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miércoles, 17 de agosto de 2011

Actividad agrícola y actividad ganadera, ¿competencia de la OMC?

     En Somalia, como en todos los países subdesarrollados, se practica -o, mejor dicho, se practicaba- un modelo agrario basado en explotaciones familiares -pequeña y mediana producción- y caracterizado por la diversidad de cultivos. Mediante este modelo de actividad agraria -agrícola y ganadera-, Somalia y todos los países subdesarrollados fueron autosuficientes desde el punto de vista alimentario, aún cuando, como es natural, se dieran situaciones temporales de escasez, debidas a graves fenómenos naturales. El comercio de los productos agrícolas era comercio interior, aprovechando excedentes en ciertos lugares y escasez en otros. El actual presidente de la FAO ha dicho que, después de analizar muchos trabajos científicos, ha llegado a la conclusión de que con este modelo agrario podría alimentarse a toda la Humanidad.

     El GATT no contemplaba la inclusión entre sus competencias el comercio de productos agrarios. Esto cambió con la creación de la OMC, uno de cuyos acuerdos es el Acuerdo sobre Agricultura.  El Acuerdo sobre la Agricultura y las exigencias del FMI y el Banco Mundial (mandato de exportar) ha generado, sobre todo en los países del Sur, entre otras cosas, la concentración de la tierra en manos de empresas privadas, con la consiguiente expulsión del campo a miles de familias que deben buscar su subsistencia en las grandes ciudades o como trabajadores jornaleros.

     Surge, entonces, la agricultura, denominada intensiva o industrial, en la que grandes extensiones de terreno son dedicadas a un sólo cultivo (monocultivos). Dado que las grandes empresas agroindustriales, encargadas de la producción y distribución comercial, están interesadas, única y exclusivamente, en obtener el máximo rendimiento, este tipo de agricultura consume grandes cantidades de productos químicos (fertilizantes y fitosanitarios), que terminan contaminando las aguas y los suelos de forma irreversible. La más elemental ciencia agrícola pone de manifiesto que este modelo de producción agrícola termina convirtiendo en estériles terrenos que fueron fértiles.

    Mientras que, en el modelo agrario, basado en pequeñas y medianas explotaciones, la actividad ganadera y la actividad agrícola son complementarias y se refuerzan la una con la otra, en este último modelo, la actividad ganadera, intensiva o industrial, es completamente independiente de la actividad agrícola, lo que conduce a que los desechos ganaderos sean origen de graves problemas de contaminación.

     No sólo desde el punto de vista medioambiental, sino también desde el punto de humano -dos puntos de vista de la misma realidad- la consideración de los alimentos como cualquier otra mercancía, añadida a la habitual hipocresía, practicada por los países ricos, ha llevado -está llevando- a situaciones verdaderamente sangrantes; sólo por ellas, nuestro actual sistema económico merece el calificativo de asesino. 

     Para destinarlos a monocultivos, las multinacionales agroindustriales se han apropiado de cientos de miles de hectáreas en los países pobres. Porque, al considerar los alimentos como mercancías, en un sistema liberalizado y carente de cualquier tipo de regulación, su precio depende de los mercados financieros, donde los especuladores ganarán -en algunos casos, ya han ganado- montones de dinero a costa del hambre de muchas personas. ¿Qué especulador, en estos momentos, se detiene al observar que la "crisis" está estropeando la vida a miles de personas?  Cuando llegue el momento, es seguro que a ninguno le preocupará los miles de seres humanos que, tanto en el Norte como en el Sur, morirá de hambre.

3 comentarios:

Elemento Cero dijo...

Es realmente increíble la ceguera de nuestra sociedad... Al final, está visto que no necesitamos tanto como quieren hacernos creer, y que es perfectamente posible un mundo en el que cada uno tenga su parcela de tierra para cultivar y recoger sus frutos.

Thomas More, en el siglo 16, hablada precisamente de eso, de ciudades autosuficientes, cada casa con un huerto. Lo que es, en resumidas cuentas, un sistema que funciona y que no conlleva abusos, contaminación y, lo peor, riesgos de cara al futuro.

Si las empresas controlan el alimento, ¿quién nos garantiza el acceso a él?

Un saludo.

Lorenzo Garrido dijo...

Excelente artículo, y el comentario también.

Juliana Luisa dijo...

Muchas gracias a los dos. Ya tenemos la información, ahora nos queda pensar, usar nuestra capacidad para imaginar, crear; y, por último, actuar.
Un saludo