El contenido de este blog se ha cedido al dominio público: puede ser copiado, parcial o totalmente, sin previo permiso de la autora.


lunes, 30 de septiembre de 2024

Migración

      Copio a continuación una "carta a la directora" de El País, publicada el 30 de septiembre de 2024 y escrita por Juan A. Gimeno Ullastres, Madrid.  El por qué ya lo he indicado en más de una "píldora para pensar"

     "Comparto con muchos la preocupación por la inmigración, por las situaciones que expulsan a los migrantes de sus países, por las muertes en la travesía, por la deficiente acogida y apoyo a su llegada a España, por la escasa solidaridad de la mayoría de nuestros gobernantes, por el escaso apoyo a la inserción, por la falta de sensibilidad y empatía, por las actitudes racistas y aporofóbicas (fobia a las personas pobres o desfavorecidas),  por que muchos se aprovechen de la "irregularidad para una explotación esclavista, por tantas mentiras sobre inseguridad y delincuencia para desviar la agresividad hacia los más pobres para ocultar las verdaderas causas de tanta exclusión" 

    En el mismo periódico se puede leer una noticia en la que se indica que "los fiscales de Canarias tienen abiertas cuatro causas para investigar supuestos mal tratos y abusos cometidos presuntamente en varios centros de acogida de menores migrante en las islas, Se trata de dos casos en la provincia de Tenerife y otros dos en Las Palmas. Es un sistema de acogida que no debería superar los 2.000 niños y adolescentes pero mantiene ya a más se 5,300, los relatos de agresiones, castigos físicos y abusos no son difíciles de encontrar, aunque difícilmente llegan a los despachos  de las autoridades.

 

El problema de la vivienda

      En la Agenda 2030, el Objetivo de Desarrollo Sostenible 11 es "lograr que las ciudades y los asentamientos humanos sean inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles". La primera meta de este objetivo es "asegurar el acceso de todas las personas a viviendas y servicios básicos adecuados, seguros y asequibles y mejorar los barrios marginales". En España, por las razones que indicare a continuación todavía no se ha alcanzado esa meta.

     En España el problema de la vivienda es el principal lastre para el bienestar de las familias y para las expectativas de futuro de los jóvenes, Se ha enquistado tanto que, que incluso con  herramientas como la ley de vivienda de 2023, va a costar salir del agujero.  El malestar es grande y ha comenzado a aflorar con protestas contra el turismo, identificado como uno de los factores que contribuye al desaforado aumento de los precios y a la expulsión de los residentes del centro de las ciudades.

     Son múltiples las causas de esta crisis, que se extiende por toda Europa, como demuestra la importancia que la Comisión le ha otorgado en su nuevo mandato. En muchos países la vivienda se ha convertido en un refugio de capitales financieros y los poderes públicos no han sido capaces de frenar las dinámicas especulativas del mercado, No obstante, España está peor que la mayoría, pues apenas tiene un 2% de vivienda social, cuando la medía europea es del 10% y hay países con más del 20%,

     Desde 2015, el precio de compra en España ha subido un 42%, según Eurostat -casi el doble que los salarios- y los alquileres se han disparado hasta el punto de que el 39% de los hogares en este régimen han de destinar más del 40% de sus ingresos a esta partida. Tales aumentos  ha cambiado la estructura de la sociedad, en la primera década de este siglo, el 75% de las familias entre 30 y 44 años vivían en una casa en propiedad. Ahora son el 55%. Y los queviven de alquiler son el 34%, el doble que entonces.

     Se ha perdido demasiado tiempo. La crisis exige respuestas de emergencia, pero la construcción es muy lenta. La 50.000 viviendas de la Sareb que el Gobierno quiere destinar a alquiler social serán un alivio, pero están lejos de cubrir las necesidades. El Banco de España calcula que se necesitan  600.000 para atender la demanda, pero apenas se construyen 90.000 al año. El Gobierno dio luz verde en julio a los convenios que han de movilizar 6.000 millones de euros a través del ICO (Instituto de Crédito Oficial) para construir 40.000 pisos de alquiler asequible, que deberán seguir en ese régimen un mínimo de 50 años. 

     Mientras, hay que regular los precios de alquiler para evitar subidas abusivas, poner coto a los pisos turísticos y penalizar fiscalmente las viviendas vacías que no puedan acreditar un destino distinto al especulativo. También hay que ordenar el alquiler de temporada para evitar de temporada para evitar que se use para burlar la ley. (Fuente: El País, 30 de septiembre de 2024)

 

 

NE

domingo, 29 de septiembre de 2024

Gaza. Bombas y subida de la marea

      Las tiendas de campaña de cientos de palestinos que han encontrado refugio cerca del cerca del mar, en la zona de Al Mawasi, en el sur de la franja de Gaza, han amanecido inundadas en estos días debido a las fuertes mareas, que engulleron metros de playa y obligaron a muchos desplazados a trasladarse de nuevo. Otros, que no encuentran un lugar más alejado en el que guarecerse de las bombas o son incapaces de asumir el gasto que supone un nuevo traslado, intentan impedir que el agua dañe sus escasas pertenencias o amenace la vida de sus familias

      Ahmed al Zaqzuq ha decidido marcharse. Este hombre de 56 años llevaba días notando que las olas se agitaban y que la línea del mar se acercaba. Aunque reubicó a su familia de 10 miembros, incluidos dos nietos, metros más adentro, no fue suficiente y un día al amanecer despertaron rodeados de agua. “Vinimos aquí para huir de las bombas. Parecía el lugar más seguro frente a los bombardeos israelíes”, lamenta ahora Zaqzuq, mientras desmonta los restos de su pequeño refugio en la playa cercana a Jan Yunis.

     La zona de Al Mawasi es una franja de tierra situada al oeste de las localidades de Jan Yunis (sur) y Deir el Balah (centro) y pegada al mar Mediterráneo. Desde hace semanas, es una zona calificada de “humanitaria” por el ejército israelí y esto hace que en unos 47 kilómetros cuadrados de superficie (un 13% de la superficie total de la Franja) se hacinen varios cientos de miles de personas en condiciones deplorables de higiene y sin acceso a los servicios mínimos. Según la ONU, la densidad de población de Al Mawasi ronda las 30.000 personas por kilómetro cuadrado, frente a las 1.200 por kilómetro cuadrado que se registraban antes del inicio de la guerra.

