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martes, 18 de julio de 2017

Ecocidio



A raíz de un artículo, “Contra la impunidad del ‘ecocidio’, publicado en El País del 17 de julio último me ha enterado que cada vez se puede estar más cerca de la creación de un Tribunal de Justicia Universal que castigue los delitos contra el medio ambiente. En septiembre de 2015, juristas de todo el mundo encabezados por el exjuez Baltasar Garzón abogaron en Buenos Aires por que el concepto de justicia universal no solo persiga matanzas y genocidios  sino también delitos económicos, financieros y contra el medio ambiente, que también cuestan vidas humanas. (El País, 10 de septiembre de 2015, “Hacia una justicia universal más amplia”). Era el segundo Congreso de jurisdicción universal que organizaba la Fundación de Baltasar Garzón: el primero fue en Madrid en 2014.
En el artículo “Contra la impunidad del ecocidio” se indica que la Fundación Internacional Baltasar Garzón y la Universidad de Jaén han celebrado los días 13 y 14 de julio, en el municipio jienense de Torres, un curso de verano sobre “Crímenes medioambientales. Mecanismos de lucha contra el ecocidio y otros crímenes contra la naturaleza”.
“Ecocidio” es una palabra que se refiere a los crímenes medioambientales. Todavía no ha sido recogida por el Diccionario de la Lengua Española (DEL). A pesar de eso en 1984, Fernando C. Césarman publicó un libro titulado Paisaje roto, la ruta del ecocidio” y, en 1996, El ecocidio permitido; y, en 2005, Franz J. Broswimmer,  investigador del Centro de Estudios sobre la Globalización de la Universidad de Hawai, escribió  Ecocidio un libro que ha sido traducido a varios idiomas.
Según el artículo citado, una de las participantes en el curso de verano fue Polly Higgins, abogada escocesa, una de las letradas ambientalistas internacionales más reconocidas, quien recordó que cuando, en 1996, se estaba discutiendo  la redacción del Estatuto de Roma (firmado en 1998), los borradores incluyeron un apartado sobre crímenes medioambientales, pero que, al  final, esos crímenes fueron eliminados del Estatuto de Roma. Higgins achaca su desaparición a “las presiones” de varias potencias y de grandes corporaciones multinacionales dedicadas a la agricultura, la energía nuclear y los combustibles fósiles. “Nos toda ahora incluir aquello que se perdió en el Estatuto de Roma”, propuso esta abogada.
El autor del artículo recuerda los vertidos de Texaco (que ahora forma parte de la estadounidense Chevron) en la Amazonia ecuatoriana entre 1964 y 1992. Unas 500.000 hectáreas y la salud de miles de personas se vieron afectadas por los continuos vertidos de residuos durante las actividades extractivas de petróleo que llevo a cabo Chevron, junto a la empresa nacional de hidrocarburos. Un grupo de indígenas ha mantenido una larga guerra en los tribunales. Con la inclusión de los crímenes medioambientales en el Estatuto de Roma, con el que se creó la Corte Penal Internacional, se logrará justicia y reparación en este y otros muchos casos similares.
 Una de las múltiples señales de que los ciudadanos no pertenecen pasivos qnte estas injusticias lo constituye la campaña emprendida por WeMove.E, un movimiento ciudadano por "una Unión Europea comprometida con ls justicia social y económica, con la sostenibilidad ambiental y la democracia ciudadana y participativa". Una de las actividades de ese movimiento ha estado relacionada con el hecho de que la ropa de conocidas marcas como Zara y H&M tiene claros vínculos con las fábricas de producción de viscosa en Asia que provocan una contaminación devastadora del agua y del aire. Este movimiento considera que, como consumidores europeos, debían pedir a estos gigantes de la moda una política inmediata de contaminación cero, que trabajen por una transición hacia tecnologías limpias, y que, en los casos en que los fabricantes se nieguen a cumplir dichas condiciones, dejen de abastecerse con sus productos. Es solo un ejemplo.

