El contenido de este blog se ha cedido al dominio público: puede ser copiado, parcial o totalmente, sin previo permiso de la autora.


lunes, 20 de enero de 2020

Pacto Mundial de la ONU


      No se pueden alcanzar el recorte de emisiones exigido para hacer frente al cambio climático –Acuerdo de París- , si no se cuenta con el apoyo de las empresas, sobre todo, de las grandes empresas multinacionales.
      Se entiende por Responsabilidad Social de la Empresa (RSE), también llamada Responsabilidad Social Corporativa (RSC), a la contribución activa y voluntaria de la empresa en la mejora del contorno económico y ambiental. Suele ser un concepto vinculado a las grandes empresas.
      Según las autoras del libro La dimensión ética  de la responsabilidad social, Begoña Arrieta Heras y Cristina de la Cruz Ayuso, «Los directivos de empresa tienen el deber de aumentar su cuenta de resultados, pero no deberían olvidar que es también un deber contribuir al progreso y a la mejora de las condiciones sociales. No en vano su empresa y ellos mismos forman parte de la sociedad y se sirven de ella».
      En 1999, en el Foro Económico Mundial (Foro de Davos), el entonces secretario de Naciones Unidas. Kofi Annan, anunció la creación de Global Compact , un pacto general entre Naciones Unidas y las empresas multinacionales. Este Pacto Global incluye nueve  principios, que se detallaban en el documento oficial, preparado por los servicios del secretario general. (Texto extraído del libro de Jean Ziegler, Relator Especial de Naciones Unidas sobre el derecho a la alimentación ya fallecido, El imperio de la … vergüenza2) 
      Los principios 1 y 2 tratan de los derechos humanos: «[Los firmantes se comprometen   a] apoyar y respetar la protección de los derechos humanos fundamentales, reconocidos internacionalmente, dentro de su ámbito de influencia]…] asegurarse de que sus empresas no son cómplices en la vulneración de los derechos humanos».
       Los principios 3 a 6 se ocupan del mercado de trabajo: «[Las empresas se comprometen a] apoyar los principios de la libertad de afiliación y el reconocimiento efectivo del derecho a la negociación colectiva […] apoyar la eliminación de toda forma de trabajo forzoso o realizado bajo coacción […] apoyar la abolición de las prácticas de discriminación en el empleo y la ocupación».
       La protección del medio ambiente y la naturaleza aparece en los principios 7 a 9-:  «[Las sociedades firmantes] deberán  mantener un enfoque preventivo que favorezca el medio ambiente […] fomentar las iniciativas que promuevan una mayor responsabilidad  medioambiental […] favorecer el desarrollo y la difusión de las tecnologías respetuosas con el medio ambiente».
      El Pacto fue aprobado por unanimidad. Cada una de las empresas firmantes tenía derecho  a hacer constar su adhesión al Pacto en todos los folletos, documentos publicitarios … y apropiarse así del logotipo de las Naciones Unidas.
      “El 24 de junio de 2004, se reunieron en el cuartel general de Naciones Unidas en Nueva York, bajo la presidencia de Kofi Annan, los representantes de las principales empresas transcontinentales firmantes del Pacto Global. Se trataba de realizar un balance de los cinco años anteriores».
«Bajo la presión de las organizaciones no gubernamentales, Kofi Amman presentó una propuesta: ¿no habría que crear un mecanismo internacional de control, una autoridad de vigilancia que se encargase de comprobar si los firmantes hacen uso a su firma y en qué condiciones?  La propuesta fue rechazada por unanimidad». 
      El 24 de septiembre de 2019, el periódico El País publicó, bajo el título Las grandes corporaciones crean alianzas por el clima, una noticia en la que se indicaba que  en un evento paralelo a la cumbre del clima, la consejera delegada del Pacto Mundial de la ONU (Global Compact), Lise Kingo, , «pidió ayer a los emprendedores que se conviertan en activistas». El periodista, autor del texto, escribió: «El 90% de las grandes compañías que integra esta iniciativa entiende que el desarrollo sostenible es clave para su futuro. Pero solo el 20% cree que hace un buen trabajo».
      Sin embargo, en estos momentos ¿cuántas empresas no están cometiendo crímenes medioambientales (ecocidios) ? ¿cuántas  no se sienten responsables de las muertes de activistas que denuncian sus malas prácticas? ¿cuántas no han encontrado –ni están encontrando en la actualidad- obstáculos a la hora de contaminar suelos y aguas?. Etcétera
      No obstante, la situación es tan grave que es de esperar el renacer del Pacto Mundial de la ONU (Global Compact) para que las empresas colaboren en el cumplimento fe los Objetivos de Desarrollo Sostenible y cooperen en la transformación hacia una economía sin carbono.  Es responsabilidad de las empresas, lo mismo que son responsables los ciudadanos, los gobiernos y las instituciones élites del sistema económico.

