El contenido de este blog se ha cedido al dominio público: puede ser copiado, parcial o totalmente, sin previo permiso de la autora.


lunes, 29 de noviembre de 2021

Desarrollo sostenible

 Desde hace muy pocos años  la expresión  “desarrollo sostenible”, se podría decir que está de “moda”,  aunque no todos sanen, exactamente qué significa.  Un desarrollo sostenible es un desarrollo que pretende satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer las posibilidades de las generaciones futuras. Es una alternativa al concepto de desarrollo habitual, haciendo hincapié en la necesidad de reconciliar el bienestar económico, los recursos naturales y la sociedad evitando comprometer la vida de los futuros seres humanos. Es un concepto tan obvio como esencial  para nuestra supervivencia, pero hace apenas cincuenta años ni siquiera existía: el  mundo se movía por otros parámetros: la clave era el crecimiento económico y no importaba como conseguirlo. Sin embargo,  en los años setenta comenzaron a vislumbrarse  los muchos problemas que este planteamiento estaba causando y los efectos que las acciones humanas estaban teniendo sobre la naturaleza.

He dicho los años setenta, pero lo cierto es que algunas personas empezaron a vislumbrarlo bastante antes.  Una de ellas fue es el escritor Miguel Delibes. En su discurso de ingreso en la Real Academia de la Lengua Española, Miguel Delibes advertía sobre la angustia que experimentaba por el futuro de una Tierra sometida a una intensa explotación a causa de las exigencias de la era tecnológica. El discurso que pronunció entones dio lugar a dos libros:  SOS y Un mundo que agoniza. Delibes confiesa que treinta años después, esas preocupaciones suyas por el medio ambiente no habían disminuido, sino al contrario: “el abuso del hombre sobre la naturaleza no solo persiste, sino que se ha exacerbado”: agotamiento de  recursos, contaminación, escasez de agua dulce, desaparición de especies…  Además, nuevos nubarrones, que en los años setenta aun no percibíamos, han aparecido, amenazadores, en el horizonte, especialmente dos: el adelgazamiento de la capa de ozono y el cambio climático.

Indica que, en esas condiciones, aprovechó una visita de su hijo Miguel, unos meses después de haber sido galardonado por el Rey con el Premio Jaume   por sus desvelos ambientales, para hacerle ver su perplejidad.  “Deje caer una serie de preguntas relacionadas entre sí en un tono intrascendente, que seguramente traslucía, sin embargo, ml honda preocupación. Sus respuestas, empero, fueron tan incitantes y prolijas que en poco más de veinte minutos nos habíamos enredado en una conversación, para mi reveladora y apasionante, sobre el futuro de la Tierra. Al final de aquella mañana ya había convencido a Miguel  para extender nuestra charla y tratar, además, de darle publicidad, pues me parece obligado que los habitantes del planeta conocieran la opinión de los científicos sobre la situación por la que éste atraviesa”, comenta.

“Un poco sin plan previo, empezamos a hablar en Sedano mediado junio de 2004, mas nuestras conversación habría que extenderse, con las pausas  naturales, esos pocos días que estuvo en el pueblo”, añade Miguel Delibes, padre.

Y así nació,  firmado por Miguel Delibes y Miguel Delibes de Castro (2005, Club de Lectores), el libro La Tierra Herida ¿Qué mundo heredaran nuestros hijos?”  que citaré en más de una vez.

Sin embargo, “desarrollo sostenible”  se formalizó por primera vez en el documento conocido como Informe Brundtland, un documento de casi 500 páginas que tardó tres años en elaborarse. Escrito con la colaboración de cientos de expertos y presentado en 1987 por la Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo de la ONU, dirigida por la expresidenta noruega Gro Harlem Brundtland, el documento sentó las bases teóricas del desarrollo sostenible. En él se decía: “Vemos la posibilidad de una nueva era de crecimiento económico que ha de fundarse en políticas que sostengan y amplíen la base de recursos del medio ambiente y creemos que este crecimiento  es absolutamente indispensable para aliviar la gran pobreza que sigue acentuándose en buena parte del mundo en desarrollo.  No estamos pronosticando un futuro;  estamos presentando una advertencia –una advertencia urgente basada en los últimos y mejores argumentos científicos- de que ha llegado la hora de tomar las decisiones necesarias para asegurar los recursos que permitan sostener a la presente y futuras generaciones”.

 Estas palabras, extraídas de un informe que sigue siendo inquietantemente actual, sentaron las bases para lo que en 1992 sería la Declaración de Rio sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo. Era la primera vez que se vinculaban desarrollo económico y sostenibilidad, admitiendo con claridad que las tensiones ejercidas sobre el medio ambiente y los de desarrollo económico van unidos y reconociendo que  no solo la industrialización tenia efectos negativos en el medio ambiente sino también la pobreza.  Desde entonces, todas las agencias se Naciones Unidas han mantenido el vínculo entre esos conceptos y lo han convertido en la clave de su trabajo.

NOTA. Los dos últimos párrafos están extraídos de libro nuero 9 de la colección El Estado del Planeta, realizada conjuntamente por la Organización de las Naciones Unidas para la  Alimentación y la Agricultura (FAO) y el diario EL Pais sobre los grandes retos de la humanidad en el siglo XXI

No hay comentarios: