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viernes, 21 de julio de 2017

"Peticiones" del FMI



Me he enterado, gracias al El País del 19 de julio de 2017, de que el “FMI pide contener las pensiones para repartir el ajuste entre generaciones”. Desde mi punto de vista, después de observar las consecuencias que, para multitud de personas inocentes, han tenido las indicaciones dadas para resolver el problema de la recién crisis financiera, conviene analizar despacio sus recomendaciones.
Para empezar conviene saber no solo que el FMI es una institución internacional ademocrática, sino también cómo funciona. Para esto último he consultado el libro El malestar en la globalización de Joseph E. Stiglitz, Premio Nobel de Economía y, lo que es más importante, testigo en primera línea de las actuaciones del FMI.
En primer lugar, Stiglitz se queja de que, siendo el FMI una institución pública, todo en ella es secreto. “El apego del FMI al secreto es natural”, (2002:284). Refiriéndose a la crisis de 1997, Stiglitz (201:285) dice que si las medidas y políticas aplicadas “hubieran estado sometidas a procesos democráticos convencionales, y si hubiese habido un debate cabal y abierto en los países en crisis”, es posible que jamás hubieran sido adoptadas y que hubieran aparecido otras políticas mucho más sensatas. Según este economista: “Dicho discurso abierto no solo habría expuesto los deficientes supuestos económicos sobre los que se basaban las prescripciones políticas, sino que habría revelado que los intereses de los acreedores estaban situados por delante de los de los trabajadores y pequeños empresarios. Había rumbos alternativos, en los cuales el riesgo soportado por estos grupos menos poderosos era menor, y esos rumbos alternativos podrían haber recibido la consideración que se merecían”.
Stiglitz añade: “Incluso cuando las políticas no obedecen a intereses especiales, el secreto engendra sospechas –sobre los intereses realmente favorecidos- y tales sospechas, aunque sean infundadas, socavan la sostenibilidad de las política”.  Surgen las protestas.
Muy importante me parece  lo que dice Stiglitz sobre el hecho de que “el secreto socava la democracia”. No puede haber responsabilidad democrática, si no se está adecuadamente informado.
Otra característica del FMI, relacionada con su apego al secreto, y mencionada también por Stiglitz,  es que, demasiado a menudo, sustituye la ciencia económica por la ideología, una ideología que a grandes rasgos se ajusta a los intereses de la comunidad financiera.   Por eso el FMI jamás discute las razones de las políticas que recomienda, prefiere proyectar una imagen de infalibilidad. 
Es recomendable, como indiqué al principio, analizar despacio qué es lo que el FMI recomienda en relación con las pensiones, sin olvidar que para hacer frente a la crisis, además de austeridad financiera, recomendó reformas estructurales (privatizaciones) en educación, sanidad y pensiones. Las pensiones son un magnifico negocio para el sector financiero y no ofrece ninguna seguridad para los pensionistas. Un problema adicional es si el FMI permitirá que el gobierno español adopte una solución distinta a la, por él, "recomendada".

