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domingo, 31 de julio de 2011

Lógica económica

     "El economista Lawrence Summers, doctorado en Harvard y elevado a las altas jerarquías del Banco Mundial, dio su testimonio a fines de 1991. En un documento para uso interno de la institución, que por descuido fue publicado, Summers propuso que el Banco Mundial estimulara la migración de las industrias sucias y de los desperdicios tóxicos "hacia los países menos desarrollados", por razones de lógica económica que tenían que ver con las ventajas comparativas de esos países. En resumidas cuentas, y hablando en plata, las tales ventajas resultaban ser tres: los salarios raquíticos, los grandes espacios donde todavía queda mucho por contaminar y la escasa incidencia del cáncer sobre los pobres, que tienen la costumbre de morir pronto y por otras causas".

      El párrafo anterior está copiado del libro Patas arriba. La escuela del mundo al revés (Eduardo Galeano, 4ª ed.1999, Siglo XXI de España Editores, Madrid, pág. 225); sin embargo, la anécdota ha aparecido en infinidad de medios de comunicación y ha sido mencionada por muy distintas personas.

sábado, 30 de julio de 2011

¿Qué pasa con el pueblo somalí?

     Aunque la mayor parte de Somalia se encuentra en terreno árido semiárido, se puede practicar una agricultura de cierta importancia en el noroeste y suroeste por ser áreas de lluvias moderadas y donde se encuentran los dos ríos más importantes del país. Por otra parte, su larga costa (3.025 kilómetros) fue  importante fuente de alimentos (proteínas). ¿Cuál es, pues, el verdadero origen de tan intensa hambruna?

     Para buscar información, esta vez, acudí a Internet y, como sucede con frecuencia, me encontré con más de lo que buscaba. Alguna de esa información ha sido suministrada por la prensa y la televisión, pero de forma inconexa y, a veces, incompleta o no veraz. He aquí un resumen de lo que, ahora, sé.
 
     En 1991, aprovechando la situación del gobierno somalí, "una multitud de barcos de pesca empezó a faenar en las aguas frente al país, incluidas sus aguas territoriales". Según Joaquim Sempere, profesor de Teoría Sociológica y Sociología Medioambiental en la Universidad de Barcelona, "en 2005 se calculó que pescaron allí unos 800 barcos de distintos países, muchos de ellos europeos y, más específicamente, españoles".  "El resultado -dice Sempere- fue la rápida disminución de unas reservas pesqueras que eran el principal recurso para las comunidades del país, catalogado como uno de los más pobres del mundo".

     Grupos de somalíes trataron de constituir un cuerpo denominado "Guardacostas Voluntarios de Somalia". Como contestación, Francia y España lograron que el 10 de diciembre de 2008 los ministros de Defensa de la Unión Europea aprobaran la Operación Atalanta contra la "piratería somalí" y que se diera luz verde al envío de entre 6 y 10 buques de guerra para "garantizar la seguridad" y con el mandato de vigilar las costas de Somalia, incluidas sus aguas territoriales.  

     " Es una indignidad aprovecharse de un país desangrado por una guerra civil y luego mandar a los soldados a defender una causa indefendible que no hace más que profundizar la tragedia de ese pueblo. ¿Cuánto cuesta mantener la dotación de dos buques de guerra, un avión y 395 efectivos de la Marina española destacados en la zona?"

     Sin embargo, la riqueza pesquera de Somalia y, por tanto, el sustento de muchas de sus comunidades, no solo ha sido destruida por barcos de pesca, sino también por la contaminación provocada por navíos procedentes de Europa, Estados Unidos, China y otros países que han aprovechado -siguen aprovechando- para verter en sus aguas grandes cantidades de  residuos tóxicos y peligrosos , a pesar de haber firmado la Convención de Basilea sobre los movimientos transfronterizos de residuos peligrosos. "En 2004, la existencia de estos residuos se hizo patente cuando decenas de contenedores llegaron a las playas arrastrados por las olas que generó el brutal tsunami en el Pacífico". La porquería tóxica acumulada en pocos días por la catástrofe marina provocó úlceras, cánceres, náuseas y malformaciones genéticas en recién nacidos y, al menos, 300 muertes, según el enviado de Naciones Unidas en Somalia.

     El enviado de Naciones Unidas para Somalia dijo que, en la práctica , fue el petróleo en que contribuyó a que surgiera y después se mantuviera la guerra civil de 18 años en Somalia: las multinacionales pagaban a los ministros del gobierno y/o líderes de la milicia por descargar la basura. Algunas de estas multinacionales ahora no pagan a nadie, simplemente, descargan la basura y se van.

