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miércoles, 4 de marzo de 2026

Plantas de biogás y biometano

 

La alarma social generada por la aluvión de nuevos proyectos de plantas de biogás y biometano en España está llevando a una situación inesperada: aunque teóricamente estas instalaciones que generan una energía renovable a partir de la descomposición de residuos orgánicos suponen diferentes beneficios ambientales en la reducción de emisiones y el tratamiento de residuos, cada vez es mayor el rechazo,

La  propia organización Ecologistas en Acción ha sacado de forma reciente una guía con pautas para evaluar estas plantas, recomendando "analizar caos a caso". "No estamos en contra de la tecnología, sino de los malos proyectos", explica Marina Gros, representante de la organización.

Estas instalaciones consisten en grandes tanques cerrados (digestores) donde se descomponen de forma anaerobia (sin oxígeno) desechos  orgánicos de la agricultura, la ganadería, la industria alimentaría, las depuradoras ... Así se obtiene gas y queda una materia (el digestato) que puede emplearse como fertilizante. En Europa hay más de 19.000 plantas que producen biogás (una mezcla de metano y dióxido  de carbono usada para calor o electricidad) y unas 1.700 de biometano (metano de alta pureza que se inyecta directamente a las redes de gas natural).  En España ha sido un sector  muy minoritario hasta ahora. De pronto, existen más de 200 proyectos pendientes de conseguir luz verde de las administraciones, si pasan los procesos de evaluación ambiental. Pero al mismo ritmo que aparecen, surgen plataformas en contra.

Una de las voces más críticas es la del biólogo  Fernando Vallares,  investigador del Museo Nacional de Ciencias Naturales: "Con la escasa experiencia en España, y general, con plantas de tamaño medio o grande de biogás, lo que se está proponiendo es una locura, y sin un mínimo de planificación territorial"."Las plantas de biogás no son economía circular; la fermentación no hace desaparecer los residuos, de los miles de toneladas que entran en una planta, solo se quita el 5%". argumenta.

Para Xavier Flotats, profesor emérito de Ingeniería Ambiental de la Universidad Politécnica de Catalunya, con 45 años en el sector, este rechazo generalizado es "una contradicción extraordinaria". "Para algunos activistas, es mejor que un vertedero esté emitiendo metano a la atmósfera antes que llevar los residuos a una planta de biogás para hacer algo provechoso", se queja, y asegura que, aunque la materia que sale de las instalaciones sea en peso el 95% de la que entro, su composición es distinta: un producto más mineralizado.

Flotats tiene claro que no todos los casos son iguales. Para él,  la oposición a estas plantas tiene que ver con la forma actuar de algunas empresas promotoras, "que estás acostumbradas a presentar un proyecto a la Administración para que le den permiso sin pisar antes el territorio y hablar con la gente".  Pero, al mismo tiempo, responsabiliza a un sector del ambientalismo de alimentar el rechazo para impedir el lavado de cara de la ganadería industrial, por la reducción del impacto de sus desechos que puede implicar: "Si estos residuos ganaderos se utilizan para fabricas biogás, se evita que estén almacenados en balsas en las granjas emitiendo metano".

Para Valladares, esta es una cuestión capital, "No se pueden entender las plantas de biogás sin las macrogranjas industriales de aves, cerdos y vacas", un modelo de producir carne que, a su juicio, "no necesitamos". Y aboga por cerrar estas explotaciones. Pero también cuestiona los proyectos gasistas que utilizan desechos que nada tienen que ver con animales, incluso algunos innovadores con patente española que aprovechan la paja de cultivos de arroz que hoy se quema en el campo, con gran impacto en el entorno de la Albufera de Valencia. "No tiene sentido analizar cada caso por separado, el problema es el modelo. No hay para tanto gas.

Como señala Marina Gros, en Ecologistas en Acción no ven problema al proyecto de la paja de arroz. Según su documento "para saber discernir entre los proyectos sostenibles e insostenibles",  resulta clave ubicar las plantas cerca de los residuos, "en un ámbito comarcal para evitar los desplazamientos", con un suministro estable, continuo y asequible de materia prima. La guía de esta organización se fija en el tamaño, pero no establece un criterio y recalca la importancia de que el material resultante de proceso de descomposición de residuos sea luego aprovechado como fertilizante, para que haya "una economía circular. Otro de los puntos centrales para Ecologistas en Acción es el tipo de desechos que se utilicen. Las opciones mejor valoradas son los lodos de depuradoras y los restos biodegradables que van a vertedero. Las peores: los cultivos intermedios (especies vegetales sembradas entre cosechas principales para proteger el suelo), y los purines (orina y excrementos del ganado) y demás residuos ganaderos.

"Sabemos que la ganadería industrial no es sostenible a largo plazo", defiende Gros. "Aunque estos residuos sean ahora un problema, no podemos depender de ellos, porque entonces nos estaríamos obligando a producirlos", señala la ecologista, que cree necesario un mayor esfuerzo para reducir la producción de los desechos en general. 

En las plantas de biogás, la descomposición anaerobia (sin oxigeno) de la materia orgánica se produce en digestores cerrados, por lo tanto, si está bien construida, no debe haber malos olores durante la fermentación. No obstante, el profesor Xavier Flotats considera que un aspecto determinante para diferenciar este tipo en instalaciones es cómo están diseñadas las entradas y cómo se realiza la recepción de los residuos para evitar molestias a los poblaciones cercanas. "Una planta en la que la recepción sea tirar los desechos a una fosa de hormigón es un desastre", recalca el ingeniero. "El vaciado de los residuos debe ser en circuitos cerrados: cuando son líquidos, enganchándose a una tubería que vaya a un depósito herméticamente cerrado, y  cuando son sólidos,  se mete el camión dentro de una nave. se  cierra esta, se pone en marcha el sistema de tratamiento de aire y solo entonces, se  descarga".

Para este experto, los proyectos que están pidiendo permisos sin decir que harán con el digestato "no deberían ni presentarse". Además, cuenta que al salir el digestato todavía está caliente y puede producir emisiones de metano residuales. Por ello, como recalca, "por toda Europa lo que está cada ves más es cubrir el digestato y recuperar este metano residual, lo que aumenta la producción de gas y evita también malos olores.

En cuanto al tipo de residuos, el ingeniero considera un sinsentido la oposición al aprovechamiento de desechos ganaderos que generan emisiones en la actualidad. "Si  preocupa la insostenibilidad  de la ganadería industrial, el centro del problema sobre esta cuestión es nuestro sistema alimentario, la discusión debería estar ahí, no en el biogás", defiende.  (Fuente: EL PAÍS. 2 de marzo de 2026)

Es extremadamente importante que aprendamos a vivir sin combustibles. Ustedes se habrán dado cuenta he dedicado varias "píldora para pensar" acerca de ese tema. 

 

 

 

    

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