martes, 18 de julio de 2017

Ecocidio



A raíz de un artículo, “Contra la impunidad del ‘ecocidio’, publicado en El País del 17 de julio último me ha enterado que cada vez se puede estar más cerca de la creación de un Tribunal de Justicia Universal que castigue los delitos contra el medio ambiente. En septiembre de 2015, juristas de todo el mundo encabezados por el exjuez Baltasar Garzón abogaron en Buenos Aires por que el concepto de justicia universal no solo persiga matanzas y genocidios  sino también delitos económicos, financieros y contra el medio ambiente, que también cuestan vidas humanas. (El País, 10 de septiembre de 2015, “Hacia una justicia universal más amplia”). Era el segundo Congreso de jurisdicción universal que organizaba la Fundación de Baltasar Garzón: el primero fue en Madrid en 2014.
En el artículo “Contra la impunidad del ecocidio” se indica que la Fundación Internacional Baltasar Garzón y la Universidad de Jaén han celebrado los días 13 y 14 de julio, en el municipio jienense de Torres, un curso de verano sobre “Crímenes medioambientales. Mecanismos de lucha contra el ecocidio y otros crímenes contra la naturaleza”.
“Ecocidio” es una palabra que se refiere a los crímenes medioambientales. Todavía no ha sido recogida por el Diccionario de la Lengua Española (DEL). A pesar de eso en 1984, Fernando C. Césarman publicó un libro titulado Paisaje roto, la ruta del ecocidio” y, en 1996, El ecocidio permitido; y, en 2005, Franz J. Broswimmer,  investigador del Centro de Estudios sobre la Globalización de la Universidad de Hawai, escribió  Ecocidio un libro que ha sido traducido a varios idiomas.
Según el artículo citado, una de las participantes en el curso de verano fue Polly Higgins, abogada escocesa, una de las letradas ambientalistas internacionales más reconocidas, quien recordó que cuando, en 1996, se estaba discutiendo  la redacción del Estatuto de Roma (firmado en 1998), los borradores incluyeron un apartado sobre crímenes medioambientales, pero que, al  final, esos crímenes fueron eliminados del Estatuto de Roma. Higgins achaca su desaparición a “las presiones” de varias potencias y de grandes corporaciones multinacionales dedicadas a la agricultura, la energía nuclear y los combustibles fósiles. “Nos toda ahora incluir aquello que se perdió en el Estatuto de Roma”, propuso esta abogada.
El autor del artículo recuerda los vertidos de Texaco (que ahora forma parte de la estadounidense Chevron) en la Amazonia ecuatoriana entre 1964 y 1992. Unas 500.000 hectáreas y la salud de miles de personas se vieron afectadas por los continuos vertidos de residuos durante las actividades extractivas de petróleo que llevo a cabo Chevron, junto a la empresa nacional de hidrocarburos. Un grupo de indígenas ha mantenido una larga guerra en los tribunales. Con la inclusión de los crímenes medioambientales en el Estatuto de Roma, con el que se creó la Corte Penal Internacional, se logrará justicia y reparación en este y otros muchos casos similares.
 Una de las múltiples señales de que los ciudadanos no pertenecen pasivos qnte estas injusticias lo constituye la campaña emprendida por WeMove.E, un movimiento ciudadano por "una Unión Europea comprometida con ls justicia social y económica, con la sostenibilidad ambiental y la democracia ciudadana y participativa". Una de las actividades de ese movimiento ha estado relacionada con el hecho de que la ropa de conocidas marcas como Zara y H&M tiene claros vínculos con las fábricas de producción de viscosa en Asia que provocan una contaminación devastadora del agua y del aire. Este movimiento considera que, como consumidores europeos, debían pedir a estos gigantes de la moda una política inmediata de contaminación cero, que trabajen por una transición hacia tecnologías limpias, y que, en los casos en que los fabricantes se nieguen a cumplir dichas condiciones, dejen de abastecerse con sus productos. Es solo un ejemplo.

viernes, 14 de julio de 2017

Formas de vida y cambio climático



Heinrich Böll, escritor alemán, Premio Nobel de Literatura 1972, escribió, en 1963  para un programa de radio, la que se considera una de sus mejores historias: Anécdota sobre la propiedad reducida.
A esa obra pertenecen los párrafos que presento a continuación.
“Un turista se fija en la encantadora escena de un pescador, vestido umildemente, que sestea apoyado sobre un bote de remos varado en la arena en una playa esplendorosa. Lo fotografía, le ofrece un cigarrillo y entablan conversación:
”–Hace muy buen tiempo, seguro que hay mucha pesca, ¿qué hace usted durmiendo en lugar de salir al mar y pescar?
”–Ya pesqué lo suficiente esta mañana.
”–Pero imagínese –replicó el turista– tres o cuatro veces al día capturando tres o cuatro veces más de pescado. Después de un año podría comprarse una lancha a motor; después de dos años, otra más; después de tres años podrían ser ya uno o dos barcos de pesca de buen tamaño. ¡Imagínese! Algún tiempo después podría construir una fábrica de congelados o una planta de salazones, más adelante incluso volaría en su propio helicóptero para localizar los bancos de pesca y guiar a sus barcos hacia ellos, o quizá poseería su propia flota de camiones para llevar el pescado a la capital y entonces…
”–¿Y entonces? –pregunta el pescador.
”–Entonces –culmina el turista en tono de triunfo– podría estar sentado tranquilamente en la playa, echar un sueñecito al sol y contemplar la belleza del océano.
”El pescador le mira:
”–Eso es exactamente lo que estaba haciendo antes de que usted apareciese por aquí”
En la historia se dice que, al final, el turista se marcha andando pensativo, sin compadecerse por el pescador pero con algo de envidia en el fondo.
Se trata de dos formas de vida, dos culturas, distintas.  El cambio no se produjo de forma espontánea. Más bien al contrario. Los economistas de fin de siglo XIX observaron que los trabajadores se conformaban con ganar lo justo para vivir y para permitirse algunos pequeños lujos básicos, y que preferían tener más tiempo de ocio en lugar de ingresos adicionales como consecuencia de una mayor cantidad de horas de trabajo. Ello se convirtió en una gran preocupación para los hombres de negocios cuyos almacenes se llenaban de cosas fabricadas.
Los líderes empresariales se dieron cuenta de que había que cambiar la psicología de los trabajadores. No era tarea fácil: había que conseguir que la gente “quisiese” cosas que nunca antes había deseado. Y como el planeta Tierra es finito, hemos llegado a donde estamos: una profunda crisis ecológica que si no solucionamos pronto más que tarde puede causarnos muchos problemas a nosotros y, sobre todo, a  nuestros  descendientes  
Los párrafos de Heinrich Böll, que he presentado, están extraídos del libro, disponible en Internet,  La gran encrucijada. Sobre la crisis ecosocial y el cambio de ciclo histórico, de Fernando  Prats, Yayo Herrero y Alicia Torrego (coords.), 2016, Libros en Acción de la editorial de Ecologistas en Acción.