viernes, 14 de julio de 2017

Formas de vida y cambio climático



Heinrich Böll, escritor alemán, Premio Nobel de Literatura 1972, escribió, en 1963  para un programa de radio, la que se considera una de sus mejores historias: Anécdota sobre la propiedad reducida.
A esa obra pertenecen los párrafos que presento a continuación.
“Un turista se fija en la encantadora escena de un pescador, vestido umildemente, que sestea apoyado sobre un bote de remos varado en la arena en una playa esplendorosa. Lo fotografía, le ofrece un cigarrillo y entablan conversación:
”–Hace muy buen tiempo, seguro que hay mucha pesca, ¿qué hace usted durmiendo en lugar de salir al mar y pescar?
”–Ya pesqué lo suficiente esta mañana.
”–Pero imagínese –replicó el turista– tres o cuatro veces al día capturando tres o cuatro veces más de pescado. Después de un año podría comprarse una lancha a motor; después de dos años, otra más; después de tres años podrían ser ya uno o dos barcos de pesca de buen tamaño. ¡Imagínese! Algún tiempo después podría construir una fábrica de congelados o una planta de salazones, más adelante incluso volaría en su propio helicóptero para localizar los bancos de pesca y guiar a sus barcos hacia ellos, o quizá poseería su propia flota de camiones para llevar el pescado a la capital y entonces…
”–¿Y entonces? –pregunta el pescador.
”–Entonces –culmina el turista en tono de triunfo– podría estar sentado tranquilamente en la playa, echar un sueñecito al sol y contemplar la belleza del océano.
”El pescador le mira:
”–Eso es exactamente lo que estaba haciendo antes de que usted apareciese por aquí”
En la historia se dice que, al final, el turista se marcha andando pensativo, sin compadecerse por el pescador pero con algo de envidia en el fondo.
Se trata de dos formas de vida, dos culturas, distintas.  El cambio no se produjo de forma espontánea. Más bien al contrario. Los economistas de fin de siglo XIX observaron que los trabajadores se conformaban con ganar lo justo para vivir y para permitirse algunos pequeños lujos básicos, y que preferían tener más tiempo de ocio en lugar de ingresos adicionales como consecuencia de una mayor cantidad de horas de trabajo. Ello se convirtió en una gran preocupación para los hombres de negocios cuyos almacenes se llenaban de cosas fabricadas.
Los líderes empresariales se dieron cuenta de que había que cambiar la psicología de los trabajadores. No era tarea fácil: había que conseguir que la gente “quisiese” cosas que nunca antes había deseado. Y como el planeta Tierra es finito, hemos llegado a donde estamos: una profunda crisis ecológica que si no solucionamos pronto más que tarde puede causarnos muchos problemas a nosotros y, sobre todo, a  nuestros  descendientes  
Los párrafos de Heinrich Böll, que he presentado, están extraídos del libro, disponible en Internet,  La gran encrucijada. Sobre la crisis ecosocial y el cambio de ciclo histórico, de Fernando  Prats, Yayo Herrero y Alicia Torrego (coords.), 2016, Libros en Acción de la editorial de Ecologistas en Acción.

martes, 11 de julio de 2017

Naciones y cambio climático



El cambio climático, debido a la concentración, en la atmósfera, de gases de invernadero, es un problema mundial de extrema importancia. Este fenómeno conduce a una elevación de la temperatura de la superficie de la tierra y de los océanos, lo cual tiene numerosas y  muy complejas consecuencias sobre otros aspectos del clima: precipitaciones, tormentas, disponibilidad de agua potable,  desaparición de especies animales, aumento de la transmisión de enfermedades, etcétera.

