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lunes, 27 de mayo de 2024

Organización medioambiental

     Laura Clarke (Londres, 45 años es la directora ejecutiva de ClienEarrth, una organización medioambiental  formada por un grupo de abogados repartido por 60 países que desde 2007 litiga para que "gobiernos y empresas rindan cuentas de sus compromisos climáticos". Laura Clarfe explica que alrededor de 150 abogados "brillantes" que proceden del sctor privado y que han aceptado cobrar menos para entrar a trabajar en esta ONG.

     ClientEarth está detrás algunos de los principales litigios medioambientales de los últimos años contra empresas -como petroleras y líneas aéreas- y gobiernos. "El derecho tiene un gran poder para acelerar el cambio que necesitamos para la acción climática y ambiental. Cuando se utiliza el derecho en el lugar correcto y en el momento adecuado, realmente puede llevarnos a puntos de inflexión positivos muy rápidamente", dice Clarke, quien lidera esta organización desde 2022. Antes había acumulado una carrera diplomática de dos décadas en África, Asia y Europa; llego a ser alta comisionada británica en Nueva Zelanda, gobernadora de las Islas Pilcairn y alta comisionada en Samoa, Pero hace dos años dejó la diplomacia para emprender el camino de los litigios medioambientales, una herramienta en auge en el activismo climático internacional.

     Los expertos de ClientEarth no solo litigan, sino que Tamién intentan trabajar "a lo largo del ciclo de vida de de la ley", Es decir, a veces asesoran a gobiernos en la redacción de leyes y a veces desarrollan labores de "capacitación de jueces, abogados y fiscales en derecho medioambiental", "Y trabajamos con las comunidades locales y los grupos indígenas para que utilicen la ley para defender sus derecos medioambientales", detalla Clarke.

     La ONG cuenta también con sedes en Pekin, Berlín, Bruselas, Japón.Londres, Los Ángeles, Luxemburgo, y Varsovía. La de Madrid se abrió en 2021 y el equipo ahora está centrado en intentar poner freno, en los espacios marinos protegidos de España, a la pesca de arrastre de fondo, que tiene implicaciones para la biodiversidad y el cambio climático. "Se está permitiendo la pesca de arrastre de fondo sin una evaluación adecuada de su impacto y algunas de las áreas afectadas están protegidas", advierte Clarke. 

     Entre las demandas judiciales más importantes de esta ONG desde su fundación, Clarke destaca la la sentencia de 2015 del Tribunal Supremo que obligó al Gobierno del Reino Unido a mejorar su plan de calidad del aire para luchar contra la contaminación. 

     ¿Veremos algún día una condena contra los directivos de las petroleas? "No podemos descargarlo", dice sobre la posibilidad de una condena por la vía penal o civil. Y pone el ejemplo, el caso de Polonia contra la empres Enea.

     Uno de los temas en los que se ha centrado ClientEarth  está centrado en sus esfuerzos en los últimos años es el ecopostureo (greenwashing, en inglés)  de empresas de todo tipo que se intentan vender como verdes sin serlo.  (Fuente: El País, 25 de mayo de 2024) 

     Lo que acabo de escribir solo son  algunos los párrafos de la noticia. Una excusa para que ustedes me den su opinión. Gracias.



 

domingo, 19 de noviembre de 2023

Delitos ambientales

      Cuando se inició la guerra de Ucrania, una organización no gubernamental, Movemos Europa,  pidió que la Unión Europa no suministrara armas a Ucrania, porque la guerra estaba destrozando una parte de lo que se puede considerar el hogar en donde vive la especie humana junto con múltiples especies animales y vegetales. En cualquiera guerra, ademas de morir muchas personas, niños y niñas, se están cometiendo muchos delitos ambientales.

      Un delito ambiental es una acción que causa daño a los recursos naturales, la flora, la fauna, la calidad del agua, los ecosistemas o al ambiente. En la guerra de Ucrania, como en cualquier guerra, se cometen muchos delitos ambientales. 

     No solo en la guerra se cometen riesgo ambientales. en la noticia indicada no se menciona ninguna guerra. Los ejemplos de delitos ambientales son variados y pueden ser cometidos por individuos como por organizaciones.

      Asimismo, su impacto puede variar, pero estas actividades causan un daño que, en muchas ocasiones es irreversible, puesto que contribuyen negativamente en el cambio climático, afectan a la biodiversidad y generan espacios inseguros para los animales, incluyendo a la humanidad.