     La mayoría de las personas llegaron huyendo desde el extremo sur de Gaza, una vez que comenzó la operación terrestre de Israel en la zona de Rafah, fronteriza con Egipto, en mayo. Según la ONU, el 90% de los 2,3 millones de habitantes de Gaza se han visto obligados a desplazarse, la mayoría varias veces, desde octubre de 2023, cuando el movimiento islamista Hamás, en el poder en la Franja, perpetró unos sangrientos ataques que dejaron un saldo de 1.200 víctimas en Israel. Desde entonces, Israel ha bombardeado sin tregua Gaza y los muertos ya superan los 41.000. La Franja está devastada. Según datos del Banco Mundial, más del 60% de los edificios y un 80% de los comercios han sido destruidos. Son datos del pasado enero y las cifras se han agravado desde entonces, lo que obliga a gran parte de la población a malvivir en campos de desplazados como el de Al Mawasi.

     El 14 de septiembre, un comunicado de las autoridades gazatíes, en manos de Hamás, calculó que al menos el 74% de las tiendas de campaña no están en condiciones de seguir usándose y necesitan ser sustituidas de inmediato. Muchas de ellas se han montado y desmontado varias veces debido a los desplazamientos forzados y se han visto desgastadas por el calor y el sol del verano, por lo que no pueden proteger a la población del frío y el viento en el invierno que se avecina.

      "Pensamos que era un buen lugar porque tendríamos agua cerca. También creímos que esta guerra terminaría antes del invierno y podríamos volver a las ruinas de nuestras casas, pero el invierno está llegando y esta masacre continúa". indica Ahmed al Zaqzuq, desplazado de Gaza

     Al Zaqzuq no puede permitirse una tienda nueva, que cuesta unos 700 dólares (630 euros) ni tampoco renovar las vigas de madera sobre las que extiende las lonas de nailon, así que cuida con esmero sus tablones y dobla con esmero las telas, ya ajadas, para trasladarlas a otro lugar en un carro tirado por un burro. La familia emprende viaje sin un destino claro. “Lo que es seguro es que ya no podemos quedarnos aquí”, lamenta.

     Su familia se desplazó primero a un apartamento alquilado en Jan Yunis. De ahí fue a Rafah y a finales de abril terminaron en la playa en una tienda de campaña.       “Estamos acorralados. Por un lado, está el ejército israelí que nos quiere muertos y por otro, nuestro propio mar, que ahora nos ahoga. Cuando nos instalamos al lado del mar, pensamos que era un buen lugar porque tendríamos agua cerca. También creímos que esta guerra terminaría antes del invierno y podríamos volver a las ruinas de nuestras casas, pero el invierno está llegando y esta masacre continúa”, explica este hombre, desesperado. Su esposa muestra el aplomo que él ya no tiene e intenta levantarle el ánimo: “Hemos esquivado misiles y balas durante un año y hemos llegado hasta aquí”, le dice, mientras recoge trozos de tela y ropa que las olas han arrastrado y los carga en un carro. “Despegaremos de nuevo. No sabemos qué nos espera, pero encontraremos una manera de seguir”, confía.

     " Estamos hablando de miles de personas que corren peligro de ahogarse y no tienen otro refugio y de millones que no tienen lo suficiente para sobrevivir al frío invierno y a la lluvia", señala Dawud al Astal, trabajador humanitario

     Otras familias que no tienen dónde ir o no pueden permitirse el coste del transporte a un nuevo lugar intentan mantener secas sus tiendas trasladándolas a otras partes de la playa o creando barreras con sacos de arena o con lo que encuentren en la zona para frenar la marea.

     Saadi al Zamli, padre de nueve hijos, admite, exhausto, que los intentos para proteger la tienda son inútiles. Su precario refugio se ha inundado varios días consecutivos y ahora está trasladando poco a poco sus pertenencias a una pequeña cabaña que ha logrado construir en un lugar un poco más alejado del agua, pero dentro de la playa. “Podemos ahogarnos mientras dormimos porque la marea sube por la noche. Tenemos mucho miedo, pero ¿qué podemos hacer? ¿Qué opciones tenemos?”, se pregunta este hombre de 51 años. “No puedo cubrir ninguna de las necesidades del día a día de mi familia. ¿Cómo voy a afrontar un nuevo desplazamiento?”, se pregunta.

     Hablando con voz ronca, por el agotamiento y la falta de esperanza, Al Zamli explica que está cansado de llamar a la puerta de los comités de ayuda y de las organizaciones humanitarias para que le ayuden a encontrar una nueva tienda de campaña o un refugio para su familia. “Pero nuestro destino depende de su apoyo. Si no, no podremos movernos a ninguna parte y nos enfrentaremos aquí a nuestro destino, al frío intenso y a las lluvias que inundarán nuestro refugio”.

     El trabajador humanitario Dawud al Astal, que pertenece a una asociación que proporciona ayuda a los desplazados de la zona de Al Mawasi, alerta de que las necesidades de estas familias son urgentes y sin precedentes. “Estas tiendas de campaña no estaban hechas para usarse durante un periodo de tiempo tan largo. Nadie predijo que la guerra duraría tanto e Israel no está permitiendo la entrada de la ayuda humanitaria necesaria y en este momento, las tiendas de campaña son artículos de primera necesidad”, afirma. “Estamos hablando de miles de personas que corren peligro de ahogarse y no tienen otro refugio y de millones que no tienen lo suficiente para sobrevivir al frío invierno y a la lluvia. El mundo debe hacer algo”, pide. (Fuente: El País. Planeta Futuro, 21 de septiembre de 2024

 

Migración

      Por lo qu indiqué en más de una "píldora para pensar", voy a copiar una "carta a la directora", publicada en El País el día 28 de septiembre de 2024, titulada Eurapa enfrenta una paradoja.

     "La migración, especialmente la irregular, alimenta el descontento y aumenta la presión para adoptar medidas más estrictas en política migratoria. Pero con mercados laborales ajustados y ciudadanías envejecidas, Europa necesita mano de obra migrante. La población en edad laboral de la UE ha caído en la última década y para 2050 habrá solo dos trabajadores por cada tres mayores de 65 años. Los líderes políticos deberían ser más honestos con los electores sobre la necesidad económica de estos flujos y proporcionar la infraestructura para apoyarlos".   

          Carta escrita por Tomás Espuny Carreño. Barcelona.

     No pensemos siempre en nosotros; sino en las razones que empujan a tantas personas a venir a Europa en busca de una vida mejor que la que pueden tener en su país.  

 

 

 

     


sábado, 28 de septiembre de 2024

Pobreza y obesidad

     Obesidad infantil y desigualdad social están íntimamente unidas, como constatan cada más investigaciones. España, el segundo país de la UE con mayor número de menores en riesgo de pobreza o exclusión, en los que ambas tasas muestran una correlación más alta. Los datos del estudio Aladino 2023, que elabora el Ministerio de Consumo, señalan que el exceso de peso es más de 17 puntos superior en los niños de familias de rentas bajas (con ingresos brutos anuales inferiores a 18.000 euros) que en los de rentas altas (más de 30.000 euros)

     Realizado sobre una muestra de casi  13.000 escolares de seis a nueve años de 296 colegios, el informe ofrece otros datos preocupantes sobre la relación entre la alimentación insana y esa brecha socioeconómica, que ha crecido desde la anterior estadística, previa a la pandemia:  el porcentaje de hijos de familias pobres que desayunan cada día algo más que una bebida es 17 puntos más bajo que el de los hijos de familias acomodadas. Por contraste, el consumo de refrescos con azúcar más de tres días a la semana por parte de los primeros multiplica casi por nueve el de los segundos. Esas grandes diferencias se reproducen en elcaso de las actividades extraescolares y el tiempo de uso de pantallas, indicativos del sedentarismo, de unos y otros.