Los especialistas no se casan de repetir que si no hay un cambio radical por parte de la comunidad internacional, el cambio climático puede poner en peligro, desastrosa y perennemente, el bienestar de las futuras generaciones.
Muy importante es tomar conciencia de que el cambio climático es debido a la acción humana y, por tanto, solo el ser humano puede corregirlo. Jean Tirole, Premio Nobel de Economía 2015, en el capítulo “El desafío climático” (2017: 217-252),  de su libro  La economía de bien común, señala “a pesar de la acumulación de pruebas científicas sobre el papel de la especie humana en el cambio climático, la movilización internacional sobre este tema es, en la práctica, decepcionante”.
   En el mismo capítulo, este economista indica que “en economía, el cambio climático se presenta como un problema de bien común”.  A este respecto, conviene recordar que son bienes comunes de la humanidad aquellos bienes -algunos de ellos recursos naturales renovables- de los que podemos disfrutar todos, incluso las generaciones venideras, pero que, sin embargo, no pertenecen a nadie. El aire es un bien común, lo mismo que el agua, los recursos marinos, las semillas, la belleza de un paisaje, el conocimiento, etc. También conviene recordar quepara el actual sistema económico-social, estos bienes son una mercancía.
En el capítulo citado, Tirole analiza las razones del fracaso de todos los intentos realizados para hacer frente al cambio climático a través de protocolos o acuerdos entre naciones soberanas. Señala que “se trata de un importante problema mundial que se ha demostrado que no puede ser resuelto en el marco de las naciones-Estado”.
En 1968, en la revista Science, el biólogo Garret Hardin publicó un ensayo, La tragedia de los comunes, citado por Jean Tirole, en el que pone de manifiesto que la forma de gestión de los bienes comunes, que propugnan los fundamentalistas del libre mercado no es la adecuada, porque conduce al agotamiento de esos bienes, en este caso, destrucción del hábitat, en la actualidad ocupado por la especie humana. Tirole cita también los estudios de la economista  Premio Nobel de Economía 2009, Elinor Ostrom, estudios que le permitieron diseñar la forma correcta de gestión de los bienes comunes. No sé cuál es la razón por la cual este economista indica que ese modo de gestión no es posible en el caso del cambio climático.
Según Tirole, ”puesto que “los países encontrarán siempre un montón de excelentes excusas para no respetar sus compromisos” propone acudir a la OMC o al FMI, aunque señala “que quede bien claro que soy consciente del riesgo de daños colaterales que puede entrañar vincular una política climática a unas instituciones internacionales que, mal que bien, funcionan” (2017:250).
Me pregunto: ¿Por qué Tirole no piensa en la posibilidad de hacer uso de la inteligencia colectiva y de globalizar la democracia? Atribuyo este fallo a una excesiva especialización, fenómeno puesto de manifiesto hace años.
Para terminar, recuerdo las siguientes expresiones de Federico Mayor Zaragoza, en defensa de un gobierno mundial realmente democrático: “Nadie tiene derecho a arrogarse el destino común, todo está por hacer y todo es posible”; “El dominio de los pocos sobre los muchos ha concluido”; “Solo juntos, aunque muy diversos, podremos cambiar el curso de los acontecimientos”.

lunes, 3 de julio de 2017

La paz y la democracia planetaria

     Como complemento a lo que hace unos días comenté sobre un Parlamento Mundial, preocupada por la guerra y el aumento del gasto militar en todas partes, me ha parecido oportuno ofrecer unos párrafos del texto preparado por Boutros Boutros Gnali, ex secretario general de Naciones Unidas, para Ánfora Nova, Revista Literaria Universal, nº 73-74, monográfico dedicado a la Paz, en el que participa un prestigioso elenco de veintisiete autores de diversos países.
     He aquí los párrafos iniciales del citado texto:
     "Quiero creer y sigo creyendo con obstinación, a pesar de los años,  a pesar de las tragedias pasadas, presentes, y de las que sin duda llegarán, que la instauración de la paz entre las naciones, basada en una democracia global, es una de aquellas utopías posibles y factibles.
     Y quisiera, además, que nos parásemos a pensar un momento en la relación entre realidad y utopía. ¿Acaso no era utópico, en los momentos más sombríos de la realidad de la esclavitud, imaginar que algún día esta se aboliría? ¿Acaso no era utópico, en los momentos más sombríos de la realidad de la segunda Guerra Mundial, intercambiar, como lo hicieron Roosevelt y Churchill, una correspondencia constante sobre la organización de la paz, como si la guerra ya hubiera terminado?
     Esto significa que la realidad está recorrida por fuerzas invisibles o más bien por fuerzas que no siempre se perciben en su tiempo y que nos autorizan no solo a conservar la esperanza, sino también a pretender transformar el futuro.
     Dejemos las cosas claras, no se trata de hacer tabla rasa de la realidad del momento para sustituirla por una realidad de lo intemporal y de la perfección, es decir, una realidad privada de la historidad.  Se trata, al contrario,de partir de la realidad existente, con todas sus imperfecciones y todas sus promesas, para que llegue a transformarse teniendo en cuenta un ideal, una ética, una determinada concepción de la justicia y de la responsabilidad.
     Son numerosos los filósofos, escritores y juristas que imaginaron, a lo largo de los siglos y en muchos lugares del mundo, un nuevo orden. Dubois, Dante, Erasmo, Slly, Leibniz. el Abad de Saint-Pierre, Emmanuel Kant, Thomas More, William Penn, Jeremy Benthan...
     Pero también, aunque menos sabido, pensadores del mundo árabe como Al Afarabi quien, en el siglo X, había imaginado a Ciudad virtuosa, y Abdul Rahman Kawajibi, quien concibió al final del siglo XIX la ciudad ideal, Om El Kora.
     Sabemos ahora que aquellas quimeras contribuyeron a instaurar un orden jurídico internacional. que la obra no está acabada  Sabemos que esas construcciones imaginarias fundaron las organizaciones internacionales modernas. Sabemos que esas ideas abstractas son las que mejor se encarnaron en el derecho internacional positivo que intenta gestionar la vida de las Naciones y los Pueblos.
     Esto significa que la obra no está acabada. Y que queda mucho sitio, hoy, para una utopía moderna. Una utopía de la democracia global como fundamento de la paz.
     Abogar por una democracia global, mientras el mundo se enfrenta a guerras sangrientas [...], mientras que el abismo Norte-Sur no deja de acrecentarse, mientras que la globalización provoca mutaciones políticas, económicas, sociales y culturales sin precedente, puede parecer, a primera vista, una preocupación bastante alejada de las realidades del momento.
     Por mi parte, tengo la convicción de que se trata de un reto fundamental para la comunidad internacional de mañana. Y nos corresponde a nosotros, desde ya, preparar el terreno de un orden mundial.
     Está claro que hemos entrado en la era de la sociedad global.
     Bien se trate por ejemplo de la protección de los derechos humanos, del medio ambiente, de la lucha contra el sida, del control del porvenir demográfico, de la lucha contra el hambre en el mundo, de los grandes desafíos tecnológicos y de la genética, es evidente hoy que todas estas cuestiones se planean ahora a escala planetaria, y solo pueden comprenderse parcialmente a escala del Estado-nación. [...]
     Precisamente en esta perspectiva es donde la idea de democracia planetaria adquiere  todo su significado"....
     Espero que haya sido útil.

