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martes, 21 de agosto de 2012

Sanidad. Una mercancía (Continuación)

     Si la sanidad es una mercancía y de las mercancías se encarga la Organización Mundial de Comercio (OMC), conviene repasar, aunque solo sea muy brevemente, lo que esta organización dice acerca de este tipo de mercancías.

     En un informe que recoge el contenido de una reunión del consejo de servicios de la OMC, celebrada en1998, en la que se deliberó sobre la salud y los servicios sociales, se concluyó que estos sectores, a pesar de la "implicación sustancial" de los gobiernos (son servicios públicos de los que no se puede excluir a nadie, recogidos en, prácticamente, todas las Constituciones), no están fuera del alcance del Acuerdo General sobre el Comercio de Servicios (AGCS).

     El hecho de que la salud y los servicios sociales no estén fuera del alcance del AGCS supone que los gobiernos no deben aplicar exigencias de calificación y normativas técnicas que la OMC considere que constituyen "obstáculos innecesarios" al comercio. A este respecto, quizás convenga recordar la "recomendación del comité permanente de la OMC tres semanas antes de la catástrofe del Prestige para que se redujeran las regulaciones, consideradas excesivas, en materia de seguridad en el transporte marítimo".

     El ente competente para evitar que los países miembros caigan en la tentación de aplicar restricciones "más rigurosas de lo necesario para asegurar la calidad del servicio" es el consejo de comercio de servicios de la OMC.

     ¿Es pensar mal llegar a la conclusión de que lo que se indica en el informe del Banco Central Europeo (BCE) acerca de la exigencia a los gobiernos de "reformar el sistema judicial y regulatorio para hacerlo más favorable a los negocios" está relacionada con todo eso de "obstáculos innecesarios" y restricciones "más rigurosas de lo necesario"?

     En palabras de la politóloga francesa Susan George, "la normativa de cada país sobre calificación del personal, permisos necesarios para ejercer una determinada profesión y el resto de normas de obligado cumplimiento para la prestación de un servicio, pueden considerarse en la trituradora". (Pongamos la OMC en su sitio, ed. Icaria, 2002, pág. 69). Es lo que, en clave humorística, dijo El Roto en una viñeta en la que solo había un gran cártel-anuncio en el que se podía leer: "Se necesitan figurantes con bata para personal sanitario. Preguntar por el señor Privatizador". (10/02/2008).

     Como reflejo del deseo del mundo de los negocios de hacerse con la sanidad pública, en http://www.elmundo.es/elmundo/2012/07/18/espana/1342612594.html   se indica que el presidente del comité de Sanidad del Círculo de Empresarios, John de Zulueta, ha abogado por dar un "mayor hachazo" al sector sanitario español.

     En conclusión. Los ciudadanos debemos exigir a nuestros dirigentes que dejen de servir exclusivamente a los intereses de las grandes empresas.

3 comentarios:

Elemento Cero dijo...

¿Cómo conseguiremos librarnos de este acoso mercantil? Es increíble que por intereses económicos, las naciones tengan que dejar de "obstaculizar" a las empresas privadas, lo que redunda en perjuicio del ciudadano. ¿Es la vida un mercado? A esos entes supranacionales sin escrúpulos parece que le gusta la idea...

¿Tendremos que pagar en el futuro por el aire que respiramos? ¿Y por las horas de sol? Del agua ya ni hablo, porque ya la estamos pagando.

Un saludo.

Camino a Gaia dijo...

En una situación de crisis brutal en la economía, deberían garantizarse en primer lugar los mas elementales servicios básicos a toda la población: alimentación, vivienda, trabajo, sanidad y educación.
La política económica actual sigue dirección contraria y los llamados recortes solo son una forma eufemística de excluir a una parte creciente de la población del acceso a unos servicios fundamentales que han contribuido a crear.
Estamos gobernados por el crimen económico organizado.

Juliana Luisa dijo...

No tengo más remedio que decir que estoy de acuerdo con vosotros. Por eso, una y otra vez, califico al actual sistema económico de injusto e inhumano.

Un saludo