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jueves, 12 de enero de 2012

Falacia

     En relación con la tesis defendida por los "optimistas económicos", Thomas Homer-Dixon escribe en su libro El vacío del ingenio (pág. 264):    

      "La creencia en la ilimitada capacidad de sustitución de los recursos, en la primacía de las instituciones políticas y económicas y en (...) sus mercados modernos suelen combinarse para producir lo que suelo denominar orgullo desmedido. (...) En los próximos cien años creo que llegará a considerarse una de las mayores falacias de nuestra época".

     El diccionario de la Real Academia Española, dice que falacia es un "engaño o mentira con que se intenta dañar a otro" (1ª acep.) o "hábito de emplear falsedades en daño ajeno" (2ª acep.)

     Si es ilimitada la capacidad de sustitución de los recursos naturales, ¿por qué los países ricos, teóricamente, con más conocimientos que los países pobres, no empiezan ya la sustitución de los recursos que no tenemos en nuestro territorio, por otros que cumplan la misma función? Por ejemplo, ¿por qué, sabiendo los problemas que plantea el comercio de diamantes, no fabricamos y ponemos de moda otras piedras igualmente bellas? o ¿por qué no fabricamos nuestros teléfonos móviles, ordenadores, consolas de videojuegos e, incluso, detectores de humo y automóviles sin tener que emplear tántalo, un elemento que se obtiene del coltan, en gran proporción extraído de minas existentes en el Congo? (La extracción de ambos recursos está relacionada con guerras, muertes y trabajo infantil o en régimen de esclavitud).

     Homer-Dixon se queja de que los optimistas económicos no distingan entre recursos no renovables (los diamantes, el coltan,...) y recursos renovables (el agua, el aire, los océanos, ...), consideramos como bienes comunes de la humanidad y caracterizados por un complejo comportamiento aún no bien conocido.

     Los optimistas económicos indican que cuando un recurso escasea, la solución está en ponerle un precio. ¿No tendrán derecho a beber quienes no tengan dinero? Y en cuanto al precio, ¿se tendrán en cuenta lo que los economistas llaman externalidades negativas? Ahora no son tenidas en cuenta.  Por ejemplo, en la extracción de petróleo, no se tienen en cuenta los daños a personas que no participan directamente en su compra o venta.  Cuando una empresa se instala en un país donde no existen o se pueden soslayar las leyes medioambientales rigen en su país de procedencia ¿se tiene en cuenta que, aunque no exista ninguna ley, el aire y el agua son bienes comunes de la humanidad?  La Organización Mundial de Comercio (OMC)  obliga a muchas cosas, todas en favor de las empresas multinacionales, pero ninguna a favor de los bienes comunes de la humanidad.

     La solución no está en los mercados, ni en las instituciones políticas y económicas que los optimistas económicos defienden; estas instituciones son, en realidad, las causantes de la gangrena que sufre la humanidad.

     En una ocasión, preguntaron a Eduard Carbonell, catedrático de Prehistoria, codirector del yacimiento de Atapuerca y Premio Príncipe de Asturias:

     "¿De qué depende nuestra supervivencia?".

     "¿De que tengamos conciencia de especie?"  fue su contestación.

     Tener conciencia de especie es lo único que puede acelerar el proceso de humanización, algo, en estos momentos, realmente urgente.   Tanto se ha retrocedido que se están perdiendo características, como empatía y la solidaridad, que manifestamos al nacer, que en el pasado nos han salvado de muchos peligros y que nos han permitido llegar hasta donde estamos.

3 comentarios:

Elemento Cero dijo...

Quizá de entre los cascotes que las multinacionales y sus aliados pretenden dejarnos como herencia... quizá una nueva humanidad pueda erguirse otra vez. Una especie arrepentida, que ha aprendido de sus errores y mira al futuro con otros ojos...

No obstante, mientras los mercaderes sigan poniendo precio a la vida, jactanciosos, e ignoren por completo toda ética o razón, el mundo seguirá siendo un lugar oscuro.

Y yo me pregunto, nosotros, jóvenes de hoy en día, que en el futuro ocuparemos puestos de poder y tomaremos el relevo de estos asesinos financieros y económicos... ¿haremos lo mismo que ellos o cambiaremos? ¿Quedará tiempo?

J. Felipe dijo...

La respuesta a todo esto estaría en una gobernanza mundial correcta pero... ¿para qué sirve la ONU?, ¿El Banco Mundial, el FMI, la OCDE, la mismísima U.E.? ¿Y los tribunales internacionales de justicia, La Haya, etc.? ¿O la OEA, la Liga de Países Arabes? Hasta ¡¡la FIFA y la UEFA!! Todo un conglomerado de siglas -algunas seguro ya que hasta las he escrito mal-, que, supuestamente, deberían velar por los beneficios del común de los mortales, por la justicia, por una mejor distribución de la riqueza, por la paz, la solidaridad y... a saber cuantas cosas más para las que fueron creados pero que hoy están sujetas a los más viles intereses.

¡¡Todo por la maldita pasta!! A saber.

Juliana Luisa dijo...

Elemento Cero: Aunque el ser humano no es, ni será nunca, perfecto, y, a pesar de que por ahora los avances son muy lentos, creo que es inevitable un cambio del actual sistema económico y social.

En cuanto a lo que indica J. Felipe estoy del lado de los que no son partidarios de un gobierno mundial. Lo que, a mi juicio, hace falta es que nos comportemos como seres humanos, que, en el punto en que nos encontramos, debemos actuar como un equipo que está dispuesto a ganar y no a desaparecer. Es mi opinión, pero no me importa tener razón o no, lo qe me importa es que cambie el sistema y se resuelva el problema de la pobreza.

Un saludo a los dos y muchas gracias por vuestras aportaciones