domingo, 2 de julio de 2017

Inteligencia colectiva

          Hace algo más de tres años, concretamente el 8 y 10 de abril de 2013, hablando de alternativas a la democracia representativa, mencioné el fenómeno de la sabiduría de las multitudes. Ahora voy a retomar ese tema, que se conoce con el nombre de inteligencia colectiva.        

En El País del 31 de enero de 2016 se publicó una entrevista a Mark Klein, investigador del Centro para la Inteligencia Colectiva del Massachusetts Institute of Technology. En este Centro se estudia y analizan los profundos cambios sociales y políticos que la inteligencia colectiva  impone. En el momento de la entrevista, Mark Klein participaba en un encuentro internacional sobre participación digital y democracia deliberativa organizado por el Ayuntamiento de Madrid. 
Según este investigador “la inteligencia colectiva es ideal para problemas complejos en los que tienes muchos expertos, muchos actores implicados y muchas posibles soluciones”.  Klein indica el caso de la gran farmacéutica Eli Lilly que hace tiempo se dio cuenta de que había  problemas científicos que era incapaz de resolver y decidió compartirlos a través de Internet para que la gente de todo  el mundo los resolviera a cambio de una recompensa en metálico. Funcionó tan bien que fundaron Innocentive, una empresa que se dedica solo a eso y en la que ahora participan muchas otras.

En el terreno de lo político, señala cómo la inteligencia colectiva puede jugar un importante papel. “Un ejemplo son los presupuestos participativos, en los que los ciudadanos deciden en qué gastar el dinero de los impuestos”.[...] Otro ejemplo son los Ayuntamientos que tienen mecanismos para que la gente advierta de problemas con las carreteras o las basuras". […]  Hay muchos experimentos que funcionan. Según Klein, "la gente que siente que no le escuchan acabará organizándose por su cuenta gracias a la inteligencia colectiva”. Nunca los ciudadanos han tenido tantos conocimientos como ahora.
        A la pregunta, ¿Qué hace que un grupo sea más inteligente que otro?, contesta: “Hemos observado que los grupos diversos son más inteligentes, porque son capaces de neutralizar los errores. De nuestros experimentos se desprende también que en los grupos en los que hay más mujeres se resuelven más problemas. No es porque sean mujeres, sino porque suelen tener más inteligencia social y eso ayuda a propiciar la creatividad y a diseñar soluciones. En general, cuanta más gente haya, más posibilidades hay de llegar a una decisión correcta”.
El título de la noticia era "Cuanta más gente, menos errores". Cuando le pregunta, ¿qué futuro le depara el pensamiento colectivo canalizado a través de los ordenadores?, contesta: "Creo que no va a haber una sola institución que vaya queda al margen de la inteligencia. El impacto va a ser enorme porque nuestras economías se basan casa vez más en el conocimiento. Muchas empresas serán reemplazadas por la comunicación entre ciudadanos". [...] "El crowdfunding es otro ejemplo". Hay que recordar que en esta alternativa al sector financiero son muchos ciudadanos los que deciden si merece la pena invertir en un determinado negocio o proyecto.