     El exceso de peso ya es una pandemia que afecta a más de mil millones de personas es todo el mundo, es decir, un problema cada vez más grave de salud pública. En el caso de los menores, se puede perpetuar en la edad adulta y abrir paso a dolencias como diabetes, afecciones cardiovasculares, hipertensión o depresión, que tienen un enorme impacto personal y social. Poner el acento de las campañas de prevención en los comportamientos individuales (seguir una dieta  y hacer ejercicio)  no sirve si el 6,9% de los menores de 18 años (el dato más alto en dos décadas;  más de 550.000 niños y adolescentes) no pueden permitirse una comida de carne, pollo o pescado, al menos cada dos días.  Cuando resulta más caro comprar alimentos frescos saludables que comida basura, es normal que crezca el consumo de bollería industrial, bebidas azucaradas o alimentos ultraprocesados.

     Los últimos datos muestran que la perspectiva no es halagüeña. Pero, por ejemplo se puede controlar la publicidad de alimentos y bebidas insanos en televisiones y redes sociales dirigida a niños y adolescentes. Está en juego la salud de las generaciones futuras. Fuente: El País, 28 de septiembre de 2024)

    Es la segunda vez que hablo de la obesidad. Espero que ambas noticias sean sirvan como complemento de ambas. Por otra parte, como se indica en esta noticia,  creo que los ciudadanos podríamos  pedir al Gobierno algún plan nacional para reducir la obesidad.

viernes, 27 de septiembre de 2024

Migración

     En relación con el tema de la migración, me parece oportuno conocer lo que piensan los ciudadanos, por  ello, a continuación, voy a copiar una "carta a la directora" de El Pais, publicada el 25 de de septiembre de este año.

     "Comparto con muchos la preocupación por la inmigración: la preocupación por las situaciones que expulsan a los migrantes de sus países, por las muertes en la travesía, por la deficiente acogida y apoyo en España, por el escaso apoyo a la inserción, por la saturación de los centros de acogida, por las actitudes racistas y aporofóbicas, porque muchos se aprovechen de la "irregularidad" para una explotación esclavista, por muchas mentiras, porque quieran desviar la agresividad hacia los más pobres para ocultar las verdaderas causas de tanta exclusión social",  Juan A. Gimeno Ullastres. Madrid

Retorno a Senegal

 

jueves, 26 de septiembre de 2024

Sequias, inundaciones y malaria

      Tres niños llevan en las manos, con mucho cuidado, los cuadernos de la escuela. Los sujetan bien en lo alto para que no se mojen, porque tienen que andar una hora y el agua les llega hasta la cintura. En el camino pasan por delante de la clínica de salud que, desde hace un mes, es una isla. Esta mañana, una mujer también cruza estas tierras empantanadas con su bebé atado a la espalda, descalza a pesar de las serpientes que de vez en cuando asoman en el agua marrón: el pequeño, de menos de un año, tiene diarrea, y está preocupada. Quiere ver al pediatra. Los días que hay inundaciones, cada vez más a menudo, los pacientes solo llegan al médico en barca —si es que la pueden pagar—.

     El agua marca el día a día del pueblo de Bunyala, en Busia, un condado de Kenia de 70.000 habitantes rodeado por el lago Victoria, dos ríos y dos pantanos, al lado de la frontera con Uganda, que vive de la pesca y de la extracción de arena para construcción. El agua aquí también mata, con inundaciones súbitas que se llevan por delante casas precarias y personas en territorios que el lago, poco a poco, va reclamando: desde 2020, aseguran los vecinos, va tomando terreno sin parar. Y esto amenaza con pasar cada vez más a menudo: en noviembre, Kenia experimentó lluvias torrenciales muy destructivas, que se producían después de la peor sequía de los últimos 40 años, atribuida principalmente a la emergencia climática provocada por el hombre. Kenia es especialmente vulnerable a los eventos climáticos extremos, igual que otros países del África subsahariana, así que lo sucedido este año es un aviso de lo que puede estar por venir.

     En Busia se da una tormenta perfecta: está al lado de Uganda, el país con mayor incidencia de malaria del mundo; y, además, como consecuencia de las inundaciones y del avance del lago, proliferan los campamentos de desplazados, tiendas de plástico con logos de la Cruz Roja donde se apiñan cinco, seis, siete miembros de una misma familia durante años. Abunda la violencia sexual —los trabajadores del condado y de ONG atribuyen los muchos embarazos adolescentes a violaciones— y la precariedad, como la de Margaret Nadara, de 60 años, que vive con ocho miembros de su familia en una tienda de campaña provisional tras perder su casa en 2018. Su huerta, explica, está permanentemente inundada, así que come gracias a la ayuda del condado y organizaciones humanitarias. Estos campamentos también son territorio fértil para las enfermedades, especialmente la malaria. La propia Nadara cuenta que un pariente murió de esta enfermedad la semana pasada.

     Los mosquitos Anopheles, transmisores de la malaria, depositan sus larvas en el agua, y prefieren temperaturas templadas y cálidas. Zonas como Busia también se enfrentan a otra consecuencia del cambio climático: antes las lluvias se producían durante dos épocas del año (las lluvias largas, de marzo a mayo, y las lluvias cortas, de septiembre a noviembre), pero ahora llueve también cuando no toca, explica Edwin Oyango, coordinador contra la malaria de Busia.

     Mientras Kenia avanza en su lucha contra la enfermedad, este condado pelea por no quedarse atrás. Pero el cambio climático no se lo pone fácil.

Una enfermedad mortal para África

     Cada año se registran casi 250 millones de casos de paludismo en el mundo y por esta causa mueren 600.000 personas, más del 90% de ellas en África. La mayoría son menores de cinco años —según cálculos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada minuto muere un menor de cinco años por esta causa en el continente—. En lugares como Busia, esta enfermedad es endémica, es decir, tiene presencia constante: un habitante de este condado tiene seis veces más probabilidades de contraerla que la media del país, según el Ministerio de Salud keniano.

