidad, las guerras son muchas. Normalmente se lucha por adueñarse de un trozo del planeta Tierra en que vivimos.
En primer lugar, conviene recordar que la especie
humana, junto con otras muchas otras especies animales y vegetales,
habitan el planeta Tierra. El planeta Tierra es nuestro mundo y nosotros
sus ciudadanos.
Así lo entienden muchas personas. Adela Cortina, catedrática de Ética
de la Universidad de Valencia, es autora de un libro titulado
«Ciudadanos del mundo». Albert Einstein, y Bertrand Russel hasta Jesús
Monsterin y Marta Nustam consideran que ya es hora de diseñar una
alternativa cosmopolita adecuada a las nuevas y futuras circunstancias
que garanticen la paz mundial.
Séneca dijo «No he nacido para un solo rincón, sino para el mundo».
Mientras Thomas Paine, un político estadounidense del SXVIII, afirmaba:
«Mi patria es el mundo, mi familia la Humanidad».
Multitud de experimentos han puesto de manifiesto que el ser humano
es empático, social y solidario; algo que nunca ha aceptado el sistema
económico-social. Pienso que fue ese sistema el que introdujo el
concepto de nación tal como tenemos ahora. Naciones que luchan para tener un trozo mayor del planeta Tierra en que vivimos.
Conviene recordar que la especie humana, junto con
otras muchas otras especies animales y vegetales, habitan el planeta
Tierra. El planeta Tierra es nuestro mundo y nosotros sus ciudadanos.Así lo entienden muchas personas. Adela Cortina, catedrática de Ética
de la Universidad de Valencia, es autora de un libro titulado
«Ciudadanos del mundo». Albert Einstein, y Bertrand Russel hasta Jesús
Monsterin y Marta Nustam consideran que ya es hora de diseñar una
alternativa cosmopolita adecuada a las nuevas y futuras circunstancias
que garanticen la paz mundial.
Séneca dijo «No he nacido para un solo rincón, sino para el mundo».
Mientras Thomas Paine, un político estadounidense del SXVIII, afirmaba:
«Mi patria es el mundo, mi familia la Humanidad».
Los «ciudadanos del mundo» piensan en grupos cada uno con una lengua,
religión y color que solo aspiran a ser cada vez más humanos (proceso
de humanización) y ayudarse los unos a los otros. Como especie capaz de
pensar y dotada de empatía somos responsables de intervenir cuando
algunos se comporten de forma inadecuada, es decir, como no
pertenecientes a la especie humana.
En cuanto a la responsabilidad recuerdo que en 1993,
cuando abrió sus puertas el Museo Internacional del Holocausto en
Estados Unidos, el escritor y premio Nobel de la Paz, Elie Wiesel, afirmó
que aquel museo era una institución sobre la responsabilidad moral y la
responsabilidad política. Según distintos observadores, Wiesel no se
refería a la responsabilidad de los culpables concretos del desastre,
sino de la ciudadanía ante el desastre. Algo que, con anterioridad,
había expuesto el eminente psiquiatra y filósofo alemán Karl Jasper en
la Universidad de Heildelberg durante los cursos de enero y febrero del
semestre de invierno de 1945-1946 y que se ha recogido en un texto
titulado «El problema de la culpa» (1998).
Karl Jasper tuvo el inmenso valor de preguntarse en voz alta lo que
casi todo el mundo mascullaba para dentro: ¿Eran todo los alemanes
culpables de las atrocidades del régimen nazi? Es lógico pensar que el
régimen de Hitler no podría haber funcionado con la voluntad de un
individuo solo: la mayoría de la población debió colaborar con él, unas
veces de forma activa y otras de forma pasiva.
Según el eminente psiquiatra y filósofo alemán: «Hay una solidaridad
entre hombres que cada uno es responsable de todo el agravio y toda la
injusticia del mundo, especialmente de los crímenes que suceden en su
presencia y con su conocimiento. Si no hago lo que puedo para impedirlo,
soy también culpable". Todos los ciudadanos tenemos la responsabilidad
de no precipitarnos como sonámbulos en una catástrofe (guerras) evitable cuyas
consecuencias están pagando miles de personas, entre ellos, niños inocentes.
En estos momentos somos responsables de que nuestros gobiernos
apoyen a uno de los dos contendientes y no digamos fuerte y claro NO A LA
GUERRA.