Acabamos de pintar un horizonte negro, unas perceptivas funestas para el futuro de la biodiversidad, para el futuro del planeta, si no se toman medidas. Afortunadamente se están tomando medidas. Y para decir que afortunadamente se están tomando medidas. Y hay soluciones. Aunque no sean fáciles y necesiten el concurso y el compromiso de todas las personas del planeta. Este capítulo aborda cómo combinar la conservación de la biodiversidad para el futuro con otros desafíos del siglo, en particular la necesidad de acabar con al hambre y garantizar la seguridad alimentaria y nutricional mundial.
A comienzos de la década de 1920, el joven científico ruso Nikolai Vavilov emprendió un viaje por los cinco continentes para recoger miles de semillas. Su intención era cruzar las variedades agrícolas recolectadas por todo el mundo para ir seleccionando nuevos tipos de cultivos que fueran capaces de producir mejor en cualquier parte de Rusia, desde el desierto a la tundra, y lograr así una transformación radical de la agricultura de su país,
Como resultado de sus innumerables expediciones, Vavilov fue capaz de describir cuales eran los centros de origen de las plantas cultivadas y crear la colección de semillas del mundo en aquella que época, que hoy sigue activa en San Petersburgo, Sus investigaciones estaban basadas no solo en la botánica y ls genética, también en la geografía, la historia y la arqueología.
Hoy (año 2018) se le considera uno de los grandes pioneros de la conservación de la biodiversidad para la seguridad alimentaria. Sin embargo, Vavilov se convirtió en un apestado en tiempos de Stalin. La policía secreta se inventó falsos de sabotaje y espionaje contra él. Y una macabra carambola, el científico que quiso garantizar la alimentación acabó muriendo de hambre en un campo de concentración.
Casi 30 años después de Vavilov, nacía en Estados Unidos Norman Borlaug, Ya desde finales cuarenta su trabajo en programas de investigación desarrollados en Mexico sentò las bases de la llamada revolución verde, un gran salto en la tecnología de mejora y selección de semillas. Las semillas fueron facilitadas libres de cargos a los países en desarrollo. Borlaug continuamente abogó por aumentar la productividad de la agricultura en las mejores de cultivo para ayudar a controlar la deforestación, al reducir la demanda de nuevas tierras demanda de nuevas tierras de cultivo.
Como muchos avances científicos el principal hallazgo de Norman Borlaug es debido a su estilo heterodoxo. El científico pensó que si hacía dos ciclos sucesivos de siembra de trigo por año podía obtener la semilla resistente en solo cinco años en vez de en diez como era el caso para otros programas de mejora. Sembró en sitios distintos y el resultado trajo bajo el brazo un premio; la variedad seleccionada por Borlaug mostraba una magnifica adaptación a casi cualquier clima, altitud y época de siembra, como consecuencia fortuita de haber sido seleccionada en ambientes tan distintos. El trigo de Borlaug se extendió por todo el mundo rápidamente.
Borlaug recibió el Premio Nobel de la Paz en 1970 por su contribución a mejorar la disponibilidad de alimentos en el mundo. Al recibir el Nobel Borlaug contó que el Comité de Premio Nobel de la Paz había seleccionando un individuo para simbolizar el papel vital de la agricultura y la producción de alimentos tanto de pan como de paz.
Todo loanterio es copia del libro de la FAO indicado
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