     “La crisis climática está contribuyendo a una tormenta perfecta de desafíos que amenazan los avances en la lucha para acabar con la malaria”, resume Gareth Jenkins, director de Incidencia y Estrategia de la organización Malaria No More, por correo electrónico. El aumento de fenómenos meteorológicos extremos, como las inundaciones que cada vez abundan más en Busia, interrumpen, además, los servicios de prevención y de atención sanitaria, a la vez que crean “el caldo de cultivo perfecto” para los mosquitos portadores.

Un reducto para la malaria

     Mientras Kenia ha conseguido grandes avances en la lucha contra la malaria, reduciendo la prevalencia en más de un 50% en la última década, el condado de Busia, desentona: roza el 40%, el doble de la media nacional. Y, si esta no se ha disparado aún más, apuntan varios expertos consultados, se debe a un gran esfuerzo de las autoridades nacionales y locales para frenar los contagios: solo el mes pasado el condado repartió 20.000 mosquiteras y desinfectó, por primera vez, la mayor parte de las viviendas.

      Al factor del clima, explica Marcel Egondi Junior, especialista en salud pública del condado, se suman problemas básicos: “Podemos decirle a la gente que se asegure de cerrar las ventanas y las puertas, pero muchas casas no las tienen, o están hechas de barro, que es poroso para los mosquitos”.

     En el hospital de Bunyala, donde los apagones hacen que médicos y enfermeras a menudo se alumbren con la luz del móvil, cuelga una lista de las principales causas de ingresos los últimos tres años: siempre lidera la malaria. El médico pregunta por las mosquiteras para dormir a un demacrado paciente de 24 años, que se recupera en una cama de una malaria grave. Dice que él no tiene: vive al otro lado de la frontera, en Uganda, y en su pueblo no ha habido reparto. En Bunyala, estas funcionan a veces como cierre para un gallinero, o como protección de las plantaciones, o como superficie para que se sequen los peces capturados. “Algunas personas se ven obligadas a elegir: usar la mosquitera para proteger su huerta, que les alimenta, o para sus camas”. Ante estos retos, hay que recurrir a la imaginación: “Antes distribuíamos unas mosquiteras más duras, pero vimos que mucha gente recurría a ellas para pescar, así que ahora damos unas más suaves”, explica Egondi.

Un futuro incierto

     Los patrones climáticos cambiantes en Kenia hacen cada vez más difícil predecir el comportamiento de la malaria, con zonas como el condado de Turkana (al noroeste del país), asediado por la sequía, registrando un aumento de los casos. Por ahora, “la mayoría de los países no han hecho una conexión deliberada entre los datos de clima y los de malaria para encontrar una correlación entre ambos”, señala Donald Apat, doctor experto en malaria de la ONG Path. “Es probable que veamos expansiones en el rango geográfico de la enfermedad. Si las temperaturas aumentan, quizá veamos un descenso en algunas zonas” y un aumento en otras hasta ahora poco afectadas, a la vez que se expanden otras dolencias, como el dengue.

     El impacto económico de la malaria va más allá de la salud: una investigación reciente encargada por la organización Malaria No More, y llevada a cabo por Oxford Economics Africa, calcula que, de volver a la senda del Objetivo de Desarrollo Sostenible de reducir la malaria en un 90% para 2030, las economías de países donde esta enfermedad es endémica podrían crecer en 142.700 millones de dólares (unos 128.000 millones de euros).

     La lucha contra la malaria en Kenia y el resto de África se ve, además, amenazada por el descubrimiento de otro tipo de mosquito, el Anopheles stephensi, que resiste a varios de los insecticidas más usados, sobrevive a temperaturas muy altas durante la estación seca, puede picar tanto en lugares cerrados como al aire libre y, a diferencia de otras especies, se adapta bien a las ciudades. Ya ha sido detectado en Kenia, Ghana, Etiopía, Nigeria, Somalia, Yibuti y Sudán, según la OMS.

 La importancia de las vacunas

     Kenia, junto a Ghana y Malaui, ha participado de un programa piloto con la vacuna RTS,S/AS01 desde 2019. En otra aldea de Bunyala, una treintena de personas, muchas desplazadas, la mayoría madres jóvenes con sus bebés, esperan, en bancos de madera al aire libre, que arranque una de las campañas de vacunación del condado de Busia. Cargados con neveras portátiles que, en caso de inundaciones, tienen que cargar sobre la cabeza, los trabajadores de la salud traen dosis contra la malaria, pero también contra el rotavirus, la difteria o la hepatitis. Isaac Olima, que hoy está encargado de las inmunizaciones, camina todos los días una hora de ida y otra de vuelta hasta la clínica más cercana, a menudo con el agua por encima de las rodillas.

     La acogida de la vacuna contra la malaria es entusiasta, asegura Olima. Los vecinos “saben que la malaria mata” porque lo han visto de primera mano, asegura. Para las madres, añade Marcel Egondi, el coordinador local en paludismo, hay un claro impacto económico, además del miedo: cuidar a un familiar con malaria grave supone todo un reto logístico, perder días de trabajo, y no tener con quién dejar a los niños. (Fuente: El País. Planeta Futuro, 22 de septiembre de 2024)

      ¿Qué puedo decir? ¿Somos verdaderos seres humanos: empáticos, sociales y solidarios? No debemos olvidar que el cambio climático es consecuencia de las actividades desarrolladas por los países ricos y, por ultimo, no debemos olvidar nunca que somos nosotros los que les hemos hecho pobres ( el colonialismo)

 

Más alla del PIB

 

     En los próximos días, Nueva York se convertirá nuevamente en el epicentro del multilateralismo global con la Asamblea General de Naciones Unidas y la esperada Cumbre del Futuro. Este evento aspira a acordar un “pacto para el futuro” que incluya acciones concretas para turboacelerar el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS)  y enfrentar los desafíos globales actuales. Entre los temas cruciales que se tratarán, se encuentra la necesidad de generar nuevas formas de medir el desarrollo, superando las limitaciones del Producto Interno Bruto (PIB).

 Desde el siglo pasado, el PIB se utiliza como el indicador universal para medir el desarrollo de los países. Sin embargo, desde su adopción, muchos han señalado que este índice es insuficiente, e incluso contraproducente, para capturar la complejidad del progreso humano.

miércoles, 25 de septiembre de 2024

España. Energías renovables

     El Consejo de Ministros tiene previsto remitir hoy (24 de septiembre de 2024) a la Comisión Europea la actualización del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC). la hoja de ruta para esta década que ayudará a España a abandonar los combustibles fósiles y cumplir con sus compromisos internacionales de descarbonización de la economía.

     En ese documento, el Gobierno se compromete a que las emisiones de gases de efecto invernadero se reducirán un 32% en 2030 respeto a los niveles de 1990. Para ello, las energías renovables serán la pieza clave: el PNIEC prevé que el 81% del consumo  eléctrico del país será de origen renovables a finales de esta década.