     Las comunidades pesquera y los pescadores han denunciado la situación, se han quejado y han apelado a la comunidad internacional a través de distintos organismos, pero nadie les ha hecho caso.

     Razonando desde la máxima insensibilidad hacia el pueblo somalí, llegamos a la conclusión de que estamos "tirando piedras a nuestro propio tejado". Cuando ya no haya caladeros por explorar, cuando llenemos los mares de residuos ¿qué haremos? ¿a dónde iremos?  No tendremos ningún rincón donde escondernos. 

jueves, 28 de julio de 2011

Botsuana

     ¿Por qué muchos de los países del Tercer Mundo ricos en recursos naturales son más pobres que otros países peor dotados?   Está demostrado que ello se debe a que están en manos de regímenes represivos o corruptos o desgarrados por conflictos armados, a los que no son ajenos las empresas de los países ricos y, en ocasiones, los gobiernos de los países ricos, en su deseo de adueñarse de esos recursos naturales. A ese problema se le ha dado en llamar "la maldición de los recursos".

     Un país que ha sido capaz de escapar a esa maldición es Botsuana. Cuando Botsuana "accedió a la independencia en 1966 era un país extremadamente pobre, como Etiopía y la mayoría de las naciones africanas". "Era asimismo un pueblo eminentemente agrícola, le faltaba agua y sus estructuras eran rudimentarias. Y sin embargo, Botsuana es un caso de éxito en el desarrollo". 

     Desde su independencia, Botsuana ha sido siempre una democracia, cuyo éxito, según J. E. Stiglitz (El malestar en la globalización, págs. 63-66), "provino de su habilidad para mantener un consenso político basado en un amplio sentido de unidad nacional". Explica Stigliz que ese consenso político, necesario para cualquier contrato social, "había sido fraguado por la Administración, en colaboración de asesores externos y de una serie de instituciones públicas y fundaciones privadas, como la Fundación Ford. Los asesores ayudaron a Botsuana a trazar un plan para el futuro del país". "Al revés del FMI, que trata básicamente con los ministros de Hacienda y los bancos centrales, estos asesores explicaron abierta y sinceramente sus políticas mientras trabajaban junto a las autoridades para obtener apoyo popular para sus programas y políticas, Discutieron su plan con los altos funcionarios de Botsuana, con ministros y parlamentarios, en seminarios abiertos y en reuniones privadas".  De este modo, desde su independencia, ha experimentado el más rápido crecimiento de renta per cápita del mundo. Cuando padeció la epidemia de sida, el gobierno reconoció que esta enfermedad afectaría a la economía y puso en marcha programas para combatir la epidemia.

     Un año la sequía puso en peligro la vida de muchas personas del sector ganadero, y las dificultades en la industria de los diamantes presionaban sobre el presupuesto del país. "Pero como se había desarrollado a lo largo de los años una amplia comprensión de las políticas económicas y del enfoque de elaboración de políticas basado en el consenso, la austeridad no ocasionó la clase de rupturas sociales tan frecuentes bajo los programas del FMI". (Estas rupturas sociales son debidas a las políticas económicas a que obliga el FMI cuando presta el dinero, sin contar con la opinión del gobierno al que ha prestado el dinero). "Botsuana se apretó el cinturón y armoniosamente pudo superar la crisis".

     Creo que son muchas las lecciones que podemos aprender de la mano de Botsuana, cuyo gobierno ha demostrado -está demostrando- una sabiduría y grado de madurez escasas en muchas de nuestras democracias.

miércoles, 27 de julio de 2011

Sistema de comercio internacional. Modificar antes que crear uno nuevo

    Bhagirath Lal Das, en el último capítulo de su libro, expone su opinión acerca de la creación de un nuevo sistema de comercio internacional de comercio. Opina que el actual clima internacional no es propicio para crear un sistema totalmente nuevo. "Existe una gran codicia entre los ricos y una profunda desesperanza entre los pobres". El mal ha sido causado por los poderosos al ignorar los intereses, las necesidades y los problemas de los más débiles; y, en menor medida, ha sido provocado por los débiles, por no defenderse con determinación. Considera que es comprensible el que los países pobres no sólo se sientan marginados porque "no participan realmente en la "toma de decisiones", sino que, además, estén enojados pero impotentes; y cree que, en estas condiciones, la única opción es "reformar el actual sistema y trabajar con él hasta que no se cree otro nuevo".

      Las Das opina que el cambio puede ser iniciado por "un pequeño número de países, tanto industrializados como en desarrollo, y luego involucrar al resto". Puesto que el número de miembros de la OMC hace difícil llegar a un acuerdo escrito con la participación de todos ellos, ha diseñado un sistema de nombramiento de negociadores y formación flexible de grupos de países, para que los países del Sur puedan velar por sus intereses y, mediante un proceso regular de consultas, estar siempre al tanto de las negociaciones.