martes, 14 de enero de 2020

Repensando la economía liberal



Señala  el periodista Miguel A. Garcia Vega, en el artículo citado en la “entrada” anterior que  estamos en un cambio de era, debido al cambio climático.   El capitalismo, hoy, está poniendo en peligro la existencia de la vida en la Tierra. Entre los economistas que piden reformar el capitalismo, García Vega cita  a Joseph Stiglitz con su capitalismo progresista, Thomas  Piketty  con su socialismo participativo, Green New Deal  de Alexandra Ocasio-Cortez y  democracia económica de Joe Guiñan y Martin O´Neill.

Joseph Stiglitz indica, en su libro People, Power and Profits. Progressive capitalism for  an Age of Discontent: "La visión de que el Gogierno es el problema, no la solución, es un error. Al contrario. Muchos de los mayores desafios de nuestra sociedad, como el exceso de contaminación, la inestabilidad o la inequidad han sido creadas por los mercados [...]. Es posible canalizar el poder el poder de los mercados y ponerlo al servicio de la sociedad, [...] es necesario reconocer el papel crucial que desempeña el Gobierno para lograr que los mercados esté al servicio de la sociedad".  Este economista, Premio Nobel, menciona "la necesidad de mitigar el poder de los oligopolios y fortalecer el de los trabajadores" y exigir a los bancos rendir cuentas. En palabras de Garcia Vega, según Stiglitz, "debemos olvidar la fantasía neoliberal de que los mercados sin restricciones traerán properidad para todos". En un artículo, escrito por Stiglitz, que se puede leer en Internet, se indica: "Nos encontramos en esta situación porque olvidamos que la verdadera fuente de la riqueza de una nación es la creatividad y de la innovación de su gente".

El francés Thomas  Piketty propone que la propiedad se vuelva “temporal” y los “bienes y la fortuna circulen de forma permanente”. Plantea que los supermillonarios deberían estar sujetos a un tipo sobre el patrimonio de hasta el 90%, las empresas tendrían que manejarse en términos de cogestión (los trabajadores compartirían el poder) y los jóvenes a los 25 años recibirían algo parecido a una herencia de 120.000 euros. Para más detalles, se puede leer https://www.latercera.com/opinion/noticia/piketty-nuevo-socialismo/828520/.
 En el artículo citado, García Vega recoge la opinión de Carlos Martin, director del gabinete económico de Comisiones Obreras: “Los planteamientos de Stiglitz buscan reequilibrar la balanza, los de Piketty quieren cambiar la historia”. “El economista francés persigue redefinir el concepto básico del sistema capitalista: la propiedad privada. Aspira a transformarla haciéndola temporal, elevando su rotación. Aplica al capital las mismas recetas que éste le ha administrado al trabajo  durante la hegemonía neoliberal”. 


El Green New Deal (Nuevo Acuerdo Verde) de Alexandra Ocasio-Cortez es un ambicioso plan contra el cambio climático de la congresista más joven de Estados Unidos. Es una propuesta elaborada por ella y el senador demócrata Ed Markey para combatir el cambio climático al tiempo que promueve medidas para reducir la desigualdad económica en Estados Unidos.  Presentó un ambicioso –aunque ambiguo-  plan medioambiental hasta 2030 para frenar las emisiones contaminantes y propuso  una transformación en profundidad del  sistema económico norteamericano a través de una reducción drástica de los gases de efecto invernadero, la renovación de las infraestructuras y la apuesta por la eficiencia energética.  El programa presentado aspira a una movilización de recursos sin precedentes desde la II Guerra Mundial y  ha abierto cierto debate sobre el futuro de la economía, el papel de la sostenibilidad y el papel del sector público.  Hay quien piensa que en un contexto como el actual de bajo crecimiento y la alta desigualdad y con la amenaza del cambio climático sobre nuestras cabezas , la propuesta puede ser una oportunidad.