     La energía fotovoltaica jugará un papel protagonista:  será "la que más contribuirá a la  descarbonización del sistema eléctrico, pues supone un 53% de la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero estimada por el sector de la generación eléctrica", según se recalca en la declaración ambiental estratégica del plan que se publicó ayer en el Boletín Oficial del Estado (BOE)  (Fuente: El País, 24 de septiembre de 2024)

      La energía solar fotovoltaica aprovecha la radiación solar transformándola directamente en energía eléctrica mediante el efecto fotovoltaico, que consiste en la emisión de electrones por un material cuando se le ilumina con radiación electromagnética (en este caso radiación solar). 

     El Objetivo de Desarrollo Sostenible 7 es "garantizar el acceso a una energía asequible, segura, sostenible y moderna  para todos".  Una de las metas de ese Objetivo es   "aumentar considerablemente la proporción de energía renovable en el conjunto de fuentes energéticas"

Dipo Faloyin, escritor nigeriano

      Dipo Faloyin, escritor nigeriano (35 años), es un tipo pausado y amable, capaz de canalizar su  frustración a través de argumentos bien construidos. Le indigna ver África reducida ala imagen de millones de hambrientos que conviven con animales salvajes en la sabana. Él creció en Lagos una gran ciudad con 15 millones de habitantes. Faloyin expone sus argumentos con minuciosidad en  África no es un país, el libro que dedica a deconstruir esa imagen estereotipada de 54 países en los que se hablan más de mil lenguas y vive una población joven y urbana. 

     En una cafetería al este de Londres, donde reside el autor nigeriano éste hace repaso de los  estragos del colonialismo y su legado en la obra cultural de Occidente. Películas, libros, expolios artísticos y ONG con salvadores blancos. Todos pasan por su trituradora, y recuerda que no todo vale en nombre de frenar el hambre en el mundo.

     A la pregunta, ¿qué le animó a escribir el libro?, contestó: "Es algo con lo que vivido gran parte de mi ida, Crecí en Nigeria, y cuando tenía 11 años, vine al Reino Unido. Fue una experiencia maravillosa, pero desde una edad temprana, pude ver lo que la gente pensaba de África, cómo nos veían solo a través del prisma de la pobreza y de los safaris. ´

     "En África y en Europa se escuchan con mucha fuerza voces que exigen revisar el pasado colonial. ¿Por qué ahora?", le pregunta la periodista. "Los jóvenes del continente tienen ganas de cambiar la forma en que se ha hablado de África y encontraron una nueva corriente de energías con las protestas de Black Liver Matter (Las vidas de los negros nos importan) de 2020 junto a una generación de jóvenes, en Occidente, más dispuestos a hablar de raza, la identidad, historia y colonialismo. Quieren demostrar cómo el colonialismo no terminó un día, sino que ha encontrado nuevas formas", contesta el escritor nigeriano. (Fuente: El País. 23 de septiembre de 2024)

     «Cuando decimos Black Lives Matter, estamos hablando de las formas en las que los negros se ven privados de sus derechos humanos básicos y de la dignidad.   

     Colonialismo. Se trataba de obtener los recursos que poseían las regiones "no desarrolladas". Entre los países europeos comenzó una carrera por el dominio de África y del mundo. Esta carrera tuvo se expresión en la Conferencia de Berlín que tuvo lugar en los años 1884-1985. En esta Conferencia se establecieron las normas para el reparto de África.

martes, 24 de septiembre de 2024

Necesidad de baterías en Gaza

     El movimiento ante la tienda de campaña de Abdallah Aljazzar es constante. Decenas de vecinos, desplazados como él en la zona de Al Mawasi, en el sur de la franja de Gaza, desfilan desde temprano para cargar gratuitamente su teléfono móvil en alguno de los enchufes que este joven de 24 años y su familia han dispuesto en una sencilla mesa de madera, junto a la entrada. Los vídeos y las fotografías recuerdan a un pequeño locutorio improvisado. “En un día puedo cargar 70 teléfonos”, asegura a este diario este joven, licenciado en Literatura Inglesa en la Universidad Al Azhar, hoy convertida en una montaña de escombros.

     Hablar por teléfono con él es muy complicado, al igual que con la mayoría de habitantes de la Franja. No siempre tiene batería en el móvil o conexión a internet. A eso se suma que, esta semana, Israel bombardeó una parte de Al Mawasi, pese a considerarlo una zona humanitaria,  y Aljazzar dejó de dar noticias durante más de 24 horas.

     Sobre el techo de la tienda en la que vive desde mayo con otros 10 miembros de su familia, hay dos paneles solares que compró “a muy buen precio” a un amigo que logró salir a Egipto hace unos meses. Los paneles capturan la energía del sol y están conectados a un inversor, un dispositivo que convierte la energía y la almacena en dos baterías, gracias a las cuales se pueden cargar los teléfonos móviles. Esta instalación fotovoltaica casera la construyeron Aljazzar, su tío, Khalid, que es ingeniero, y su padre, “un manitas de toda la vida”. Además de cargar teléfonos, esta estructura consigue, gracias a un motor, bombear agua para que varias familias cocinen y se laven. “He estudiado Letras, pero en esta guerra estoy aprendiendo muchas cosas”, dice, irónico Aljazzar.

     Para él y la mayoría de gazatíes, tener en el bolsillo un teléfono cargado y que funcione es casi tan vital como comer. En medio de la guerra es imprescindible estar informado sobre qué ocurre más al norte o más al sur,  dar noticias a los allegados y recibirlas, saber dónde hay ayuda humanitaria o en qué lugar se vende comida. Pero, ¿qué pasa cuando las baterías fallan?

     “En este momento solo estoy pudiendo cargar cuatro o cinco teléfonos al día, las baterías están muertas”, anuncia Aljazzar. En Gaza entra ayuda humanitaria a cuentagotas y bajo supervisión israelí y las baterías no son consideradas por ahora asistencia humanitaria o bienes de primera necesidad. Es decir, las que hay en este momento en la Franja son las que había antes del 7 de octubre de 2023,  día en que el movimiento islamista Hamás, que gobierna en Gaza, perpetró un sangriento ataque contra Israel en el que murieron 1.200 personas y unas 250 fueron tomadas como rehenes. Un centenar de ellas siguen en Gaza, donde la ofensiva israelí comenzó horas después de esta matanza, ha provocado más de 40.000 muertos palestinos, el desplazamiento de 1,9 millones de personas, sobre una población total de unos 2,2 millones, y la destrucción de la mayoría de las infraestructuras, según la ONU. Ninguna negociación para lograr un alto el fuego ha prosperado hasta ahora.