     En El País del 18 de noviembre de este año, se puede leer un artículo titulado La UE amplía los delitos ambientales y sus sanciones. Este artículo empieza diciendo: En su estrategia para proteger  el medio ambiente y combatir la contaminación y el cambio climático. la Unión Europea ha dado un paso clave por la vía penal. ampliando la lista de delitos ambientales y endureciendo las penas de quienes los cometan".

    En otra parte se puede leer: "La nueva directiva relativa  la protección del medio ambiente mediante el derecho penal define de manera más precisa los delitos ambientales y añade otros nuevos, desde el tráfico de madera considerado una causa de la deforestación en algunas partes del  mundo. al reciclado ilegal de componentes de barcos o graves violaciones de  la legislación sobre productos químicos. También  se reconoce como delito, para satisfacción de las organizaciones de defensa del medio ambiente, la contaminación sonora submarina que afecta a animales como delfines o ballenas".


miércoles, 1 de junio de 2022

Población humana y consecuencias

 Si contamos desde el nacimiento de la agricultura, la humanidad  tardó unos 20.000 años en alcanzar los 100 millones de habitantes (alrededor  de la época del Imperio  romano). Hacia 1500 se llega a la cifra de 500 millones y para 1820 se supera por primera vez la cifra mágica de 1.000 millones. A partir de aquí, con la revolución industrial, el número se dispara: en un siglo se duplica. En 1070 se llega a los 3.000 millones y bastaron solo otras cuatro décadas para que se volviera a duplicas superando los 6.000 millones  de habitantes y, según las proyecciones de las Naciones Unidas, alcanzaremos la barrera de los 10.000 millones alrededor de 2050.

Jeffrey Sachs, una de las principales autoridades en economía y política sanitaria, es autor de un libro titilado Economía para un planeta abarrotado (2008, Random House Mondadori). En el prólogo, escrito por Edward O.  Wilson, investigador emérito de la catedra Pellegrino de la Universidad de Harvard y  responsable de entomología del Museo de Xoologia Comparada, se dice: “Las evidencias son rotundas: tenemos que diseñar de nuevo nue””tra política social y económica antes de que destrocemos este planeta. Está en juego la única oportunidad que le queda a la humanidad de alcanzar un futuro resplandeciente”.

Y, añade: “La humanidad ha consumido o transformado lo bastante los recursos irreemplazables de la Tierra para estar mejor que nunca.  Somos lo bastante inteligentes y, confiaría uno, estamos ahora lo bastante bien informados para llegar a nosotros mismos como especie unificada. Si escogemos la senda del desarrollo  sostenible, podemos asegurar nuestro progreso material al tiempo que evitemos catástrofes que parecen ser cada vez más inminentes”.

“Todavía podemos enderezar el rumbo, pero no nos queda mucho tiempo para hacerlo”.

“Casi todas las crisis que han aquejado a la economía mundial son, en última instancia, de origen medioambiental: entre ellas sobresalen el cambio climático, la contaminación, la escasez de agua, de cultivo, el agotamiento de los caladeros marinos, la persistencia de bolsas de pobreza extrema, la amenaza de las  pandemias y una peligrosa disparidad de apropiación de recursos tanto en el interior de las naciones como entre ellas”, añade.

“Lamentablemente, aunque los dirigentes políticos comprenden hasta cierto punto todos y cada uno de estos problemas, por regla general continúan abordándolos como si fueran asunto independientes.  Pero Sachs nos muestra que el mundo apenas tiene posibilidad alguna de resolver cualquiera de ellos hasta que comprenda que todos están conectados por relaciones de causa y efecto. Nos comportaremos con la debida sensatez si nos vemos como una única especie y diseñamos estrategias más realistas y pragmáticas para abordar todos los problemas en su conjunto”. Esto es lo que se ha hecho al diseñar la Agenda 2030. “El tema es básico y universal. Trasciende todas nuestras diferencias religiosas y de ideología política”

