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domingo, 8 de abril de 2012

Austeridad y recesión no son decrecimiento

     Según un diccionario enciclopédico de economía (Ed. Planeta, Madrid, 1980, 8 volúmenes), una recesión "en general, se caracteriza por una caída de la demanda que desincentiva la inversión, el aumento de la tasa de infrautilización de la capacidad productiva, la reducción del empleo y la tasa de crecimiento".

     En el mismo diccionario se indica que la inversión es todo el "flujo de bienes y servicios" que se dedican a producir. Si en el país no existe una apropiada demanda de productos a los mercados no les interesa invertir en ese país. Por eso, cuando De Guindos anunció los primeros programas de ajuste, la prima de riesgo aumentó.

     Dejando a un lado lo que se puede pensar de la actitud de los mercados, en estos momentos, lo que interesa, a mi juicio, es comparar el efecto de la austeridad y recesión sobre el empleo con la disminución de jornada laboral que se derivaría de apostar por el decrecimiento.

     El movimiento de decrecimiento se sitúa al margen de la cultura de producir, comprar y vender: su objetivo es la protección de la Naturaleza y de los seres humanos. Ello lleva a la necesidad de trabajar menos horas. La más importante diferencia entre el descenso de trabajo, consecuencia de la austeridad y recesión -y, dentro de muy poco tiempo, de los últimos avances en las Técnicas de la Información y de la Comunicación- y el descenso debido al deseo de proteger la Naturaleza y mejorar -hacer más justa y humana- la vida de los seres humanos es que el primero es obligatorio, y el segundo, voluntario.

     ¿Es importante esta diferencia? Desde luego, es muy importante.

     En el primer caso, el ciudadano se ve abandonado por un gobierno preocupado, únicamente, por obedecer a quienes decidieron que serían los ciudadanos los que se harían cargo de las incorrectas actuaciones de los mercados financieros. Esta ademocrática e injusta decisión puede dar lugar a protestas y alborotos.

     En el segundo caso, dadas las condiciones ambientales, sociales y humanas, los ciudadanos deciden de forma "voluntaria" cambiar de dirección, cambiar un sistema económico y social que, por muy distintos motivos, se ha manifestado injusto (ha provocado grandes desigualdades económicas) entre países y dentro de un mismo país), peligroso ambientalmente (no tiene en cuenta los límites de carga del planeta) e inhumano (considera al ser humano como "máquinas de calcular" y le impide desarrollar todas sus potencialidades).

     A pesar de todo, el cambio no es fácil porque supone un cambio de mentalidad. En un principio, es necesario hacer uso de la solidaridad y empatía que caracteriza al ser humano -desde que se implantó el actual sistema económico ha olvidado lo que supone pertenecer a la especie humana. Se deben crear redes de ayuda mutua y fortalecer, al mismo tiempo, los sectores sociales que se han dado en llamar tercero y cuarto.

     Según el Premio Nobel Albert Einstein:

     "La creatividad nace de la angustia como el día de la noche oscura. La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a las personas y a los países porque la crisis trae progreso. El inconveniente de los países y de las personas es la pereza por encontrar salida y soluciones. En vez de eso, trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora que es la tragedia de no querer superarla"

3 comentarios:

J. Felipe dijo...

El problema Juliana, a mi juicio, es que la gente está deshumanizada y desinformada y todo ello consecuencia de la manipulación existente a todos los niveles, desde los grandes medios de comunicación que responden a intereses espúrios, a las campañas publicitarias extraordinariamente agresivas para fomentar un consumo excesivo y crear unas necesidades en los consumidores fuera del más puro sentido común y a una verborrea política que no representa a los ciudadanos sino esos mismos intereses.

Elemento Cero dijo...

Me quedo con la frase de Einstein, un genio que decía maravillas cada vez que abría la boca. La crisis es el pretexto ideal para deshacernos del sistema en el que vivimos y buscar nuevos horizontes. Pero para eso tenemos que librarnos también del yugo opresor de sus timoneles y marcar otro rumbo en el que el beneficio económico y el crecimiento sean recordados como errores del pasado.

Quizá una vida más tranquila y lenta sería lo ideal; reneguemos de las prisas y los cantos de sirena.

Juliana Luisa dijo...

Muchas gracias por vuestras aportaciones. Coincido con vuestro análisis. Es necesario un cambio de mentalidad ym desde mi punto de vista, al él puede ayudar la austeridad impuesta si se utiliza para fortalecer el tercero y cuarto sector sociales.

Un saludo