      Aljazzar conoce a un comerciante de Rafah, su ciudad natal, llamado Mohammed, que vende baterías en un mercado de la zona de Al Mawasi, al que los desplazados llaman Al Aqsa y donde la gente vende lo que puede o lo poco que tiene para conseguir dinero. El joven lo visita con un amigo, que es técnico, que también está desplazado y puede comprobar el estado de las baterías. “Antes, una costaba 50 euros, ahora cuesta 500 porque no hay y porque la gente las necesita muchísimo. Algunas están en mal estado. Hay que saber en quién confiar para comprarlas”, explica.

     En la Franja tampoco entra efectivo desde el inicio de la guerra y hace meses que los bancos y las oficinas de cambio no funcionan. El dinero en metálico que circula es también es el que había el 7 de octubre.

     Aljazzar, su familia o sus vecinos no tienen los 4.000 séqueles (1.000 euros) que costaría renovar esas dos baterías. Mohammed promete que les puede reservar dos, pero el tiempo apremia. Puede que alguien las compre antes o puede que Israel emita una nueva orden de evacuación que les obligue a salir corriendo y pierdan la pista del vendedor.

     Aljazzar no ha salido nunca de los 365 kilómetros cuadrados de Gaza, pero ha estado en contacto con ONG y periodistas extranjeros gracias a su trabajo como consultor y traductor. “Necesito dos baterías urgentemente y tengo que conseguir 1.100 euros”, lanza en un mensaje a sus conocidos. “Hacen falta 1.000 para comprarlas y 100 para pagar la comisión que me cobrarán los intermediarios para darme dinero en efectivo una vez reciban el pago en una cuenta extranjera. Y tengo suerte porque la comisión es solo del 10% y no del 30%, como piden algunos”, explica.

     El sistema que Aljazzar ha ideado para tener en su mano los séqueles con los que comprar las baterías es tan complicada y tan frágil como la instalación que bombea el agua cerca de su tienda de campaña. Pero se pone en marcha. Una decena de personas en Europa hace aportaciones y reúne el dinero necesario. Usando una plataforma de pagos online, envían el dinero a Alemania, a la cuenta de un amigo de Aljazzar, un gazatí que estudia en Berlín. Cuando este recibe la transferencia, avisa a sus padres, que no han podido salir de Gaza y tienen efectivo.

     Aljazzar está feliz. “Tal vez desde fuera de Gaza no se llega a entender lo que significa esto para nosotros. Ese dinero va a ayudar enormemente a un montón de gente”, explica. El joven va a recoger los fondos a la casa de los padres de sus amigos, con los riesgos que conlleva pasearse en este momento por la Franja con el equivalente en séqueles de 1.000 euros, y regresa a su tienda de campaña. “No desconfío de mis vecinos, que me quieren y me protegen. Ellos saben que desde hace meses estoy haciendo cosas por ellos, para mejorar nuestra vida de desplazados”, explica.

     Según la ONU, la densidad de población en Al Mawasi es de entre 30.000 y 34.000 personas por kilómetro cuadrado, frente a una estimación de 1.200 personas por kilómetro cuadrado antes de octubre de 2023.

Hornos, baños y calentadores caseros

     Aljazzar tenía planeado ir al mercado a comprar las baterías el pasado martes, cuando se produjo el bombardeo israelí en Al Mawasi. En el ataque murieron al menos una veintena de personas, aunque el balance es incierto, ya que hubo gente sepultada en la arena por la fuerza de la explosión, que provocó un inmenso cráter de 10 metros de profundidad. El lugar ha sido calificado de "zona segura" por el ejército israelí, aunque los gazatíes repiten en cada conversación que “en este momento no hay un solo lugar seguro en toda la Franja”.

     “No ocurrió tan lejos, pero no nos pasó nada. Una tía mía resultó herida y hubo mucho caos en el campo. Pasé el día entero ayudando y no pude ir a comprar las baterías”, explica Aljazzar al día siguiente, en una conversación telefónica.

     Según la ONU, la densidad de población en Al Mawasi, situada al oeste de la ciudad de Jan Yunis, es de entre 30.000 y 34.000 personas por kilómetro cuadrado, frente a una estimación de 1.200 personas por kilómetro cuadrado antes de octubre de 2023. En total, esta zona humanitaria definida por Israel tiene actualmente unos 40 kilómetros cuadrados y el hacinamiento sumado a la falta de infraestructuras agrava la situación humanitaria de los cientos de miles de personas obligadas a vivir en su interior.

     Cuando Aljazzar llegó finalmente al mercado, al lugar donde siempre está Mohammed, las cosas habían cambiado. El comerciante tenía una batería nueva, pero solo una, y el sistema funciona con dos. Y además, como era totalmente nueva, pedía por ella 800 euros. Aljazzar decidió comprarla, porque es muy raro adquirir un dispositivo sin usar en estos momentos en Gaza. “En el fondo tuvimos suerte de encontrarla. Después compramos otra que está usada, pero todavía en buen estado, por la que pagamos mucho menos a un particular. El sistema funciona de nuevo”, se felicita.

     Desde octubre, el antídoto contra la depresión y la locura, en el caso de este joven gazatí ha sido idear sistemas para mejorar la vida diaria de su familia y de sus vecinos. En estos 11 meses, han construido hornos, precarios calentadores de agua, han reunido ropa usada para distribuirla a los más necesitados durante el invierno y ahora están inmersos en poner en marcha una instalación que traiga agua de un pozo cercano, llamado Makrut, y en construir fosas sépticas. El joven manda un video en el que se ve a varios hombres del campo trabajando en la construcción de estos baños caseros. “Para vivir como seres humanos, con un poco de dignidad”, insiste.

     Pero en su cabeza no cesa el martilleo constante de la duda sobre cuánto tiempo más podrán estar en Al Mawasi. Aljazzar se ha desplazado cuatro veces desde octubre. Hasta mayo vivió en casas de familiares, pero en ese momento solo les quedó la opción de la tienda de campaña y conseguir la que tienen les costó varios centenares de euros. “Ojalá no tengamos que huir de nuevo. Pero el peligro está cada día más cerca”. (Fuente: El País. Planeta Futuro, 15 de septiembre de 2024)

 

¿Migrantes?

     ¿Migrantes irregulares? es el título de una "carta a la directora", publicada en El País el día 15 de septiembre de 2024 y escrita por Cristina Manzanedo (Madrid).

      "La migración plantea importantes desafíos a los Estados y a las sociedades, A menudo se habla de    migración"irregular", pero ¿es realmente  irregular" que personas que se enfrentan al hambre, o a la violencia o a los impactos de la crisis climática tomen la difícil decisión de dejar atrás su tierra natal, toda su vida y su entorno social para enmarcarse en caminos inciertos y a menudo peligrosos hacia un futuro desconocido.

     Como complemento, a continuación voy a copiar otra "carta a la directora " publicada el mismo periódico el día  22 de septiembre

     "Se dice con rotundidad que España necesita mano se obra extranjera para mantener su bienestar porque las familias españolas no lo consiguen (salarios bajos, alquileres altos). Pero los extranjeros que vienen son demasiados, gritan algunos. Para resolver el problema se propugna ayudar a África a desarrollarse, aunque no tanto como dejar de escupir el número exacto de trabajadores, ni uno más, que necesitamos en España, en Europa. Pero en capitalismo siempre provoca más pobres de los necesarios, que emigran hasta las naciones prósperas con el mismo impulso que el agua busca la horizontalidad".   Así opina Jaime de Nepas, desde Majadahonda (Madrid)

     Me ha parecido interesante conocer lo que algunos ciudadanos opinan sobre la inmigración.

lunes, 23 de septiembre de 2024

Campos de desplazados del Congo. Viruela del mono

     Situado a pocos kilómetros de Goma, en el este de la República Democrática del Congo (RSC)), el campo de Kanyarutshinya acoge a cerca de 4.000 personas desplazadas por los conflictos armados que asolan la región. El campamento, ya bajo presión debido al hacinamiento y la falta de recursos, es el caldo de cultivo perfecto para una nueva amenaza: la mpox (una enfermedad de que recientemente he hablado). “La gente aquí tiene miedo. En cuanto supieron que estábamos enfermos, dejaron de hablarnos”, cuenta Marie, una viuda de unos 40 años, contagiada junto a su hijo mayor, de 10.

     Marie y su hijo se encuentran en una pequeña y destartalada tienda de campaña en el extremo más alejado del campo. Originarios del pueblo Rutshuru, 70 kilómetros al norte, huyeron hace unas semanas de los combates para buscar refugio en Kanyarutshinya, pero tan pronto como llegaron fueron atacados por el virus. Sus rostros están marcados por las erupciones características de la mpox, conocida como viruela del mono, y están debilitados por la fiebre y los dolores que acompañan a la enfermedad. “No tenemos a nadie que nos ayude”, dice Marie con voz cansada, mientras sus otros tres niños, de 6, 7 y 9 años, deambulan por la tienda, hambrientos y angustiados. El miedo al contagio aísla a la familia de la comunidad del campamento. Los vecinos, asustados por la posibilidad de infectarse, se niegan a ayudarlos.

     En este campo donde la atención sanitaria es escasa y los recursos limitados, la mpox ha sumido a esta familia en una situación desesperada de supervivencia. Marie y su hijo, demasiado débiles para trabajar o incluso para desplazarse, dependen totalmente de la ayuda humanitaria, insuficiente para cubrir las crecientes necesidades en el campo.

     Las autoridades no permiten que las organizaciones que trabajan en Kanyarutshinya den información sobre el número de afectados por la mpox en el mismo. Sin embargo, la agencia de la ONU para los refugiados, ACNUR, alertaba hace unos días del peligro de expansión de la enfermedad en los campos atestados, tanto en Congo como en los países vecinos. “En los campos de refugiados y desplazados, la gente suele vivir hacinada y con acceso limitado a elementos esenciales como jabón, agua limpia o ropa de cama”, afirmaba Allen Maina, jefe de Salud Pública de ACNUR, en un artículo.  “Esto dificulta la aplicación de medidas preventivas como el lavado de manos. El acceso a la atención sanitaria también es un reto. Estamos empezando a ver algunos casos sospechosos”.

      En la cercana ciudad de Goma, al final de la semana del 18 al 24 de agosto, “se contabilizaban 72 casos confirmados de viruela del mono”, según Gaston Lubambo, jefe de la división de Salud de Kivu del Norte. El médico explica que “se están intensificando las medidas para contener la propagación del virus, especialmente en los campos de desplazados, donde la vulnerabilidad es mayor”. “Hemos activado la respuesta para garantizar que ningún caso pase desapercibido, dado el contexto específico de la provincia y los informes de casos en los emplazamientos de desplazados internos”, añade, en entrevista con este diario.

     Para contrarrestar esta epidemia, las autoridades sanitarias de Kivu del Norte han puesto en marcha una estrategia por zonas, apoyándose en las principales infraestructuras hospitalarias, explica Lubambo. Cada caso confirmado se deriva inmediatamente a los centros médicos. Lubambo subraya la importancia crucial de la información en la lucha contra la epidemia. “Es esencial que la gente esté bien informada sobre la enfermedad y sobre cómo protegerse de ella”, dice. 

     La expansión de esta enfermedad en 14 países africanos, que obligó a la Organización Mundial de la Salud a declarar la emergencia sanitaria el mes pasado, afecta sobre todo a República Democrática del Congo, con más de 19.000 casos sospechosos, casi 5.000 confirmados y 629 muertos, según datos del día 5. Cuatro de cada cinco fallecidos son menores, según Unicef.

El este del país está sufriendo la propagación más preocupante en los últimos meses, en concreto la provincia de Kivu del Sur, vecina de Kivu del Norte, donde se encuentra Kanyarutshinya. Aunque el fin de semana llegaron a RDC 100.000 vacunas donadas por la Unión Europea, las dosis aún no se han distribuido a esta provincia.

A unos 800 kilómetros de la casa de Marie, está Christine, una joven madre de Masisi, un territorio de Kivu del Norte golpeado por la violencia. Temiendo la propagación del virus en el campamento, decidió alejarse con sus dos hijos. Desde hace varias semanas, se refugian en una pequeña iglesia situada a pocos kilómetros de Kanyarutshinya. “Cuando me enteré de que varias personas en el campamento estaban enfermas, me asusté mucho. No quiero que mis hijos contraigan esta enfermedad”, dice.

    Aunque huir ha reducido las posibilidades de contagio, sigue viviendo en unas condiciones precarias. La iglesia donde se refugian cada noche está abarrotada, carece de agua potable y comida. “Vivimos con miedo. Todos los días tenemos que buscar algo para comer, y no siempre hay suficiente para todos”, explica, con ojos que delatan agotamiento.

     Claire ha adoptado un enfoque más organizado para hacer frente al brote. Su marido, Jean, y su hijo Simon contrajeron la viruela del mono poco después de llegar a Kanyarutshinya desde Bwito, en Masisi. Entonces, Claire tomó rápidamente medidas para proteger al resto de la familia. “En cuanto mi hijo mostró los primeros signos de la enfermedad, lo aislé. Escuché en la radio que hay que lavarse las manos con regularidad y evitar el contacto con los enfermos”, dice. Gracias a estas precauciones, sus otros dos hijos no se infectaron. Claire, con una determinación palpable, convirtió su tienda en una pequeña fortaleza, desinfectando constantemente las superficies y limitando las interacciones físicas.