jueves, 23 de noviembre de 2017

Negocio bancario



“La banca se vuelca con el crédito al consumo para mejorar su rentabilidad”. “ante la caída de la rentabilidad del negocio bancario, las entidades […] se han volcado en el crédito al consumo”. “En cantidades concedidas, ese crédito ya iguala lo otorgado en hipotecas”.  (El País, 21 de noviembre de 2017)
En el periódico se indica que “la crisis inmobiliaria y financiera ha provocado que haya menos ventas de inmuebles, se soliciten menos hipotecas y las entidades endurezcan los criterios para brindarlas”. Ello estaba restando negocio a los  bancos, y por ello se han centrado en el crédito al consumo. En cantidades concedidas, este crédito ya iguala lo otorgado en hipotecas. Sin embargo, ¿quién no recuerda con lo sucedido con las hipotecas?
“En un entorno de rentabilidades muy bajas, el crédito al consumo es muy rentable. Tiene unos tipos de interés  muy altos y una morosidad que con la recuperación se ha controlado”, explica Juan Fernando Robles, profesor de banca en el Centro de Estudios Financieros.  “En el supuesto de que estos créditos entren en mora, los bancos tienen fácil desprenderse de ellos vendiéndoles a fondos buitres muy activos en estos momentos”. Creo que no es difícil adivinar que puede suponer para los ciudadanos esa venta a los fondos buitre.
Recordamos el origen de la crisis financiera y nos preguntamos si existen motivos para alarmarse,  Según el periodista, autor de este trabajo, “los expertos señalan que no es todavía una situación preocupante. Pero hay que vigilar su evolución“. 
A juicio del portavoz de la Asociación Española de Banca, José Luis Campuzano, las cifras de concesión de crédito demuestran que "la banca tiene como prioridad financiar el crecimiento". Crecimiento, según indica el economista Santiago Carbó en la misma página ("El largo Black Friday"), estimulado por una astuta combinación de importaciones internacionales que propician un consumo prolongado y la realización de pagos online que puede tener algunas ventajas pero que, también, puede exacerbar el consumo más allá de sus niveles de equilibrio".  
No se trata de no consumir, sino de consumir solo lo necesario, como exige un Desarrollo Sustentable o Sostenible. El crecimiento económico que apoya la banca y quienes empujan o propician un continuo consumo,  nos conduce al precipicio, porque no es acorde con las características del ser humano (el ser humano es un ser empático y que nació para algo más que consumir) y no es compatible con las características del planeta Tierra en que vivimos (nave espacial  cerrada de recursos limitados que solo recibe del exterior la energía que procede del Sol alrededor del cual gira).
En todo esto hay, además, algo muy importante. Se trata de que el ciudadano no piense. Hay una guerra contra la democracia. EEl sistema, cada vez más, está construido para servir a las élites y eso choca contra la democracia real. Los ricos creen que se podrán defender solos del impacto ambiental que está provocando el vigente sistema económico.

martes, 14 de noviembre de 2017

Generaciones futuras



¿Debe preocuparnos el mundo que vamos a dejar a nuestros hijos y nietos? Sin duda. No se trata, solo, de arreglar nuestro mundo, sino de construir el que queremos para nuestros hijos y nietos. “¿Por qué debemos preservar un planeta habitable si no fuera por nuestros hijos y nietos?”. 
Es un tema que preocupó  profundamente al oceanógrafo Jacques-Yves Costeau, autor de numerosos artículos, más de veinte libros y produjo más de noventa películas. Según él, “la humanidad probablemente ha perjudicado a la Tierra en el siglo XX más que en toda la historia humana anterior”. Jacques-Yves Costeau, fallecido en 1947, y no pudo observar, cómo,  debido a las características del vigente sistema económico, se ha incrementado ese deterioro en los últimos años.
El sueño de michos años en defensa de los derechos  humanos de las generaciones futuras, de Cousteau, inspiró, en 1994, el proyecto de Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Generaciones Futuras, que, posteriormente, fue sometido a la asamblea general de Naciones Unidas (ONU). La Declaración sobre las Responsabilidades de las Generaciones Actuales para con las Generaciones Futuras fue adoptada el 12 de noviembre de 1997 por la Conferencia General de la UNESCO. Según Federico Mayor Zaragoza, ésta es la primera vez  en la historia que la solidaridad se aplica a entes jurídicos que no existen.
Esta Declaración está estrechamente relacionada con el concepto de desarrollo sostenible, adoptada en 1992 por la Cumbre de la Tierra. El desarrollo sostenible es el conjunto de políticas que “garantizan las necesidades del presente sin  comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades”.
Miguel Delibes y Miguel Delibes Castro en La Tierra herida. ¿¿Qué mundo heredarán nuestros hijos? (2005:160) escriben  “Suele atribuirse el desinterés por el futuro del medio ambiente a la ausencia de una ética intergeneracional. En otras palabras, se supone que, aunque casi nunca lo hagamos, deberíamos, adoptar las decisiones e hoy teniendo en cuenta las condiciones en que vamos a dejar el mundo para los hombres de mañana. Probablemente, sin embargo, este discurso se ha quedado, almenos en parte, anticuado, puesto que las decisiones de hoy ya están haciendo sufrir a las generaciones de hoy. Ya estamos purgando nuestros pecados. No hay que discutir, por tanto, los pros y los contras de una ética intergeneracional aparentemente contrapuesta a otra ética intrageneracional. Hay que hablar solo de ética, para todos y para todo tiempo”.
“Ética que sin duda nos lleva a topar con los pobres, capa humana sobre la que repercuten todos los problemas, especialmente los más graves”. Para sustentar esa última opinión indican: “como bien sabemos, una gran tormenta tropical tal vez cause en Florida cuatro o cinco muertes, pero el mismo huracán, en Haití, matará a miles de personas”.  
Las elites del vigente sistema económico nunca se han mostrado sensibles a los efectos del cambio climático ni sobre las generaciones actuales ni sobre las generaciones futuras. Solo los ciudadanos podemos hacer algo.

