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martes, 16 de noviembre de 2021

Agricultura insostenible. El glifosato

 En la carta que recibí de la ONG Movemos Europa el día 8 de noviembre de 2021 solicitaban mi apoyo a la petición de la Unión Europea del prohíba la venta y uso del glifosato, pesticida fabricado por  Bayer-Monsanto. La carta empieza con la siguiente afirmación: “El pesticida de Monsanto que está acabando con las abejas se resiste a desaparecer”.  

En palabras de un especialista de Greenpeace España,  “está demostrado que “el uso de glifosato tiene graves impactos en el medio ambiente, puesto que contamina los suelos y el agua y afecta a otros seres vivos (organismos acuáticos desde algas microscópicas hasta peces y moluscos, pasando también por las ranas y sus renacuajos, y organismos del suelo, como las lombrices de tierra, fundamentales para mantener e incrementar la fertilidad del suelo). Por último, el uso del glifosato también reduce la diversidad y cantidad de especies vegetales y por ello puede afectar a seres vivos cruciales para la agricultura, como son los polinizadores”.

Después de esa afirmación sobre las abejas, un muy conocido polinizador, Movemos Europa indica en esa carta: “Los grupos de presión de Bayer-Monsanto están bombardeando al conjunto de líderes de la Unión Europea con estudios sesgados (que, sorpresa, apoyan sus argumentos)”. 

Movemos Europa  pide “toda la participación toda la participación ciudadana posible” para hacer frente al “juego sucio” que está realizando Bayer-Monsanto “para mantener en el mercado europeo su herbicida tóxico, el glifosato. “Nuestra comunidad puede luchar por un futuro libre de pesticidas si presiona a Francia en un momento muy delicado de la presidencia de Macron”. 

Con anterioridad, Movemos Europa había protestado contra la fabricación y uso `por Bayer-Monsanto del glifosato, porque había sido clasificado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como “probablemente cancerígeno para los seres humanos”.  En una ocasión anterior lucharon contra la megafusión Bayer-Monsanto Movemos Europa afirmo que para “convertirse en una de las mayores multinacionales agroquímicas. Juntos controlarán en gran medida lo que se cultiva en nuestros campos y, en definitiva, lo que terminará en nuestros plantos”.  Lamentablemente, en este caso, no consiguieron nada. 

Dentro de la Agenda 2030 existe varios objetivos relacionados con ese tema: el Objetivo de Desarrollo Sostenible 2  (“Poner fin al hambre, lograr la seguridad alimentaria y la mejora de la nutrición y promover una agricultura sostenible”;  Objetivo de Desarrollo Sostenible 3 (“Garantizar una vida sana y promover el bienestar en todas las edades”); Objetivo de Desarrollo Sostenible 9  (Construir   infraestructuras resilientes, promover la industrialización inclusiva y sostenible y fomentar la innovación”); Objetivo de Desarrollo Sostenible 15 “Proteger , restablecer y promover el  uso sostenible de los ecosistemas terrestres, gestionar los bosques de forma sostenible, luchar contra la desertificación, detener e invertir la degradación de las tierras y poner freno a la perdida de la diversidad biológica”.

 

 

 

 

 

viernes, 12 de noviembre de 2021

Saltan las alarmas del consumo

 Dentro de poco estamos en las fiestas de Navidades y Reyes Magos. Ya estamos pensando en los regalos.  ¿Hay, en de la Agenda 2030, algún Objetivo de Desarrollo Sostenible relacionado en el consumo? Sí, el ODS 12 trata de “garantizar modalidades de consumo y producción sostenibles”.  ¿Es sostenible nuestra actual modalidad de consumo?  Vamos a pensarlo.

Para las personas ricas la oferta de bienes es extensa e intesiva a la vez, con un único requisito: tener suficiente poder adquisitivo. Pero, hay que tener en cuenta que el planeta Tierra en que vivimos tiene una limitada de  recursos; no puede soportar el riesgo que significa la extensión del consumismo occidental universalmente: los riesgos ambientales son insoportables para el planeta. Es insostenible. Se trata de que todos podamos acceder a un bienestar imorescindible que, garantizando universalmente la dignidad humana, no ponga en riesgo la sostenibilidad del planeta. Dice Luis Fernando Crespo Zorita (Las Rozas, Madrid) en una carta a la directora del periodico El País, "Dignidad y Tierra son los dos objetivos".

La “dignidad” que menciona  Luis Fernando está relacionada con en el proceso de humanización que caracteriza al Homo Sapiens y teniendo en cuenta que la ética es el parámetro utilizado para medir el estado de dicho proceso, es interesante y oportuno consultar el libro de Adela  Cortina,  catedrática de Ética en la Universidad de Valencia,    Ética del consumo (2002,  Taurus). No he tenido tiempo para leer ese libro y y, por ahora, me  conformo con “resumir” un artículo escrito por esta catedrlatica, “Ética del consumo”, publicado en el  periódico  El País el 21 de enero de 1999.

Dice Adela Cortina  que la “ética del consumo” es un saber “capaz de defender con argumentos que hay formas de consumir más éticas que otras”.  En este sentido, distingue entre dos tipos de necesidades -verdaderas y falsas- que los individuos intentan satisfacer al consumir. "Verdaderas" son las necesidades vitales, como alimentación, vestido o vivienda; "falsas" son las que determinadas fuerzas.

Y, por otra parte, según ella, el consumo tiene que ser universalizable y no quedar excluidos cuantos carecen de la capacidad adquisitiva indispensable.  Por otra parte, quienes sí gozan de esa capacidad adquisitiva no siempre tienen información suficiente para realizar "votaciones" realmente libres. La libertad exige no sólo capacidad de opción sino información acerca de las opciones.  El consumo debe ser justo y propiciar a las personas una vida buena.

Será justo,  si las personas están dispuestas a aceptar consumir los productos que todos los seres humanos puedan consumir y que no dañen ni al resto de la sociedad ni al medio ambiente. Ahora bien, los consumidores carecen de la información necesaria sobre las consecuencias de los productos para el conjunto de la sociedad y para el entorno, razón por la cual es preciso complementar esta dimensión individual de la ética del consumo con una institucional. El consumidor necesita que le asesoren sobre la naturaleza de los productos, sobre la relación calidad-precio y sobre las consecuencias para él, pero también sobre las consecuencias que tiene el consumo de determinados productos en el conjunto de la sociedad y en el medio ambiente.

Por eso, de la misma forma que existen organizaciones preocupadas por el "comercio justo", urge crear y fomentar organizaciones preocupadas por el "consumo justo", preocupadas por advertir qué productos originan un daño social y están, por tanto, vedados a una sociedad que se pretenda justa.

Convendría cambiar ese estúpido chip, empeñado en identificar la felicidad con el onsumo indefinido de productos del mercado, por una cultura de las relaciones humanas, del disfrute de la naturaleza, del sosiego y la paz, totalmente reñida con la aspiración a un consumo ilimitado. Afortunadamente, estas formas de vida con calidad pueden universalizarse. En hacer que lleguen a todos los seres humanos estriba la más radical de las revoluciones pendientes. 

Si es preciso pensar otra globalización, una globalización sostenible y más humana,  cambiar las formas de consumo es una de las primeras asignaturas pendientes.