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lunes, 12 de enero de 2026

Sanidad pública

 

      El modelo sanitario que la mayoría fe la población prefiere para el futuro es el de una sanidad pública reforzada, muy por encima de un sistema  mixto público-privado o un mayor protagonismo del sector privado. Así, una mayoría considera que los recursos actualmente destinados a la sanidad pública son insuficientes para garantizar su correcto funcionamiento. En este sentido, son más las personas dispuestas a pagar más impuestos para mejorar el sistema que aquellas que optarían por reducir la carga fiscal, incluso si ello supusiera un deterioro de la calidad asistencial.

     Sin embargo, en apenas tres años, las posiciones de la ciudadanía han evolucionado de forma significativa hacia posturas menos favorables a la defensa de la sanidad pública. Si esta tendencia no se revierte, en un plazo relativamente --quizá de uno a tres años -- podría dejas de existir una mayoría dispuesta a asumir un mayor esfuerzo fiscal para mejorar el sistema. 

     Este dato podría interpretarse como el inicio de un abandono de convicciones socialdemócratas profundamente arraigadas en la sociedad española desde hace décadas.  ¿Qué factores debilitan la defensa del modelo público de salud?  Según la encuesta de 40dB, el apoyo a su fortalecimiento en menor en la Comunidad de Madrid, entre votantes de derecha y extrema derecha, entre menores de 65 años y entre las clases sociales más acomodadas. Aún así, incluso en estos grupos, el respaldo al modelo público sigue siendo mayoritario. La condición que realmente menoscaba la defensa del sistema público es no utilizarlo. Mientras que entre quienes han usado el sistema público en el último año el apoyo a si fortalecimiento  se aproxima al 80%, entre los usuarios habituales de la sanidad primada cae por debajo del 50%

     Además, el número de usuarios de la sanidad privada ha aumentado en los tres últimos,  en detrimento de la sanidad pública, cuyo uso ha descendido en orno a cinco puntos. Aunque la ciudadanía reconoce a las empresas privadas una mayor capacidad innovadora, también considera que están menos preparadas que el sistema públio para afrontar problemas graves o complejos y que tienden a anteponer los beneficios económicos a la salud de los pacientes.

     Con todo, la experiencia de los usuarios de de la sanidad privada en notablemente más positiva que la de quienes utilizan una red pública, no por una mayor competencia del personal sanitario sino por factores como los tiempos de espera para obtener una cita. La percepción dominante es que la sanidad pública está saturada, y esta saturación impulsa la elección del sistema privado frente al público.

     En suma, la sanidad pública está atrapada en un círculo vicioso:  su menor uso debilita la defensa social del sistema, lo que reduce el apoyo ciudadano a una mayor contribución fiscal, esta falta de respaldo se traduce en una disminución de recursos, que alimenta la percepción de saturación y empuja a la ciudadanía hacia la sanidad privada, reduciendo aún más el uso de la red pública. En este contexto, resulta comprensible el pesimismo ciudadano ante la expectativa de un sistema sanitario peor para las generaciones futuras.  (Fuente: EL País, 12 de enero se 2026)Es cuestión de humanidad. 

     Todo ciudadano, verdadero ser humano, contribuirá en la creación de un sistema de salud pública, es decir, garantizar una vida sana para todos. Los votantes de derechas y ultra derecha no son verdaderos seres humanos.

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