jueves, 2 de noviembre de 2017

Desechos eléctricos y electrónicos



Para la fabricación de cualquier producto son necesarias materias primas, recursos naturales. Además, puesto que la materia, como todo el mundo sabe, ni se crea ni se destruye, solo se transforma,  al terminar la vida útil del producto fabricado, se obtiene un desecho, que en el caso de los aparatos eléctricos y electrónicos (frigoríficos, televisores, microondas, teléfonos, reproductores de música, equipos de iluminación, juguetes, etc.) es extremadamente peligroso. En esos residuos, junto con materiales reciclables se encuentran sustancias contaminantes como plomo, mercurio, arsénico cadmio y cromo hexavalente, que poseen gran capacidad para dañar el medio ambiente y afectar a la salud de la población. He leído que un tubo de rayos catódicos de un televisor puede contaminar hasta cuarenta millones de litros de agua.
Las empresas  de este sector, que obtienen elevadas ganancias en la producción y venta de estos aparatos, no adquieren ninguna responsabilidad. Cada año, cientos de miles de ordenadores y teléfonos son tirados a vertederos. Miles más, como se indica en el artículo publicado en El País del 15 de octubre de 2017, son exportados ,a menudo, ilegalmente, por Europa, EE. UU,, Japón y otros países industrializados, a Asia y África, donde los trabajadores, que desmantelan estos residuos -algunos niños y niñas- no disponen de la tecnología adecuada y se exponen a un cóctel de sustancias químicas tóxicas.  Se trata de una situación insostenible a juicio de cualquiera con algo de sentido común.
¿Y si los teléfonos móviles estuvieran hechos para durar? ¿Y si pudiéramos desmontarlos o cambiar sus componentes, sin necesidad de varitas mágicas? ¿Y si tuviéramos garantías de que los minerales usados proceden de zonas libres de conflicto y no han sido extraídos en condiciones de esclavitud? ¿Y si encima fueran reciclables?
Es hora de que el sector tecnológico utilice sus conocimientos para reinventar la forma en que los productos tecnológicos se producen y utilicen en nuestra sociedad, fabricando unos aparatos duraderos, reparables, fabricados con energías renovables y reciclables.  Es decir, de acuerdo con las características del planeta Tierra en que vivimos y deberán vivir nuestros descendientes.
Los ciudadanos hemos empezado a aprovechar la innovación tecnológica colaborando, compartiendo ideas y soluciones que permitan superar los mayores retos a los que se enfrenta la Humanidad. Existen plataformas colaborativas, empresas sociales, organizaciones no gubernamentales, …que aprovechan lo mejor que se puede los recursos que existen en la nave espacial Tierra. Un ejemplo, en el caso de los teléfonos móviles, lo constituye la empresa social Fairphone, fundada en 2013. Fabien Hühne, portavoz de esta empresa indica: “llegamos a la conclusión de que la mejor manera de  influir en la industria era formando parte de ella. "Nuestro objetivo es precisamente que otras compañías nos copien, que ahorren recursos y que diseñen productos duraderos. Nosotros solos no vamos a poder resolver los grandes problemas generados por la industria de la electrónica: necesitamos que otros se suban a bordo".
Como consumidores, en Internet podemos encontrar información sobre las distintas empresas, por ejemplo, la Guía de la Electrónica Verde de Greenpeace lleva más de una década pasando revista a este sector, uno de los que más resiste a entrar en la dinámica de las tres "R" (reducir, reutilizar, reciclar).
Urge poner fin a las actuales crisis ecológica y crisis de valores (cambio de mentalidad) en que nos encontramos.