     Entre las reformas que Lal Das propone se encuentra la introducción de modificaciones en algunos Acuerdos:  Acuerdo sobre los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el comercio (ADPIC), Acuerdo General sobre el Comercio de Servicios (AGCS), Acuerdo sobre Obstáculos Técnicos al Comercio (OTC), y Acuerdo sobre Medidas Sanitarias y Fitosanitarias (MSF); y modificaciones en el sistema de sanciones en el Órgano de Solución de Diferencias (OSD), entre otras.

     Otra reforma fundamental se refiere al personal de la Secretaría y el OSD: ambos deben ser imparciales, ambos deben hacer un esfuerzo por mantenerse libres de toda sospecha.

     Una importante reforma se refiere al proceso de "dar y recibir", pues implica "dar más para recibir más" y "recibir menos si se da menos", con lo que se amplía la brecha entre países pobres y países ricos. Eso sin tener en cuenta las "trampas" que, con frecuencia, han hecho los ricos y que han llevado a que "durante los últimos 10 años, al menos, los países en desarrollo" hayan hecho "concesiones sin retribución". En opinión de Lal Das, ha llegado la hora de que se detenga este proceso e, incluso, se pida a los países industrializados beneficios recíprocos por concesiones anteriores. "Sería algo así como una justicia tardía".

     Como los países del Sur están en gran desventaja porque carecen de las infraestructuras necesarias (abogados, economistas, ...), Lal Das propone la creación de una institución encargada de llevar a cabo una  labor que, hasta ahora -en la medida que les es posible- realizan algunas grandes ONG. Como buen conocedor de la UNCTAD, cree que esta institución "puede jugar un papel muy útil en el proceso de negociación de la OMC"; hasta ahora, los países industrializados no han querido que los temas a negociar fueran discutidos en la UNCTAD, porque no querían renunciar a que se aprobase lo que  ellos previamente habían acordado.

martes, 26 de julio de 2011

Reforma del actual sistema de comercio internacional. Una propuesta

     Entre las distintas propuestas de reforma de la Organización Mundial de Comercio (OMC), destaca, a mi juicio, la enunciada por Walden Bello, profesor de ciencias sociales y políticas en la Universidad de Filipinas (Manila) y fundador del instituto de investigación política Focus on the Global South, en su libro Desglobalización. Ideas para una nueva economía mundial  (2004, Icaria Editorial-Intermón Oxfam, Barcelona).

     Walden Bello, después de pasar revista a las distintas propuestas de reforma de las actuales instituciones internacionales, recuerda el libro La estructura de las revoluciones científicas, en el que su autor,  el historiador y filósofo de la ciencia, Thomas Kuhn, explica que, en el campo científico cuando un modelo, en un intento de explicar nuevas observaciones, se hace muy complejo, la ciencia lo sustituye por otro menos complejo y más coherente.

     Desde este punto de vista, W. Bello aboga por un cambio total del FMI, del Banco Mundial y, especialmente, de la OMC dada su "importancia y sus características únicas"; y aboga por desmantelar, neutralizar o reducir el poder de la OMC, mediante una combinación de medidas activas y pasivas, hasta su conversión en un organismo distinto, que estaría controlado por acuerdos, organizaciones internacionales y otras entidades. Esta estrategia incluiría reforzar distintos organismos e instituciones, como la Conferencia de las Naciones Unidas para el Desarrollo y Comercio (UNCTAD), acuerdos medioambientales multilaterales, la Organización Internacional del Trabajo, etc. Siempre siguiendo procesos democráticos en la adopción de las principales decisiones económicas en lugar de dejarlas a merced del mercado; y creando un sistema de producción e intercambio a cargo de cooperativas, empresas privadas y estatales, con exclusión de las multinacionales.

     Todo ello no implica dejar de lado el comercio internacional, sino únicamente bajarlo del pedestal en que se encuentra en estos momentos, de modo que la producción en lugar de estar enfocada fundamentalmente a la exportación se oriente hacia el mercado local (Autosuficiencia).

      Walden Bello vaticina que, de esta forma, se ganará en cosas como la solidaridad, la equidad social y llegada a un sistema más democrático y más sostenible.

      Ahora bien, los cambios en las estructuras para que den resultados, deben ser consecuencia de cambios en la manera de pensar y de ser de las personas. Ellas, en calidad de consumidoras, son las únicas que pueden disminuir el poder de las multinacionales; y ellas son las que, presionando masivamente sobre los gobiernos, pueden desmantelar y reducir el poder de la OMC.

domingo, 24 de julio de 2011

¿Qué mundo heredarán nuestros hijos?

