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martes, 9 de julio de 2019

Crímenes medioambientales-2


Junto a los crímenes medioambientales están las amenazas, encarcelamiento o asesinatos de periodistas, por el hecho de publicar, en la prensa local, crímenes medioambientales cometidos por empresas occidentales  en países en desarrollo. El 31 de octubre  de 2017, Reporteros Sin Fronteras (RSF) y Freedom Voices Network crearon Forbidden Stories (Historias Prohibidas), un consorcio, sin ánimo de lucro, cuya misión es el seguimiento y la publicación del trabajo de esos periodistas. Bajo la coordinación de este consorcio, treinta medios de todo el mundo procedentes de otros tantos países se han unido para investigar juntos estos escándalos medioambientales. El País se ha sumado a esta una alianza.  El proyecto, de nombre Green Blood (Sangre Verde), se define bajo el lema:  “Silenciaron a los periodistas. Pero no silenciaran las historias”.
Hasta ahora, esos treinta medios han investigado de forma conjunta los escándalos en los que la prensa local ha sufrido censura y violencia. La minería de arena en India, del níquel en Guatemala y del oro en Tanzania han sido el objetivo de estas investigaciones que El País, junto con el resto de miembros del proyecto Green Blood,  han divulgado en los países a que pertenecen. (El País 18, 10 y 20 de junio de 2019)
El proyecto Green Blood casi acaba de empezar y, supongo, que con limitados recursos económicos (Forbidden Stories es un consorcio, sin ánimo de lucro), pero  ¿qué pensar de la destrucción de la Amazonía, uno de los más importantes pulmones de la Humanidad  o   el bosque de Bralowieza (Polonia), Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO?  Lo único que se interpone entre los árboles y las taladoras es la voz de la gente.  
La  Organización No Gubernamental (ONG), WemoveEU,  ha pedido a los ciudadanos europeos que actúen para que dejen de funcionar importantes empresas textiles con claros vínculos con las fábricas de viscosa en Asia, que provocan una contaminación devastadora del agua y crean problemas de salud de las personas.    
Y ¿qué pensar de las atrocidades que cometen en el Congo los traficantes de coltán, que los países desarrollados utilizan para fabricar móviles y tabletas? (Se aconseja leer “Una luchadora contra la tecnología de sangre”, El País, 24 de junio de 2019).
Son únicamente unos pocos ejemplos de cómo la búsqueda de materias primas en países con peores condiciones laborales y menores controles ambientales están llevando a abusos ecológicos de todo tipo. Es así como grandes empresas están obteniendo materias primas básicas para la tecnología, electrodomésticos, teléfonos móviles y, en general, productos que se venden en occidente. Algunas de esas empresas utilizan otras interpuestas para evadir los certificados de respeto al medioambiente.
El problema es mucho más importante de lo que parece: nos conduce directamente al precipicio. Nuestros descendientes no tendrán aire puro para respirar, ni agua limpia para beber, ni suelo fértil para cultivar alimentos.                                                                                                                                                                                  

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