El nombre de “píldoras-para-pensar” que, inicialmente, asigné a las “entradas” a este blog, me indica que debo continuar  el tema de “repensar la economía liberal” . Continuaré en próximas “entradas”.

domingo, 12 de enero de 2020

Sobre la necesidad de repensar la economía liberal


“Es la hora de repensar la economía liberal. Cada vez más economistas piden reformar el capitalismo para que pueda resolver los problemas que él mismo ha generado” es el título de un artículo publicado en el suplemento Negocios de El País del 20 de octubre de 2019, firmado por Miguel Ángel García Vega, periodista especializado en información económica.
El artículo va encabezado por dos noticias. Una de ellas se refiere a la desigualdad en los países desarrollados, parámetro que, se indica, ha aumentado sustancialmente desde mediados de los años setenta en estos países y en una gráfica en la que se muestra cómo ha aumentado  el número de ricos en España desde 2008 a 2017.  La otra se refiere a la cantidad de dinero que las  empresas multinacionales  a paraísos fiscales o territorios de baja tributación, privando así a los países donde están instaladas   de los impuestos que les corresponden.
En el artículo  citado, García Vega escribe: “El mundo habita un gozne de tiempo que llevará al ser humano a un nuevo Renacimiento o a un neofeudalismo. De nosotros depende. Nuestra era barroca dominada por el gasto, los viajes, la inequidad y valorar todo en términos de posesión y dinero ha ido demasiado lejos. El capitalismo actual ha ido demasiado lejos. Está roto, fracturado y sus astillas despedidas como casquillos de bala sobre millones de personas.  […] En vez de prosperidad para todos ha traído bajos salarios, más trabajadores en la pobreza, crisis bancarias, la mayor desigualdad en la historia, populismo y las cenizas de la emergencia climática”.  […]  Y señala que incluso Ray Dalio, fundador del fondo especulativo más rentable del planeta, Bridgewater  Associates, aboga por la necesidad de modificar la forma como funciona, en la actualidad, el capitalismo. Ernesto Sábato escribió: “Hay que cambiar, y hacerlo antes de que llegue el fin”.
Desde luego, son expertos de todo tipo los que señalan la urgente necesidad de transformar  la economía (sobre todo por las implicaciones en el cambio climático y la necesidad de alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible). 
 Garcia Vega recuerda que l novelista Kazuo Ishiguro durante la aceptación del Premio Nobel dijo: “Se han permitido que crezcan enormes desigualdades de riqueza y oportunidades. (…) Y los largos años de políticas de austeridad impuestas a la gente normal después del escandaloso crash de 2008 nos han llevado a un presente en el que proliferan las ideologías de extrema derecha y los nacionalismos tribales.   El racismo está aumentando otra vez, revolviéndose debajo de nuestras calles  civilizadas como el despertar de un monstruo enterrado”.
En varias ocasiones, García Vega señala la responsabilidad de la sociedad, que califica como “un gas inerte y vacío” y recordó   a Frederik Douglas (1818-1895), abolicionista estadounidense, que advirtió:  “El poder no da nada sin exigírselo. Nunca lo ha hecho y nunca lo hará”.  […] “ Hace falta tensar el discurso, sentir el dolor de los millones de personas y entender el planeta con la ambición de cambiarlo”.
Del mismo tema habla Antón Costa, catedrático de Política Económica en la Universidad de Barcelona, en un artículo, “ Otro capitalismo es posible” publicado en el suplemento Negocios de El País del 22 de diciembre de 2019. En ese artículo, Antón Costa indica: “El problema lo tenemos en la mala distribución de la renta y de la riqueza que se genera en el funcionamiento  de la economía, las empresas y los mercados”.  Según él “Aumento de la desigualdad, nuevos monopolios y macrocefalia financiera son tres rasgos definitorios de la economía actual”, algo que indica analiza, junto con Xosé Carlos Arias en La nueva piel del capitalismo.