     Aunque su situación sigue siendo difícil, su resiliencia frente a la enfermedad es notable. Su hijo se está recuperando lentamente, y la vigilancia de Claire ha evitado que los otros niños se infecten. Sin embargo, la vida en el campo sigue siendo extremadamente dura. El acceso a la atención médica es limitado y la comida escasa.

     El ministro de Salud de RDC, Roger Kamba, ha descrito la situación como una grave crisis sanitaria, con la mpox propagándose rápidamente en varias regiones. En respuesta a esta emergencia, la OMS y el Centro Africano para el Control y la Prevención de Enfermedades (Africa CDC) han puesto en marcha un plan conjunto de 600 millones de dólares (unos 540 millones de euros) para luchar contra el brote en 14 países africanos afectados, incluido Congo.

     Este plan, que se extiende de septiembre de 2024 a febrero de 2025, tiene como objetivo mejorar la vigilancia, la gestión de casos y la vacunación, así como desarrollar la capacidad local para la prevención y el control de infecciones. República Democrática del Congo recibió el fin de semana un primer lote de 100.000 dosis de la vacuna MVA-BN contra el virus, suministrado por la Comisión Europea, a los que deben sumarse otras 100.000 en los próximos días. (Fuente: El País. Planeta Futuro. 13 de septiembre de 2024)

     Eso nunca sucedería en un país rico. De aquí la necesidad del Objetivo de Desarrollo Sostenible 1: "Poner fin a la pobreza en todas sus formas en todo el mudo". Y el ODS 2: "Poner fin al hambre, lograr la seguridad alimentaria y la mejora de la nutrición...."

Imágines por satèlite para mejorar las ciudades

      Un estudio de la revista Nature reveló en 2020 que la masa de todo lo construido por es humano supera ya a lo biomasa. Es decir, lo artificial pesa más que lo natural.  Fue una sorpresa que impactó al malagueño Pablo Quesada, licenciado en Geografía y Gestión del Territorio, y especializado el el tratamiento e interpretación de datos geoespaciales.  Y que la batalla por la sostenibilidad  se podía librar a mil kilómetros de distancia:   la información de los satélites es lave", recuerda.

     Fue el punto de partida de AgForest, start-up que nació en 2022 y comenzó a comercializarse en verano de 2023.  En ese año facturó sus primeros 300.000 euros y consiguió la rentabilidad.

     El primer  proyecto de la compañía partió de un cambio legal. Desde la primavera de 2021, España exige a los municipios un mapa de amianto existente en sus territorios y que, poco a poco,  lo desmantelen.  "Fue una oportunidad de negocio" recuerda Quesada, socio fundador junto a Juan Carlos Mastín Sánchez  y Santiago Iglesias. El emprendedor desarrolló un algoritmo que, gracias a la interpretación de las imagines de los satélites, detecta con una precisión del 90% las cubiertas de uralita, principal contenedor del material cancerígeno. El sistema, además, da a conocer si está instalado en lugares de especial riesgo, como centros de salud o colegios, para proponer un plan de prioridades. Valladolid fue su primer cliente y, pronto. se sumaron municipios como Ibiza, Tarrasa, Antequera, Málaga o Legazpi.

     La  aplicación de esta tecnología es hoy la punta de lanza de AgeForerst, que ha creado una primera versión de software. Mediante licencias de pago, permite a los usuarios mejorar la gestión del ciclo de vida del amianto:  desde un mapeo de las ubicaciones hasta actualizaciones con trabajo de campo y retiradas del material. "La idea es que en esa plataforma haya otras informaciones para convertirla en una herramienta para la gestión sostenible de las ciudades", dice Quesada. La firma ha anunciado la inversión de seis millones hasta 2028 para su área de I+D+i y desarrollar nuevas aplicaciones en tres ámbitos principales: residuos y contaminación, gestión de recursos hídricos y análisis de riesgos ambientales, económicos y de biodiversidad.

     "Las posibilidades son muchas", destaca, consciente de las múltiples perspectivas que otorga el análisis de las imagines obtenidas por satélites públicos y privados. Para demostrarlo, la empresa ha desarrollado proyectos con administraciones públicas para detectar islas de calor en las ciudades  -lugares que, por sus materiales, atrapan el calor y aumentan las temperaturas- o estimar la capacidad de captura de carbono del suelo. También han conseguido modelos predictivos para detectar fugas de agua en la red de saneamiento o contaminación de aguas. En Portugal han monitorizado una plantación de almendros: su tecnología ha permitido saber el número exacto de árboles, cuántos no crecen como deberían,cuándo es el punto óptimo de maduración del fruto e incluso estimar la producción del año. Durante 2024 esperan superar el millón de euros de facturación. (Fuente: El País, Negocios, 22 de septiembre de 2024)

     Como creo que he indicado más de una vez, el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 9 es  "construir infraestructuras resilientes, promover la industrialización inclusiva y sostenible y fomentar la innovación". 

     En relación con este objetivo, la ONU indica: "Algo, incluso un ser vivo, si tiene capacidad de adaptación frente a un agente  perturbador o un estado o situación adverso se dice que es resiliente si es capaz (tiene capacidad)  para recuperar su estado inicial, cuando ha cesado la perturbación a la que había estado sometido. Por ejemplo, adaptarse a las tensiones y desastres como los que desencadena el cambio climático".

           "La industrialización inclusiva y sostenible, junto con la innovación y la infraestructura,  pueden dar rienda suelta a las fuerzas económicas dinámicas y competitivas que generan el empleo y los ingresos. Estas desempeñan un papel clave a la hora de introducir y promover nuevas tecnologías, facilitar el comercio internacional y permitir el uso eficiente de los recursos".

          "Sin embargo, todavía queda un largo camino que recorrer para que el mundo pueda aprovechar al máximo este potencial. En especial, los países menos desarrollados necesitan acelerar el desarrollo de sus sectores  manufactureros, si desean conseguir la meta en 2030 y aumentar la inversión e innovación científicas".

           "La innovación y el progreso tecnológico son claves para descubrir soluciones duraderas para los desafíos económicos y medioambientales, como el aumento de la eficiencia energética y de recursos. A nivel mundial, la inversión en investigación y desarrollo (I+D), como porcentaje del PIB, aumentó de un 1,5 % en el 2000 a un 1,7 % en el 2015, y continuó casi en el mismo nivel en el 2017. Sin embargo, en las regiones en desarrollo fue inferior al 1 %."

     En cuanto a las metas considero importante para este caso. la siguiente: " Aumentar la investigación científica y mejorar la capacidad tecnológica de los sectores industriales de todos los países, en particular los países en desarrollo, entre otras cosas fomentando la innovación y aumentando considerablemente, de aquí a 2030, el número de personas que trabajan en investigación y desarrollo por millón de habitantes y los gastos de los sectores público y privado en investigación y desarrollo".