En la Agenda 2030, el Objetivo de Desarrollo Sostenible 10 pretende terminad
con la desigualdad dentro de un mismo país y entre países. De la desigualdad en
un mismo país hable, muy brevemente, en este
blog, en la “entrada” del dia . Ahora,
después de leer un artículo de opinión de Sami Naïr “Jugarse la vida en las
fronteras” (5 de noviembre de 2021), me parece oportuno hablar de inmigración,
porque es un fenómeno consecuencia de la desigualdad entre países que es
necesario corregir.
A hablar de inmigración he dedicado en este blog más de una “entrada”.
Por otra parte, creó conveniente mencionar ir sobre el origen de esa
desigualdad. En 2002, Thomas Homer-Dixon, director del Centre for the Study of
Peace and Conflict en la Universidad de Toronto, reconocido internacionalmente
por explorar los vínculos entre la posesión y recursos naturales y la
violencia, en los países menos desarrollados, es autor de un libro titulado El vacío de ingenio. ¿Podremos resolver los
problemas del futuro?
En ese libro, Homer-Dixon señala que mientras los biólogos y científicos
que trabajan en áreas afines declaran que el problema más importante al que se
enfrenta la humanidad es el hecho de que
los recursos naturales son finitos, se encuentra otras personas –a las que
llama optimistas económicos- cuya
opinión es que no existe tal limitación, pues el ingenio y la humanas pueden
resolver los problemas que surjan.
Explica que a diferencia de la
primera corriente de pensamiento, que prevalece en los medios de comunicación
de masa y los movimientos ecologistas, la creencia defendida por los optimistas económicos guía a la
Organización Mundial de Comercio (OMC), al Banco Mundial y a otros organismos
dirigentes del actual sistema económico-social y aparece en influyentes libros,
periódicos y revistas de orientación empresarial. Y señala que, aunque estas
personas -optimistas económicos- suelen aceptar que la escasez severa paralizó
algunas sociedades preindustriales, sostienen que los factores limitadores fueron,
en realidad, la falta de conocimiento y la ausencia de instituciones adecuadas.
Señala Homer-Dixon: “Si bien es cierto que el ingenio humano ha
encontrado sustitutos para algunos recursos,
también es cierto que los optimistas económicos hacen un uso selectivo
del ingenio humano. En unos casos, ya conocen sustitutos de algunos recursos,
pero no los usan; y, en otros, sencillamente, carecen de esos sustitutos; en
cualquier caso, prefieren acudir a las reservas existentes en los países pobres”.
En su opinión: “Si es ilimitada la capacidad de sustitución de los
recursos naturales, ¿por qué los países ricos, teóricamente, con más
conocimientos que los países pobres, no empiezan ya la sustitución de los
recursos que no tienen en su territorio, por otros que cumplan la misma
función? Por ejemplo, ¿por qué, sabiendo
los problemas que plantea el comercio de diamantes no se fabrican y ponen de
moda otras piedras igualmente bellas?, ¿por qué no fabrican los teléfonos móviles,
ordenadores, consolas de videojuegos sin tener que emplear tántalo, algo que se
obtiene del coltán, extraído de minas existentes en el Congo, con el agravante
de que ello no mejora la vida de las personan que viven en ese país, porque la
extracción del coltán está relacionada con guerras, muertes y trabajo infantil
o en régimen de esclavitud. ¿Dónde está eso de hacer un buen uso, del ingenio
humano?
Paul Collier, Director del Centro de Estudios Africanos en la Universidad
de Oxford, en su libro El club de la miseria. Qué falla en los
países más pobres del mundo, señala basta que basta que un país sea rico en
recursos naturales para que pertenezca en el “club de la miseria”.
Por otra parte, hace unos días, en
un artículo, “Pequeña historia de Haiti” publicado en la revista cultural
digital Amanece Metrópolis, el día 12 de octubre de 2021, señale por qué abundan tanto los haitianos que
intentan entrar en Estados Unidos. Todo empezó cuando la empresa estadounidense
Rice Foods pidió al entonces presidente de Estados Unidos que obligase a Haití
a bajar los aranceles comerciales establecidos por la OMC. Expongo en ese
artículo cómo esa bajada de los aranceles sumió a Haití en la pobreza, de la
que aún no ha podido salir.
En el artículo “Jugarse la vida en
las fronteras”, Sami Naïr habla de las
fronteras que impiden la entrada a los distintos Estados que forman parte de la
Unión Europea, Sami Nair escribe: “Tras años de promesas de una política común
europea inmigratoria y de fracasos reiterados sin seguir un proyecto que respete la dignidad humana, se
ha ido apuntalando en el tiempo un
estado de suspensión de derechos en las fronteras interiores y exteriores, que
se aproxima al estado de naturaleza en el que los seres humanos son cazados, despreciados,
apresados y expulsados, sin mas
perspectiva que reproducir esta misma situación.
Sin duda, el capitalismo es un sistema inhumano que nos está llevando al
precipicio. Solo nos pueden salvar los Objetivos de Desarrollo Sostenible
recogidos en la Agenda 2030.