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miércoles, 31 de agosto de 2011

Patentes

     ¿Por qué hablar de patentes ahora "con la que está cayendo"?  Porque existe una relación íntima entre las patentes y la existencia de unos piratas, tan peligrosos o más, que los que han intervenido -y interviniendo- en Somalia.

     Los conocimientos de los países subdesarrollados no están patentados, porque sus habitantes no conciben que alguno de ellos pueda tener un título que reconozca el derecho a explotar, en exclusiva, una "invención": los conocimientos que poseen, principalmente, sobre las distintas plantas y su posibilidad de uso son fruto de años de observaciones y experiencias llevadas a cabo por múltiples agricultores y, por tanto, pertenecen a la comunidad.  La cultura occidental, sobre todo, en su relación con la Naturaleza, es muy diferente de cultura de estos países.

     En Occidente, no sólo es objeto de patente cualquier novedad mundial que tenga alguna aplicación industrial -eso dice la teoría, pero en la práctica son patentables, por ejemplo, los medicamentos a pesar de que carecen de aplicación industrial-, sino también se patentan cosas en las que está implicado un ser vivo, en su totalidad o en algunas de sus partes: "patentes sobre la vida". El 12 de abril de 1988, la Oficina de Patentes de Estados Unidos concedió a Du Pont la primera "patente sobre la vida".

     En la Ronda de Uruguay, se decidió introducir los derechos de propiedad intelectual y, entre ellos, las patentes, en la nueva Organización Mundial de Comercio (OMC), a través del Acuerdo sobre Derechos de Propiedad Intelectual relacionados don el Comercio (ADPIC; en inglés TRIPS). En consecuencia, a partir de 1994, fecha en la que la OMC sustituyó al GATT, todos los Estados miembros de la OMC debían aceptar los rigurosos criterios de protección de la propiedad intelectual que, hasta entonces, sólo se aplicaban en los países industrializados.

     Los defensores del actual sistema de patentes afirman que con la concesión de una patente se pretende compensar al autor del invento y que, por tanto, las patentes promueven la creatividad, el desarrollo científico y técnico, y, con ello, aumentan la calidad de vida de toda la humanidad. Sin embargo, la realidad es muy distinta. Por un lado, durante el período de vigencia de la patente, la empresa que posee la patente se encuentra en situación de monopolio, con el consiguiente perjuicio para los consumidores. Por otro lado, hay invenciones que podrían mejorar la calidad de vida de las personas, pero que no llegan al mercado debido a que la patente es comprada, y después escondida, por otra empresa que considera que su desarrollo puede disminuir sus ganancias. En un estudio llevado a cabo en Estados Unidos en 1984, más del ochenta por ciento de las empresas estudiadas señalaron que el principal motivo para sacar una patente era "bloquear algún sector técnico", sin que tuvieran ninguna intención de explotar la invención. (Vandana Shivam ¿Proteger o expoliar? Los derechos de propiedad industrial, 2003, Intermón Oxfam, Barcelona)

     Pensar que es necesaria una compensación para promover la creatividad es ignorar que el ser humano es curioso, creativo, por naturaleza; y supone no tener en cuenta los adelantos alcanzados a lo largo de la historia de la Humanidad, antes de instaurar el actual sistema de patentes o los conseguidos en ciencia básica, cuyos resultados no son patentables.

6 comentarios:

Elemento Cero dijo...

La patente, dicho de otro modo, encorseta el progreso, lo monetiza... causando un tremendo retraso a todos los niveles.

Es uno de los motivos por los que me declaro férreo defensor del mundo Linux, cuyo software es de código abierto o libre (depende del caso), y en el que el desarrollo se centra en la cooperación (sin restricciones), en el progreso, en mejorar libremente sin cuestiones económicas de por medio... Todos pueden aportar su grano de arena para llegar al siguiente nivel.

No vendría mal aplicar el mismo principio a otros planos de nuestras vidas.

Lorenzo Garrido dijo...

Si en tiempos de Galileo hubiera existido la patente, la Iglesia hubiera comprado su hallazgo y ahora seguiríamos diciendo que la tierra es plana.

Juliana Luisa dijo...

Elemento cero: tendremos que pensar aplicar de que manera y en qué ámbitos se pueden soslayar las patentes. Los derechos de autor también son competencia de la OMC.

Juliana Luisa dijo...

El problema es que la teoría de Galileo no es patentable. Pero en el fondo tu precisión es totalmente correcta; comparto tu punto de vista en cuanto se refiere a la glesia.

Poderio dijo...

Una cosa que siempre me he preguntado de las patentes es: hasta donde yo se, tienen una vigencia, pasada la cual lo puede usar cualquiera sin pagar royalties.
Ademas deben estar accesibles a cualquiera (que sepa buscar), es decir, tienes que pagar por usarla, pero no por leerla.
No seria interesante que algun tipo de organizacion detecte que patentes están bloqueadas y cuando se van a liberar y por lo tanto las pueda usar libremente????
Seguro que no es tan sencillo, pero ....
Por otra parte, ¿es una leyenda urbana que existen patentes para motores que a partir del aire generan agua por el tubo de escape y otras ideas "peligrosas"?

Juliana Luisa dijo...

Tengo entendido que, en teoría, todas las patentes tienen un tiempo de vigencia. En la práctica, creo que las cosas son más complicadas, por ejemplo, en el caso de los médicamentos genéricos, es decir, aquellos para los que ha caducado la patente, según la OMC, sólo pueden ser fabricados por los países que tienen industria, pero no pueden ser vendidos a los países pobres, que no tienen industria. Esos países no pueden comprar ni los medicamentos de marca porque son muy caros, ni los genéricos porque carecen de industria propia. Se han buscado algunas soluciones, pero la cosa no es fácil. Como dijo Bush hijo en África, contra el sida la abstinencia.

Esas ideas que calificas de "peligrosas", por lo que he leído, unas son pura imaginación y otras son buenas, pero no le interesan a la industria, que las bloquea, comprándolas y escondiéndolas. Habría que estudiar cada caso.

Un saludo