martes, 11 de julio de 2017

Naciones y cambio climático



El cambio climático, debido a la concentración, en la atmósfera, de gases de invernadero, es un problema mundial de extrema importancia. Este fenómeno conduce a una elevación de la temperatura de la superficie de la tierra y de los océanos, lo cual tiene numerosas y  muy complejas consecuencias sobre otros aspectos del clima: precipitaciones, tormentas, disponibilidad de agua potable,  desaparición de especies animales, aumento de la transmisión de enfermedades, etcétera.

Los especialistas no se casan de repetir que si no hay un cambio radical por parte de la comunidad internacional, el cambio climático puede poner en peligro, desastrosa y perennemente, el bienestar de las futuras generaciones.
Muy importante es tomar conciencia de que el cambio climático es debido a la acción humana y, por tanto, solo el ser humano puede corregirlo. Jean Tirole, Premio Nobel de Economía 2015, en el capítulo “El desafío climático” (2017: 217-252),  de su libro  La economía de bien común, señala “a pesar de la acumulación de pruebas científicas sobre el papel de la especie humana en el cambio climático, la movilización internacional sobre este tema es, en la práctica, decepcionante”.
   En el mismo capítulo, este economista indica que “en economía, el cambio climático se presenta como un problema de bien común”.  A este respecto, conviene recordar que son bienes comunes de la humanidad aquellos bienes -algunos de ellos recursos naturales renovables- de los que podemos disfrutar todos, incluso las generaciones venideras, pero que, sin embargo, no pertenecen a nadie. El aire es un bien común, lo mismo que el agua, los recursos marinos, las semillas, la belleza de un paisaje, el conocimiento, etc. También conviene recordar quepara el actual sistema económico-social, estos bienes son una mercancía.
En el capítulo citado, Tirole analiza las razones del fracaso de todos los intentos realizados para hacer frente al cambio climático a través de protocolos o acuerdos entre naciones soberanas. Señala que “se trata de un importante problema mundial que se ha demostrado que no puede ser resuelto en el marco de las naciones-Estado”.
En 1968, en la revista Science, el biólogo Garret Hardin publicó un ensayo, La tragedia de los comunes, citado por Jean Tirole, en el que pone de manifiesto que la forma de gestión de los bienes comunes, que propugnan los fundamentalistas del libre mercado no es la adecuada, porque conduce al agotamiento de esos bienes, en este caso, destrucción del hábitat, en la actualidad ocupado por la especie humana. Tirole cita también los estudios de la economista  Premio Nobel de Economía 2009, Elinor Ostrom, estudios que le permitieron diseñar la forma correcta de gestión de los bienes comunes. No sé cuál es la razón por la cual este economista indica que ese modo de gestión no es posible en el caso del cambio climático.
Según Tirole, ”puesto que “los países encontrarán siempre un montón de excelentes excusas para no respetar sus compromisos” propone acudir a la OMC o al FMI, aunque señala “que quede bien claro que soy consciente del riesgo de daños colaterales que puede entrañar vincular una política climática a unas instituciones internacionales que, mal que bien, funcionan” (2017:250).
Me pregunto: ¿Por qué Tirole no piensa en la posibilidad de hacer uso de la inteligencia colectiva y de globalizar la democracia? Atribuyo este fallo a una excesiva especialización, fenómeno puesto de manifiesto hace años.
Para terminar, recuerdo las siguientes expresiones de Federico Mayor Zaragoza, en defensa de un gobierno mundial realmente democrático: “Nadie tiene derecho a arrogarse el destino común, todo está por hacer y todo es posible”; “El dominio de los pocos sobre los muchos ha concluido”; “Solo juntos, aunque muy diversos, podremos cambiar el curso de los acontecimientos”.