     En el libro La Tierra herida. ¿Qué mundo heredarán nuestros hijos (2005, Círculo de Lectores, Barcelona) se recoge el diálogo de Miguel Delibes, escritor, y su hijo, biólogo. Este diálogo gira alrededor de los cambios que ha experimentado el planeta en las últimas décadas; cambios debidos a un sistema de producción que ha explotado los recursos naturales sin ocuparse de las consecuencias.

     En su última intervención, Delibes-hijo recuerda a su padre el final de su discurso de entrada a la Academia de la Lengua:

     "Entonces apelabas a esa conciencia moral universal que, por encima del dinero y los intereses políticos, viene exigiendo juego limpio en no pocos lugares de la Tierra.  Y añadías: "Esta conciencia, que encarno preferentemente en un amplio sector de la juventud, que ha heredado un mundo sucio en no pocos aspectos, justifica mi esperanza".

sábado, 23 de julio de 2011

El comercio internacional y la teoría de juegos

     Luís de Sebastián, catedrático de Economía Internacional en la Universidad Ramón Llull de ESADE (Barcelona) señaló en un artículo, La liberalización de los mercados. Efectos sobre  las economías del Sur, publicado en EL PAIS, el 6 de enero de 2003:

     "El comercio internacional tiene en teoría dos efectos principales sobre el bienestar de las naciones. Por medio de las importaciones un país amplía la oferta de bienes y servicios de que puede disponer. Por medio de las exportaciones puede producir para un mercado más amplio que el nacional, y de esta manera, aumentar la productividad del trabajo local. (...), éstas son las dos fuerzas que han hecho del comercio internacional, a través de la historia, un  instrumento del progreso de las naciones. (...) En un principio, el comercio internacional, tanto del Norte como del Sur, debería beneficiar a las naciones que lo practican".

    "En teoría" porque en la realidad, según indicaba Luís de Sebastián:

      "..., en muchos países del Sur, la mención del comercio internacional, de liberalizarlo y de organizarlo por tratados, produce las mismas reacciones que si se invocara una maldición. Es que las gentes del Sur, sobre todo las más pobres, han tenido malas experiencias con las formas históricas concretas de cómo se organizó y se llevó a cabo el comercio internacional".

     De forma análoga se expresa Joseph E. Stiglitz en su libro El malestar en la globalización (pág. 305). Este premio Nobel después de afirmar que la Organización Mundial de Comercio (OMC) es el símbolo más obvio de la "hipocresía de los países industrializados más avanzados", indica:

     "Habían predicado -y forzado- la apertura de los mercados en los países subdesarrollados para sus productos industriales, pero seguían con sus mercados cerrados ante los productos de los países en desarrollo, como los textiles y la agricultura. Predicaron a los países en desarrollo para que no subsidiaran a sus industrias, pero ellos siguieron derramando miles de millones en subsidios a sus agricultores, haciendo imposible que los países en desarrollo pudieran competir. Predicaron las virtudes de los mercados competitivos, pero Estados Unidos se apresuró a propiciar cárteles globales en el acero y el aluminio cuando sus industrias locales fueron amenazadas por las importaciones. Estados Unidos recomendó la liberalización de los sectores financieros, pero rechazó la liberalización de los sectores donde los países subdesarrollados tienen fuerza como la construcción y los servicios marítimos. Como hemos apuntado, la agenda comercial ha sido tan injusta que no solo los países pobres no han recibido una cuota equitativa de los beneficios sino que la región más pobre del mundo, el África subsahariana, de hecho empeoró como resultado de la última ronda de las negociaciones comerciales".

       Traduciendo lo que ambos catedráticos exponen al lenguaje de la teoría de juegos, el comercio internacional se ha practicado hasta ahora como si  se tratase de un juego de suma cero: unos ganan y otros pierden, como sucede en un partido de fútbol entre dos equipos. Diferentes son los juegos de suma no cero: todos ganan o todos pierden, dependiendo de que jueguen bien o mal, como sucede en el juego que practican los jugadores de un mismo equipo, por ejemplo, de fútbol. Es posible -y absolutamente necesario- sustituir las normas por la que en la actualidad el comercio internacional por otras que lleven a la práctica de un juego de suma no cero, unas normas con las que los ricos y los pobres se sientan "jugadores de un mismo equipo", dispuestos a ganar.

     Robert Wrigh, periodista y prolífico autor de best sellers sobre ciencia, psicología evolutiva, historia, religión y teoría de juegos, en una conferencia, El mal en el animal humano pronunciada en la Ciudad de las Ideas en julio del pasado año, expresó su convencimiento de que la única forma que tiene la Humanidad de sobrevivir es aprender a llevar a cabo juegos de suma no cero.