"Mamá, tienes que venir, te necesito", le pidió desesperada Melissa en diciembre de 2024 a su madre.Esta joven argentina de 34 años estaba agotada y sufría un cuadro de depresión: vivía sola con su hija de dos años en Barcelona y protegida por una orden de alejamiento en contra su expareja por denuncias de maltrato. Su hermano estaba en contra por los riesgos que entrañaba: a Melisa se la había caducado los papeles en España y la madre, que no los tenido nunca, había iniciado la solicitud del permiso de residen en Francia, done vivía con su hijo.
Pero la súplica sonada tan desesperanzada que al final la mujer tomo un tren hasta Perpiñan, y Melisa fue hasta allí en coche a buscarla para reducir la posibilidad de que en algún lugar le pidieran los papeles y todo se viniera abajo. Fueron kilómetros y kilómetros de miedo. El lunes pasado, Melisa y Fátima se abrazaban en el parque de una ciudad del cinturón de Barcelona donde ahora residen. Muchas cosas han cambiado en los casi dos años que llevan viviendo, pero hay una que no: "Sin mi madre no puedo hacer nada, la necesito".
Fátima ha asumido el cuidado de nieta cuando su hija al trabajo -- es dependienta en una tienda de un centro comercial -- o cuando necesita estar sola, como le pedía al principio porque no que la niña notara que la niña notara el sufrimiento que re remo,ía por dentro Y más allá de la logística diaria, es su gran apoyo emocional en un momento especialmente complicado, a ls espera de una sentencia definitiva sobre las denuncisd por presuntos malos tratos físicos y psicológicos de su expareja que ls llevaron"" hasta la comisaría en 2024.
"Mi gran error no denunciar antes", admite al recordar que las primeras agresiones se produjeron en 2021, apenas un año después de que fueran a vivir juntos. El hombre a que amó "muchísimo" la controló y la agredió cuando ella, por ejemplo, se negaba a meterse con él "en la cama" o cando le cuestionaba alguno de sus actos."Él era dios, nunca se equivocaba",explica de sus expareja, a quien conoció a través de las redes sociales.
La pesadilla que vivió en casa la sumió en una depresión que la hizo pensar en llevar a su hija a Francia y desaparecer. " Estaba en un pozo del que no podía salir. recuerdo que una ve intente retomar un trabajo. pero no puedes, no estas en condiciones". En su casa, dejaba unas fuera con notas fechadas en papeles, para que, si sucedía algo, su hija algún día fuera consciente de que su madre la quería, "No tenía a nadie solo a mi hija", rememora.
Melissa explica su historia sentada en el banco de un parque. En otro banco, a unos pocos metros de distancia, su madre la observa. Es imposible que le llegue la voz baja del relato de su hija, pero tiene preparado un pañuelo de papel. Más tarde, mientras coge a su hija por la cintura, dice en francés, al ser preguntada: "Ahora está mejor. come algo, siempre que yo se lo dé. Antes estaba muy delgada". Se refiere a los 13 kilos que llegó a perder y que ha ido recuperando poco a poco con el apoyo de lo que son los pilares de su vida: "Mi hija, mi madre, el psicólogo y el gimnasio"
Una vez que abuela, madre e hija estuvieron juntas, Melissa inició el periplo administrativo para intentar recuperar su permiso de residencia, que había expirado. Visitó a una abogada, a otra y a la tercera fue la vencida. Marie Mateo la recibió a principios de 2025: "La vi muy desubicada, no se centraba y no estaba nada animada". Con todo, consiguió explicarle su situación: había perdido los permisos de residencia y trabajo porque las circunstancias po los había obtenido a España, nueve años antes, habían cambiado y ya no cumplía los requisitos para renovarlos.
Había iniciado un proceso en el tribunal de lo contencioso en busca de una salvación burocrática, pero ese procedimiento amenazaba con prolongarse demasiado. Al final, mirando la cateta de los papeles, la letrada vio que tenía una orden de protección por malos tratos. "Y esto? Tienes derecho a la tarjeta de residencia", le dijo.El 17 de febrero de 2025, Melissa tenía un permiso de residencia en regla y el16 de diciembre llevaba el de su madre. La solución a todo el entuerto administrativo se encontraba en un decreto que el Gobierno aprobó en noviembre de 2024, un nuevo reglamento de Extranjería, que introducía cambios de calado en procedimientos de residencia, regularización y reagrupación familiar. Uno de los artículo garantiza el permiso de residencia provisional por cuestiones "excepcionales" a aquellas mujeres extranjeras víctimas de violencia sexual que acrediten una orden de protección, un informe del ministerio fiscal u otro documento oficial que certifique esa condición. "Es unsupuesto que no es muy conocido", explica, algo quejosa, Mareo, pero fue la solución casi automática para el caso de Melissa y, sobre todo, el de su madre, que no tardaría tampoco en resolverse.
Desde 2011, estaba previsto que los hijos de víctimas de violencia machista pudieran conseguir la autorización para residir en España por motivos humanitarios, pero desde mayo de 2025 esta modificación legislativa extendía ese derecho también a los padres. Según los datos de la Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género, en 2024 (últimos disponibles desagregados) se concedieron 3.758 permisos de residencia a mujeres maltratadas con los preceptos del reglamento de Extranjería y a 1.659 hijos menores o con discapacidad.
La compañía en un proceso de denuncia por maltratos como el de Melissa puede resultar imprescindible para las víctimas debido a que el tiempo que pasa hasta la sentencia puede hacerse "larguísima", explica Juia Humet, abogada especialista en violencia machista, que admite que desconocía la opción que abre el reglamento de extranjería, En su opinión, "las mujeres migradas y con la familia lejos, que además es muy posible un trabajo precario y no tengan posibilidad de buscar ayuda para cuidar a los hijos, sufren aún más el procedimiento cuando denuncian".
Su abogada advierte, no obstante, de que no todo está resuelto, ya que los permisos de residencia que tienen las dos son provisionales y deben ser renovados año a año. Será así durante un periodo de cinco. a la espera de que haya sentencia. Si el juez determina que su expareja es culpable de las acusaciones de malos tratos, los permisos temporales se convertirán en definitivos. Si el fallo es absolutorio, Melissa y Fátima perderán esos papeles y volverán a la casilla de salida. En realidad, la moneda sigue girando en el aire. (Fuente: EL PAÍS, 28 de septiembre de 2026)
Como verdaderos seres humanos nunca debemos olvidar la Agenda 2030 y sus Objetivos de Desarrollo Sostenible. Uno de ellos, el 5 es "lograr la igualdad entre los género y empoderar a todas los mujeres y las niñas".