La sucesión de ataques sobre centrales nucleares, plantas de enriquecimiento de uranio y cetros de investigación nuclear uso civil evidencia la tendencia creciente de involucrar instalaciones nucleares en conflictos armados. Junto con declaraciones reincidentes sobre la posible utilización limitada de bombas atómicas tácticas, representa, además, una normalización peligrosa que alcanza abiertamente a la opinión pública. Algo absolutamente impensable hasta hace muy poco tiempo.
El último tratado de reducción y limitación de armas atómicas entre Estados Unidos y Rusia --conocido com0 New Start ... caducó en febrero pasado, y varios países consideran a las nueve potencias atómicas actuales: Francia, Reino Unido, China, Pakistán, Israel y Corea del Norte, además de los propios EE UU y Rusia. Adicionalmente, varias infraestructuras civiles y energéticas está siendo identificadas como objetivos estratégicos en escenarios bélicos, incluidas algunas instalaciones radioactivas que, en cavo de sufrir ataques, sabotajes o accidentes durante un conflicto, podrían liberar radioactividad, afectando indiscriminadamente a la salud pública y al medio ambiente de varios países. La magnitud de esos posibles escapes radioactivos podría forzar la evacuación de grandes poblaciones, modificando la dimensión estratégica de un conflicto.
Las infraestrucras nucleares civiles ha dejado de estar a salvo al considerarse ahora objetivos de estrategias militares, Este cambio de rol, convertidas ya en plataformas sobre las que proyectar objetivod estratégicos en conflictos bélicos, representa un cambio de paradigma y amenaza el uso pacífico de la energía nuclear. Y plantea, a su vez, el dificil reto de reforzar su protección física. Algo de lo que ya ha tomado nota el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), que trabaja en el desarrollo y adaptación de estándares específicos de seguridad para conflictos armados.
Ni el Protocolo adicional 1 de 1977, que amplía los Convenios de Ginebra de 1949, ni la Convención de 1979 del OIEA sobre la protección física de los materiales e instalaciones nucleares cubren específicamente ataques militares a ese tipo de instalaciones de eso civil, Sin un tratado específico de no agresión a instalaciones nucleares, los recientes esfuerzos de la OIEA para prohibir los ataques armado a infraestructuras nucleares están siendo infructuosos. A pesar del actual declive del orden internacional y de las guerras activas, es urgente que la comunidad internacional empuje en ese sentido. (Fuente: EL PAÍS. 1 de junio de 2026)
Este artículo ha sido escrito por Alejandro Zurita, exjefe de cooperación internacional de investigación nuclear de la Comunidad Europea de Energía Atómica (2008-2016), Pienso que para intender lo que ha escrito este señor deba dedicar la próxima "píldora para pensar" a una noticia titulada La guerra se atreve con las centrales nucleares,
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