lunes, 23 de octubre de 2017

Eclipse del capitalismo



Jeremy Rifkin en el libro La sociedad de coste marginal cero (2014:29) escribe: “En un simposio del Banco de la Reserva Federal de los Estados Unidos   celebrado en Kansas City en agosto de 2001, Lawrence Summer, ministro de Hacienda en los Estados Unidos  durante la administración del presidente Bill Clinton y  exrector de la Universidad de Harvard, y Bradford DeLong, profesor de Economía de la Universidad de California en Berkeley, plantearon este problema [el problema del descenso del coste marginal]. En esta ocasión, señalaron que” las nuevas tecnologías de la información y la incipiente revolución de las comunicaciones por Internet amenazaban con (como indiqué en la entrada anterior) llevar el capitalismo a una realidad de coste marginal casi nulo en los decenios siguientes”. Tanto Summers como DeLong eran conscientes que ello podía conducir a la creación de monopolios, a pesar de que un monopolio no satisface la condición básica del vigente sistema económico.
El pasaje más interesante de la ponencia de Summers y DeLong es cuando confiesan no saber cuál será el paradigma que acabe sustituyendo al capitalismo. El hecho mismo de que mencionaran la posibilidad de un paradigma nuevo revelan las anomalías que ensombrecen la viabilidad a largo plazo del régimen económico vigente.
Otra razón para poner en tela de juicio el modelo económico actual está relacionada con el hecho de que la teoría capitalista convencional no tiene en cuenta las características del planeta Tierra, en el que vivimos, y ello está creando graves problemas. Uno de esos problemas se deba a la acumulación de emisiones de dióxido de carbono en la atmósfera a causa de la combustión de ingentes cantidades de combustibles fósiles: acumulación que está dado lugar al cambio climático y a la destrucción sistemática de la biosfera terrestre De aquí la crisis ecológica en la que estamos inmersos, cuya única solución es adoptar un paradigma económico distinto.
El vigente sistema no solo no tiene en cuenta las características de planeta Terra, sino tampoco las capacidades que adornan las ser humano: el ser humano, como han demostrado los estudios en Psicología y Neurociencia, no responde al modelo de elección racional que propugna el vigente sistema económico. Es un grave error menospreciar el poder creados del ser humano.
Por otra parte, la teoría capitalista ha convertido todo, incluidos los derechos humanos y los bienes comunes de la Humanidad en mercancía, es decir, en algo de lo que solo pueden disfrutar quienes tengan suficiente capacidad adquisitiva. En relación con los bienes comunes, se ha demostrado que el modelo de elección natural conduce a su agotamiento o desaparición, pero que existe un modo de gestión, la elección pública, que permite disfrutar de esos bienes al mismo tiempo que se mantienen para las generaciones venideras. El sistema de elección pública fue diseñado por la primera mujer a la que se concede el Premio Nobel de  Economía: Elinor Ostrom, Premio Nobel de Economía 2009.
Todo ello ha dado lugar a un nuevo paradigma económico que Jeremy Rikin denomina “procomún colaborativo”. ‘Procomún’, traducción de ‘commons’ anglosajón. No competitivo, sino colaborativo de acuerdo con el sistema de elección pública.
 Jeremy Rifkin termina su libro diciendo: “La transición de la era capitalista a la Edad Colaborativa va cobrando impulso en todo el mundo, y es de esperar que lo haga a tiempo de restablecer la biosfera y de crear una economía global más justa, más humanizada y más sostenible para todos los seres humanos de la Tierra en la primera mitad del siglo XXI”. Todo depende de la actitud de los ciudadanos, únicos protagonistas de cambio.