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domingo, 2 de diciembre de 2012

Sistema económico, capital social y mortalidad

     El catedrático de Políticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra y profesor de Políticas Públicas y de Estudios Políticos de la Johns Hopkins University, Vicenç Navarro, analiza, en un artículo periodístico, las causas de las diferentes cifras de mortalidad entre diferentes grupos sociales.

     Señala que, aunque es verdad que una persona perteneciente al grupo de renta per cápita  mayor vive más años que la que pertenece al grupo de menor renta, no todas las diferencias se explican por el nivel de renta, por ejemplo, "el tercio superior de la población de EE. UU. tiene unos indicadores de salud peores que el tercio inferior de la población con menor renta del Reino Unido" (todo antes de la crisis), a pesar de que el primer grupo, "con un nivel superior de renta tiene unos hábitos de vida semejantes  los existentes en los países europeos y tiene  cobertura sanitaria a través del aseguramiento privado". De éstas y otras observaciones, Vicenç Navarro concluye que el número de años que una persona vive solo parcialmente depende del nivel de renta que la persona tenga y de la posesión de hábitos de vida saludables.

     ¿Cuál es la razón -se pregunta Vicenç Navarro- de esta mortalidad diferencial?

     Según este profesor, hay factores que juegan un papel incluso mayor que la renta per cápita y los hábitos, y entre esos otros factores señala "la sensación de poder controlar el trabajo y la vida de uno mismo". "En realidad, la renta, la educación, el estatus social y otras variables son instrumentos para alcanzar tal sensación de control. Pero esta sensación que se presenta a nivel de cada persona, depende de cómo tal persona se relacione con otras. A mayor sociabilidad y solidaridad, mejor salud. Aquí está la raíz del problema y por tanto la vía para encontrar la solución".

     Señala Vicenç Navarro que el vigente sistema económico, en el que cada persona debe competir con otras, valiéndose por ella misma, con escasa protección social, es una variable que explica la escasa calidad de vida y salud para la mayoría de la población. (En eso concuerda con lo que dice Robert Putman en su libro Solo en la bolera).

     "La prueba empírica de ello es que la mejora de las tasas de mortalidad para todos los grupos en el Reino Unido se ralentizó durante la época de Thatcher", es decir, cuando el actual sistema económico "alcanzó su mayor desarrollo en el Reino Unido". "Las políticas thatcherianas, con reducción de las políticas redistributivas, con énfasis en la competitividad y falta de protección social, responsables del aumento de la inseguridad laboral y el desempleo, crearon un empeoramiento de las tasas de mortalidad en todas las edades y en la mayoría de la ciudadanía. No solo se incrementó la mortalidad diferencial entre ricos y pobres, sino entre todas las clases sociales".

     En conclusión, en opinión de Vicenç Navarro, para mejorar las tasas de mortalidad "lo que se requiere son programas altamente redistributivos que mejoren la calidad de vida de la mayoría de la ciudadanía, disminuyendo las distancias sociales y aumentando la solidaridad y la cohesión social".

     En la actualidad y en España, se observa un gran aumento de la solidaridad, que difícilmente puede contrarrestar, la parte negativa del sistema económico-social, que se está imponiendo.  En general, se augura un importante "empeoramiento de la tasa de mortalidad". ¿Se podría clasificar eso de crimen contra la Humanidad?

2 comentarios:

Elemento Cero dijo...

La renta no determina en absoluto la calidad de vida; hay que tener en cuenta que, hoy por hoy, el mundo está igual de contaminado en todas partes y los productos consumidos son los mismos para ricos y pobres -relativamente hablando, se entiende-. A ello hay que añadirle la polución, los químicos en el aire y el agua, etc., que tampoco hacen distinciones entre plebeyos y nobles. Solo restaría referirnos al nivel de estrés de cada estrato social, pero en un mundo de prisas y carreras, volvemos a lo mismo: no se libra nadie.

No obstante, una salud delicada y propensa a las enfermedades es muy lucrativa para las empresas privadas de sanidad, para las farmacéuticas. Explotados ya todos los negocios posibles, solo quedaba el propio cuerpo humano, y eso están haciendo: nos envenenan por un lado, nos venden la cura por el otro. Pero no hay salvación para una sociedad enferma, no mientras no acepte sus verdaderos errores y trate de remediarlos.

Un saludo.

Juliana Luisa dijo...

En efecto, la salvación está en aceptar que hemos cogido un camino que nos lleva al precipicio. Cada vez con más frecuencia se menciona la necesidad de un cambio total de mentalidad.
En cuanto a lo que indica Vicenc Navarro nunca hay que olvidar el componente psicológico de cualquier enfermedad.

Un saludo