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lunes, 8 de octubre de 2012

Aporofobia

     Aporofobia es una palabra que, por ahora, no figura en el diccionario de la lengua española, pero que propone Adela Cortina, catedrática de Ética y Filosofía Política en la Universidad de Valencia y presidenta de la Fundación ETNOR, basándose en que la "Real Acadenia Española de tanto en tanto introduce en su diccionario nuevos términos por razones diversas", entre las cuales la más poderosa es que la palabra propuesta "designe una realidad tan efectiva en la vida social que esa vida no pueda entenderse sin contar con ella". Por analogía con otras palabras, en el diccionario de la Real Academia, se podría encontrar: aporofobia (del gr. á-poros, pobre, y fobéo, espantarse) f. Dícese el odio, repugnancia u hostilidad ante el pobre, el sin recursos, el desamparado.

     Porque, salvo en muy contadas ocasiones, los pobres no son culpables de ser pobres y, principalmente, porque nadie puede elegir el lugar de nacimiento -el lugar de nacimiento es más misterioso que el de la muerte-, es  de justicia proporcionar a estos ciudadanos la atención necesaria para que, el menos los niños, puedan desarrollar todas sus potencialidades como seres humanos. Para un país, no obrar de esta manera es, además de injusto, antieconómico, pues pierde las aportaciones futuras de talentos que quedan sin cultivar plenamente.

    ¿Por qué dice Adela Cortina que la vida en nuestro país -un país que se considera civilizado- la vida no puede entenderse sin contar con la palabra aporofobia?

     La realidad se encuentra en el injusto e inhumano vigente sistema económico, cuyo único objetivo, por encima del desarrollo humano, es el crecimiento económico. Un sistema en el que la economía carece de ética; en el que ni los gobiernos ni nadie debe entrometerse en la libertad absoluta de movimientos para las operaciones de mercado; que ha decretado que todo, incluso derechos humanos como son la salud y la educación, deben ser objeto de compra-venta, es decir, sean mercancía, ...

    En palabras de Adela Cortina, "esto [la aporofobia] sucede en el ámbito de la economía, en el que buena parte de la humanidad queda excluida de consumir productos básicos para la supervivencia, sencillamente porque no interesa lo que podría ofrecer a cambio. El libre mercado, dice la teoría clásica, garantiza mayor soberanía para el consumidor. Lo que no aclara a renglón seguido es que merece el título de consumidor quien puede pagarse el consumo, quien presente una demanda solvente, porque es éste un juego de toma y daca, en el que ejerce su libertad no el que quiere sino el que puede".

     El sistema, al principio, anunció toda clase de beneficios, pero, durante todo el tiempo que lleva en funcionamiento, ha puesto de manifiesto la necesidad de modificar algunos de sus aspectos para hacerlo más justo y más humano. Es lo que se llama cambio de paradigma,

     Sin embargo, este cambio de paradigma presenta grandes dificultades, porque tropieza con un grupo que, aunque pequeño -alrededor del 1 por ciento de la población mundial-, goza de un gran poder al amparo de gobiernos que, por razones puramente egoístas, son partidarios de la inalterabilidad de ese sistema económico y practican la aporofobia en su actividad política.

    A pesar de todo, la historia demuestra que el ser humano no es domesticable, que ha tropezado con obstáculos, incluso mayores, y en todos los casos ha salido fortalecido, ha ganado en humanización. Todos somos responsables.

5 comentarios:

Elemento Cero dijo...

Una palabra interesante que deja patente una situación calamitosa, que ojalá consigamos superar en poco tiempo. La verdad, yo para definir el sistema actual emplearía términos del estilo de "suicidio, antihumanismo, terrorismo financiero, monstruosidad, etc.". La crudeza de este juego en el que prima el capital está consiguiendo que dejemos de ser humanos; nos ha convertido en máquinas sin sangre en las venas. Muy triste.

Un saludo.

Camino a Gaia dijo...

A poco que profundicemos en el marco conceptual, es el mismo que el fascismo.
Lo que caracteriza a las víctimas del fascismo es su indefensión, pero también el ser los chivos expiatorios de las responsabilidades de los poderosos.
Resulta indignante la campaña de criminalización de las víctimas de los recortes del gobierno, usando para ello TVE, la televisión pública que pagamos todos y que se ha puesto al servicio del crimen económico organizado que nos gobierna.
Un saludo.

Arcadio R. C. dijo...

En el capitalismo liberal la pobreza se explica por una supuesta incapacidad de los sujetos para prosperar, de modo que el pobre no es más que un fracasado. Analizado así el asunto la conclusión es que los pobres son merecedores de la caridad, porque son seres humanos, pero no de programas gubernamentales en sanidad, educación, empleo, etc. que gasten de los impuestos que aportan los que sí que tuvieron éxito, porque eso sería “injusto” y rompería el equilibrio que marca la naturaleza al seleccionar a los mejores y rechazar a los incapaces. Esto es lo que quería decir Romney cuando en el debate con Obama rechazó la idea de que EE.UU. alcanzará un gasto gubernamental (se entiende que en programas sociales) como España, llevándolo a la ruina. De esta ideología nace necesariamente una ética que desprecia, rechaza y teme a los pobres.
Saludos.

Juliana Luisa dijo...

¿Qué puedo decir? En líneas generales, estoy de acuerdo con vosotros. Pero en la comparación con el fascismo, hay que recordar la oportuna y célebre pregunt de Karl Jaspers: ¿Fueron todo los alemanes cupables de las atrocidades del régimen nazi?. El régimen nazi no hubiera funcionado si la población, unas veces, de forma activa y, otras, pasiva no hubieran colaborado en el mismo.

Muchas gracias por vuestras colaboraciones: me son muy útiles.

Un saludo

Lorenzo Garrido dijo...

Me ha gustado mucho la reflexión de Arcadio. Precisamente los argumentos que da los oí el otro día en la cantina del lugar donde trabajo. La discusión terminó a gritos porque a mí este argumento me pone de los nervios, 'que el pobre es culpable de su pobreza', eso es lo más fácil de decir cuando uno está al otro lado y cubriéndose de arrogancia juzga con desprecio a quien no ha 'llegado a ser tan rico como ellos'.